EcoMind Travel: Mi empresa de viajes sostenibles

Por fin ha llegado el momento de presentaros lo que ha ocupado la mayor parte de mi tiempo en este último año y medio: mi empresa de viajes EcoMind Travel. Aunque desde hacía tiempo le daba vueltas a la idea de crear mi propio negocio en torno al mundo de los viajes sostenibles, la idea no empezó a convertirse en realidad hasta que unas amigas, también viajeras como yo, un día me dijeron: ¿Por qué no creamos nuestra empresa de viajes? Yo, que llevaba años esperando una oportunidad como aquella, no dudé ni un momento. Les dije que sí, sin pensar entonces en todas las dificultades y complicaciones que luego vendrían. En ese momento sólo pensaba en lo maravilloso que sería poder vivir de lo que más me gusta: organizar viajes auténticos para personas de todo el mundo. Además, a largo plazo veía que si todo salía bien, podría trabajar online desde cualquier lugar del mundo y ser libre.

Spanish flyer

Nuestra filosofía se basa en el turismo sostenible y responsable, esto es, produciendo el menor impacto ambiental y social posible en los lugares que visitamos, a la vez que hacemos revertir la mayor parte de los beneficios en las poblaciones locales. En nuestros viajes acercamos al viajero en la medida de lo posible a la realidad del país que visita, viajando de forma más integradora, conociendo la cultura local y su entorno, y conviviendo en la medida de lo posible con sus gentes. Entendemos el viaje como una experiencia de aprendizaje y transformación, pues nos acerca a nuestro yo más genuino, y nos proporciona grandes enseñanzas sobre nosotros y sobre el mundo que nos rodea. Hemos plasmado en esta empresa nuestra forma de ver el mundo y de viajar, y queremos compartirla con todos aquellos que quieran unirse a nuestros viajes.

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Viviendo en el alternativo pueblo inglés de Totnes

Llevo mucho tiempo sin poder escribir en el blog por falta de tiempo, pero no podía acabar el año sin escribir unas líneas sobre este maravilloso lugar donde vivo ahora: Totnes. Hace casi cinco meses que volví por tercera vez en mi vida a Inglaterra, después de una larga estancia en Costa Rica y un paréntesis estival en España, y esta vez elegí como lugar de residencia el alternativo pueblo de Totnes. No vine aquí de casualidad, había escuchado muchas cosas buenas de este lugar hacía unos años y lo tenía en mente por si algún día decidía venir. Totnes es el primer lugar donde surgió el movimiento “transition town”, que ahora están implantando muchos otros pueblos y ciudades del mundo, y ese es uno de los motivos que me impulsó a venir. También porque se encuentra en el sur de Inglaterra y cuenta con un clima más suave que el que tuve que soportar en Escocia, y por último porque es un pueblo de tamaño mediano, rodeado de campo y muy alternativo. Después de tantas vueltas que he dado en estos últimos años, tenía ganas de encontrar un lugar donde asentarme y Totnes parecía reunir prácticamente todas las condiciones que buscaba.

Totnes es un pueblo-mercado (market town) junto al río Dart, cerca de su desembocadura, en el sur del condado de Devon. Este condado, situado en el suroeste de Inglaterra, es bien conocido por la belleza de sus paisajes lo que le ha convertido en uno de los lugares más turísticos del país. La población censada actualmente está en torno a 10000 habitantes, aunque puede he encontrado datos en internet de más de 20000 (imagino que contando población no censada). A pesar de ser un pueblo relativamente pequeño, me sorprende la variedad de orígenes de sus habitantes, tanto de distintos sitios de Inglaterra como de otros países del mundo. Ya sólo españoles he conocido como doce y me han hablado de algunos más, pero bueno, hoy día creo que ya estamos llegando a todas partes con este éxodo masivo que la crisis ha provocado. Me ha sorprendido más encontrarme con algunos latinoamericanos, y luego hay también bastantes alemanes, algunos franceses e italianos, entre otros.

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Revisitando Londres y recordando viejos tiempos

Londres es sin duda la ciudad del mundo que más veces he visitado, después de Madrid. He estado en Londres cinco veces, una de ellas viviendo durante seis meses, más otras tantas veces de paso por su aeropuerto para conexiones a vuelos en algunos de mis viajes a países lejanos. Yo además soy de las que no se conforma con conocer cuatro lugares turísticos, sino que me gusta recorrer a fondo una ciudad si tengo el tiempo suficiente para hacerlo. La vez que viví en Londres seis meses, me aventuré a lugares menos turísticos y conocidos, que además me sorprendieron gratamente. Algo que me encanta de Londres es que a pesar de ser una gran ciudad con muchos edificios, mucho tráfico y mucho estrés, también nos deleita con numerosos espacios verdes repartidos por todo su territorio. Y no sólo me refiero a los típicos parques del centro que todo el mundo conoce, sino también a otros de las afueras que son enormes bosques con lagos, y a los que se puede llegar fácilmente en transporte público.

La última vez que estuve en Londres fue hace no mucho, en agosto del 2014, y me quedé una semana en total. Aproveché para reencontrarme con algunos amigos y recorrer algunos de mis lugares favoritos de la ciudad. Aunque ya haya decidido que Londres no es el lugar donde me quedaría a vivir, reconozco que para visitar es una ciudad que me fascina. Tuve suerte porque durante esos días me quedé en casa de una amiga que vive en pleno centro, muy cerca de Oxford Street. Me vino genial para recorrer algunos de mis lugares favoritos del centro, además de ahorrarme dinero en transporte, pues dicho sea de paso, el transporte público en Londres es muy caro, uno de los más caros del mundo. Si no hubiera tenido donde quedarme, habría consultado la web de venere, donde hay amplia oferta de alojamiento con precios para todos los bolsillos. A continuación me gustaría hablaros de algunos de los sitios que revisité durante esta semana que pasé en Londres.

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Un día recorriendo la Isla de Mull (Escocia)

Este post es continuación de uno que dejé aparcado hace ya algo más de un año y que ahora por fin vuelvo a retomar. En aquel post hablaba de mi viaje final en Escocia que compartí con varios amigos (españoles que vinieron a visitarme y dos amigas del máster que hice en Edimburgo). El viaje empezó en Edimburgo, continuó en las cercanas montañas Pentlands, siguió en Loch Lomond y de ahí fuimos a Oban a pasar la noche. Desde allí cogimos un ferry a la famosa Isla de Mull al día siguiente, y en este post os contaré con detalle lo que vimos en el día que pasamos recorriendo esta bellísima isla escocesa.

Qué puedo decir de esta isla, pues que me fascinó, y que un día me supo a poco. Además en un día no da tiempo recorrerla entera, por eso conviene venir al menos para dos días. Lástima que mis amigos estaban con los días de vacaciones tan justos, sino habríamos visto todos los lugares de la isla. Menos mal que íbamos en coche de alquiler, lo que nos dio libertad para parar dónde y cuándo quisiéramos. La isla de Mull, una joya de Escocia, donde preciosas playas, verdes praderas y cascadas se mezclan en paisajes de ensueño. Recorrerla era un constante sorprenderse de tanta belleza natural, no podíamos dejar de exclamar nuestra admiración por todo lo que veíamos. Y ahora os invito a recorrerla virtualmente a través de mi relato y fotos.

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Visitando el Monasterio de Piedra en familia

Después de mi larga estancia en Costa Rica, de la que os he hablado en numerosos posts durante un año, vino un merecido descanso en España antes de regresar a Gran Bretaña. En los meses que estuve en España no viajé demasiado, tan sólo hice algunas escapadas de fin de semana con familiares o amigos. Uno de estas escapadas me llevó hasta un precioso parque natural al que no iba desde pequeña: el Monasterio de Piedra. Fui allí acompañada de mi familia, y como venía mi sobrino de 3 años, buscamos un lugar donde viajar con niños pequeños. El Monasterio de Piedra nos pareció ideal, tanto por su cercanía a Madrid (a poco más de dos horas en coche) como por la espléndida naturaleza que ofrece. Además leímos que uno puede montar en unos antiguos carruajes tirados por burros, y a mi sobrino le encantan estos animales, bueno, y en general todos los equinos.

Una de las cosas que recordaba de mi visita al Monasterio de Piedra cuando era pequeña, son sus numerosas cascadas, y como ya he dicho varias veces en mi blog, yo soy muy fan de las cascadas y allá donde viajo siempre intento visitar alguna. Así que para mí esta era otra de las razones para elegir este lugar en ese fin de semana de viaje en familia. Mis padres y hermana también estuvieron de acuerdo conmigo en que era el viaje ideal para nosotros. Desde luego que mis padres no están para hacer las exigentes rutas de montaña a las que yo estoy acostumbrada, pero los senderos de este parque natural son accesibles para personas de cualquier edad y condición física, así que también para ellos esta era una buena elección.

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