Gran Bretaña 2001

Segunda parte: Viaje y voluntariado en el norte de Inglaterra y Escocia (07-08/2001)

Durante aquel verano aproveché para conocer un lugar del norte de Inglaterra que me interesaba mucho, Lake District, en el que primero participé en un campo de trabajo y después viajé unos días. Luego por fin llegó el esperado momento de ir a Escocia, donde tuve la oportunidad de hacer voluntariado con aves en una reserva, viajar por varios lugares en un divertido autobús para jóvenes y hacer la semana de experiencia en la Comunidad Findhorn, una de las mayores ecoaldeas del mundo.

Lake District National Park (Lancarshire) 7-16/07/2001

Me había apuntado a un campo de trabajo de la organización BTCV en el Parque Nacional de Lake District del 7 al 14 de julio. El día 7 cogí el tren a Carlisle por la mañana y cuando llegué dejé la mochila en una cafetería para ir a ver la ciudad. Fui al castillo, la catedral y un parque, y sobre las 5 de la tarde cogí el tren a Windermere haciendo escala en Oxen. Cuando llegué a Windermere estaba diluviando, vaya recibimiento. Allí estaba el monitor, Greg, un tipo muy simpático de Glasgow. Cuando llegaron todos nos fuimos en una furgoneta hasta el lugar donde nos alojaríamos, cerca del pueblo de Keswick. Después de una abundante cena, tuvimos la presentación oficial del campo de trabajo y de los participantes. Yo no era la única extranjera, había también una china y una pareja de polacos, y los demás eran ingleses de distintos lugares del país.

Al día siguiente fuimos al lugar del trabajo, Launchy Gill, para empezar. Era una especie de barranco con un arroyo y una preciosa cascada, cerca del lago Thirlmere. El trabajo consistía en reconstruir un camino de piedra que estaba deteriorado y estaríamos en la primera sección, junto a la carretera. El trabajo era duro, pero entre todos se hacía llevadero, y teníamos un descanso a media mañana para tomar té con galletas y otro para la comida. Después de la comida trabajábamos un poco más y luego nos íbamos a cenar a nuestro albergue. Allí no había duchas así que nos tenían que llevar un par de días a ducharnos a la piscina. Cada día le tocaba cocinar a uno de nosotros con la ayuda de dos o tres más, y el día que me tocó a mi hice tortilla española, como no. Aquello fue el comienzo de una tradición que he seguido en casi todos mis viajes y ya han sido muchos los extranjeros que han probado mi estupenda tortilla.

Voluntarios del campo de trabajo en Lake District

Descansando a media mañana


En nuestro día libre tomamos un desayuno típico inglés muy tarde y acabamos a eso de las 11:30. El tiempo estaba muy mal, así que suspendimos la ruta que teníamos planeada. Más tarde mejoró así que fuimos a ver una cascada, y cada vez el tiempo era mejor. Después fuimos a una oficina de información del parque nacional y allí vi una foto del Helvellyn, el segundo pico más alto de Inglaterra. Yo quería subirlo, así que les pregunté a los demás si querían venir. Tres de ellos se vinieron conmigo y los demás se fueron a hacer una ruta más fácil. La subida fue dura y yo iba medio ahogada, así que fuimos un poco lentos y no nos dio tiempo llegar a la cumbre. Llegamos a un lago muy bonito y allí comimos algo antes de volver. Hacía un viento horrible, y esta era otra razón para no subir a la cumbre. Después quedamos con los otros para ir a cenar a un pub.

Al terminar el campo de trabajo yo quería quedarme unos días por allí para ver más del parque nacional. Me fui al albergue juvenil de Windermere, dejé mis cosas en mi habitación y cogí un autobús a Bowness. Allí cogí un barco hasta Ambleside donde visité el pueblo y las cascadas. Al día siguiente cogí el shuttle bus en el albergue (es un minibus que pone Hostelling International para comunicar los albergues del parque nacional) para ir a Coniston. El paisaje era precioso y el viaje fue más largo de lo que pensé. Cuando llegué, dejé la mochila en el albergue y me fui al pueblo de donde salía una ruta gratuita del parque nacional. Al llegar al punto de encuentro me encontré con un batallón del Imserso, es broma, pero es que todos eran muy mayores, incluso el guía. La ruta no me gustó mucho porque trataba sobre las minas que había allí antes y yo iba más interesada en el medio natural, pero el paisaje era impresionante. Fuimos a un ritmo bastante lento y parábamos cada dos por tres para las explicaciones del guía. Cuando terminó la ruta quería ir al lago Coniston y pregunté a unos canadienses que me encontré. Uno de ellos había estado viviendo en Inglaterra varios años y conocía la zona, así que me acompañó hasta la carretera que tenía que seguir para llegar al lago. Estuvimos hablando un rato y me dijo que había trabajado en temas ambientales en Canadá. El lago estaba cerca y enseguida llegué, pero había mucha gente y parecía como una playa, así que no me quedé mucho tiempo. Volví al albergue, me di una ducha y bajé al pueblo a cenar, pero cuando llegué hacía frío, apenas había gente y estaba todo cerrado. Volví al albergue y cené algo allí, y cuando me fui a la cama para mi sorpresa era la única en un dormitorio de 12 plazas. Sólo había cuatro personas en todo el albergue, estaba muy apagado.

Al día siguiente cogí el shuttle bus para ir a la estación de tren y me llevé una grata sorpresa porque pasamos antes por los otros albergues para recoger gente, así que tuve un recorrido turístico con preciosos paisajes durante hora y media por el parque nacional como despedida. De camino pude ver Grasmere, uno de los sitios que quise visitar pero que ya no tuve tiempo para hacerlo. A eso de las 11 llegamos a la estación y en media hora llegó el tren a Oxen. Luego de ahí a Carlisle se me hizo horrible porque estaba lleno de gente y no me pude sentar ni dejar mi mochila. En Carlisle dejé la mochila en la misma cafetería del primer día y me fui a comer. Ese día había actividades y eventos relacionados con el medio ambiente, entre ellos una exhibición de aves rapaces.

Cuando llegué a Newcastle, Andrew estaba esperándome en la estación. Me llevó a su casa y allí estaba su mujer, sus dos perros Bobtail y sus dos gatos. Preparé la cena con Andrew mientras su mujer fue a visitar a una amiga. Luego cenamos juntos y tuvimos una animada conversación. La verdad que eran una pareja encantadora y me trataron muy bien mientras estuve en su casa. Al día siguiente fui al banco antes de ir a NWT, y caminando por las calles de Newcastle me fui despidiendo mentalmente de ella. Después tuve un día muy estresante en la oficina de NWT tratando de terminar con todos los documentos que tenía que enviar a la agencia de Londres para que me dieran el certificado de las prácticas. No tuve tiempo para estar con la gente de NWT y despedirme tranquilamente, eso me dio mucha pena, ni siquiera tuve tiempo de comer. A las 5 de la tarde todavía me quedaba bastante para terminar y tuve suerte de que la oficina estaba abierta aquel día hasta las 8 porque había una reunión, de lo contrario no sé que habría hecho. Andrew vino a buscarme para llevarme a la estación de tren pero no estaba lista. El pobre se puso a ayudarme a imprimir documentos y a hacer fotocopias. Algunos vinieron a despedirse de mi antes de la reunión y después seguí con lo mío. La impresora se bloqueó varias veces y yo ya estaba al borde de un ataque de nervios. Mi tren a Edimburgo salía a las 8 y yo ya no sabía si me daría tiempo de cogerlo. Por fin a las 7 terminé, metí todos los documentos en un sobre y lo dejé con una nota para que lo enviaran a Londres. Cuando llegué a la estación, compré mi billete y aún tuve tiempo de relajarme un poco antes de que mi tren saliera. Me despedí de Andrew que me acompañó hasta el mismo tren y me ayudó a subir las maletas. La verdad es que tuvo una paciencia infinita conmigo y le estaba enormemente agradecida por toda su ayuda.

Primeros días en Edimburgo

Poco a poco el estrés y la tristeza de haber dejado Newcastle tan deprisa fueron dando paso a la emoción de acercarse a Escocia, una de mis tierras soñadas y largamente anhelada. Me puse a escuchar la música del grupo de folk rock escocés Wolfstone, uno de mis favoritos, mientras comía algo y miraba por la ventana. Había dejado atrás Inglaterra y mi vida en Newcastle, y ahora me esperaba Escocia con una vida nueva. Las historias y aventuras que vendrían aún eran desconocidas, pero ya palpitaban dentro de mi deseosas de comenzar. Cuando pasé por la ciudad de Berwick-upon-Tweed, cerca de la frontera de Inglaterra con Escocia, sentí una emoción desbordante y la satisfacción de sentir un sueño que se hace realidad. A partir de entonces el paisaje creció en belleza mientras el tren avanzaba a lo largo de la costa que mostraba unos impresionantes acantilados.

Después de hora y media de viaje, me encontraba en la estación de Edimburgo esperando a Ivana, prima de unos primos míos. Ella llevaba tres años viviendo allí y por eso le llamé unas semanas antes para saber si podía quedarme en su casa los primeros días. Al rato llegó junto con una amiga española y entre las tres llevamos mi equipaje hasta la nueva casa de Ivana, donde al parecer se había mudado hace poco. Cuando llegamos allí, conocí a la pareja que compartía piso con ella, un madrileño y una sevillana con pintas hippies que llevaban dos años viviendo juntos. El piso era pequeño y estaba en un edificio viejo y destartalado. Ivana se había instalado en la cocina-salón temporalmente hasta septiembre que era cuando la pareja volvía a España y entonces el único dormitorio de la casa quedaría libre. Mi equipaje se unió a todas las cosas de Ivana que estaban por allí esparcidas y me preguntaba como íbamos a dormir las dos allí aquella noche con semejante desorden y falta de espacio. Pero no me importaba, estaba tan contenta de estar en Edimburgo que aquellos detalles eran lo de menos.


Eran ya las diez, hora española de cenar, así que nos pusimos a ello mientras sonaba la música de Extremoduro. Aquello me resultaba rarísimo, era la primera vez que estaba con tantos españoles desde que llegué a Inglaterra y hasta me resultaba difícil hablar en español. No es que mi inglés fuera buenísimo, pero después de tanto tiempo hablando sólo en inglés, mi español salía torpemente. Ivana me invitó a salir con ella y unos amigos a un night club que era gratuito aquella noche. La verdad es que estaba muy cansada y hubiera preferido irme a dormir, pero teniendo en cuenta que no tendría una habitación para mi y que tendría que esperar a que la pareja se fuera a dormir, decidí finalmente irme con Ivana. Cogimos el autobús para ir al club y allí nos encontramos con unos amigos franceses de Ivana. La noche fue de lo más rocambolesca: llegó el exnovio de Ivana con unos amigos, estuvimos bailando mucho, me caí con un par de cervezas en la mano cuando bajaba la rampa hacia la pista de baile y a partir de entonces sorprendentemente no paré de ligar pues se me acercaron unos cuantos africanos y escoceses, eso sí más de uno estaba bastante borracho. Ivana no paraba de reir entre mi caída y los que se me acercaban, y yo ya me preguntaba si el truco para ligar allí estaba en caerse. Nos echaron del club a las 3 de la mañana cuando cerraban y luego nos quedamos un rato hablando con los amigos de Ivana. Por allí había un grupo grande de españoles armando escándalo, y es que en Edimburgo había muchos españoles, a diferencia de Newcastle. Yo ya estaba con ganas de irme a dormir por el cansancio y el frío que hacía, pero Ivana no tenía mucha prisa. Luego entre que tuvimos que ir a su casa andando y comimos algo al llegar porque teníamos hambre, me acosté a las 5 de la mañana. Había tenido un día largo y agotador, y deseaba con toda mi alma descansar, aunque fuera compartiendo un colchón en el suelo de una cocina rodeada de trastos.

Por la mañana me levanté a las 9, sí ya sé que son pocas horas de sueño, pero tenía mucho que hacer. Me fui a una lavandería a lavar ropa pues en las dos últimas semanas no pude lavar nada. Cuando volví, Sito, el chico madrileño, estaba haciendo la comida y nos invitó a comer. Me contó que era cocinero, y con razón, porque cocinaba muy bien. Después me fui andando al centro con un mapa y por fin pude ver la ciudad de día, qué bonita era. Fui a la residencia de la universidad donde iba a vivir después de mi viaje para pagar la parte que me faltaba. También fui a localizar el albergue donde pasaría aquella noche antes de coger el autobús de MacBackpackers a Inverness. MacBackpackers es una agencia que ofrece tours para jóvenes en Escocia, y entre ellos estaba el famoso jump on-jump off, al que me apunté. Este tour consistía en un itinerario en Escocia con determinadas paradas y en cada una de ellas había libertad de quedarse el tiempo que uno quisiera para después coger otro autobús. Yo iba a interrumpir el tour en Inverness para hacer dos cosas: la semana de experiencia en la famosa comunidad Findhorn y un voluntariado con la organización ornitológica RSPB en el bosque de Abernethy. Después continuaría mi viaje con MacBackpackers hasta terminar el circuito en Edimburgo.

Cuando volví a casa de Ivana, ella estaba arreglándose para salir. Me despedí de ella y me puse a hacer el equipaje que me llevaría al viaje. El resto del equipaje lo dejaría allí y lo recogería a la vuelta. Cogí un autobús que no me dejó muy cerca del albergue, así que tuve que caminar bastante hasta encontrarlo y llegué agotada de tanto caminar cargada con la mochila. Me instalé en la habitación, cené algo y me dispuse a explorar el albergue. Tenía una decoración muy chula, con dibujos de sitios de Escocia en las paredes, y el ambiente era muy animado e internacional. Estuve un rato en el cuarto de estar donde había mucha gente viendo una película, pero no aguanté mucho tiempo porque enseguida me entró el sueño. Así que a dormir, que mañana empezaba mi gran viaje por Escocia, ¡qué emoción!

MacBackpackers tour: el comienzo (19-20/07/2001)

Por la mañana temprano salió nuestro autobús. La guía y conductora era una escocesa muy simpática y habladora, demasiado a mi parecer. No paró de hablar en todo el camino con su micrófono y no tuve ni un minuto de silencio para ponerme mi música y contemplar el paisaje. De vez en cuando ponía música escocesa pero enseguida la interrumpía para seguir hablando, ¡qué pesada! Por otro lado nos contó muchas historias interesantes de Escocia y nos daba información de los sitios por los que pasábamos. También nos tocó hablar a nosotros, y en un momento dado la guía nos dijo que saliéramos uno por uno, cogiéramos el micrófono y nos presentáramos. Había gente de Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Suecia, o sea casi todos de habla inglesa, y yo la única española, para variar. Nos bajamos del autobús a visitar un lugar muy bonito con un bosque y cascadas, pero yo no estaba muy tranquila. Ahora la guía dijo que el último en subir al autobús tendría que hacer algo, ya sea cantar una canción, contar un chiste, o lo que se le ocurriera. Creo que no era la única preocupada por este tema, ya que a la hora acordada para volver, todos corrieron despavoridos al autobús. Al final le tocó al sudafricano que salió del paso como pudo recitando un poema.

Paramos en el precioso pueblo de Pitlochry, donde se bajaron algunos y subieron más viajeros: australianos, americanos, una holandesa y un brasileño, y claro, tuvieron que presentarse con el micrófono también. Visitamos una destilería de whisky y después fuimos a comer en un área recreativa en las afueras del pueblo. La siguiente parada fue en Culloden, el campo de batalla de uno de los enfrentamientos más sangrientos entre ingleses y escoceses. Y por fin llegamos a Inverness, pero antes de ir al albergue nos llevaron al famoso Lago Ness. Fue un poco decepcionante porque sólo estuvimos 20 minutos en donde empieza el lago, y allí no había nada de especial. Estuvimos hablando con un personaje que se había ido a vivir allí con su caravana porque estaba obsesionado con ver al mounstruo del lago. Él estaba convencido de su existencia hasta el punto de haberlo dejado todo por irse allí, y no se marcharía hasta verlo con sus propios ojos.

Después de dejar nuestras cosas en el albergue, nos fuimos a cenar a un pub donde había música en directo. Todos los albergues donde íbamos a estar eran de la cadena MacBackpackers. En el pub un músico interpretaba piezas tradicionales escocesas e irlandesas, incluso tocó una de Carlos Núñez. Cuando iba a hacer el descanso preguntó si había españoles, y resulta que yo no fui la única que levantó la mano. Había una pareja de españoles (un gallego y una madrileña) allí y estuve un rato hablando con ellos. El músico puso un cd de Hevia y nos preguntó si le conocíamos. Claro, por supuesto que sí, todos conocíamos aquella música. La mayoría de la gente de mi grupo decidió ir entonces a un club pero yo me quedé con algunos en el pub hasta que terminó el concierto. Luego fuimos a otro pub hasta que cerraron, a eso de la 1 de la madrugada.

Río Ness en Inverness

Al día siguiente mis amigos se fueron en el autobús para continuar con el tour y yo me quedé allí. Me fui a dare una vuelta por el pueblo. Había tours para ver delfines y para ver el Lago Ness, pero eran caros, así que decidí que de momento no los haría. Antes de volver al albergue para cenar pasé por el castillo donde un gaitero tocaba todas las tardes a las 7. Cuando fui a hacer la cena, conocí a una pareja de franceses que vivían en la Bretaña y me quedé cenando con ellos. Hablaban español porque habían pasado muchos veranos en España.

Semana de experiencia en la Comunidad Findhorn (21-28/07/2001)

Por fin llegó el día en que viajaría a la famosa Comunidad Findhorn, uno de mis sueños estaba a punto de hacerse realidad. Cogí un tren a Forres y allí nos esperaba un autobús que nos llevaría a la famosa comunidad. Al llegar, me enteré de que no nos alojaríamos en la ecoaldea, a la que llamaban “the Park”, sino en una especie de hotel llamado Cluny College. Allí nos esperaban nuestras focalizadoras, una holandesa y una alemana, que nos acompañarían durante toda la semana de experiencia, programa introductorio a la comunidad. La semana de experiencia se podía hacer en distintos idiomas, y si hubiera querido la podía haber hecho en español, pero yo preferí hacerla en inglés por la experiencia de conocer a gente de distintos países y porque había más fechas disponibles. En mi habitación había una chica japonesa y una alemana, y curiosamente a la alemana la había visto en el albergue de Inverness. Esta era la primera de las casualidades o mejor dicho causalidades que me acontecieron en este mágico lugar. La alemana, una chica de 18 años con rastas naranjas, se convirtió en mi mejor amiga durante aquellos días. Había vivido una vida de lo más interesante, viviendo en comunidades alternativas con su madre y viajando mucho. En Escocia había estado moviéndose en auto-stop y acampando en las montañas, y sin apenas dinero se las había ingeniado para ver muchos sitios. Ella tenía la suerte de quedarse 3 meses en Findhorn y después se iba 6 meses a la India.

Grupo de la semana de experiencia en Findhorn

Con mis compañeras de habitación en Cluny


Después de comer, a eso de las 12:30, nos reunimos todo el grupo con nuestras focalizadoras para que nos explicaron en que consistiría la semana y presentarnos cada uno. Al día siguiente nos llevaron al “Park” donde estaba la ecoaldea. Qué maravilla de lugar, qué casitas tan perfectas, que jardines tan bonitos, qué suerte poder vivir allí. Cerca quedaba la playa que también fuimos a visitar. Uno de los habitantes más antiguos de Findhorn nos esperaba para hacer una visita con él. Nos contó muchas cosas interesantes y nos enseñó cada sitio. Cuando terminó la visita entramos en una cabaña de piedra que se usaba para meditar y allí hicimos una meditación para escoger el trabajo que íbamos a hacer por la mañana cada día. Para mi estaba muy claro que quería trabajar en los jardines de la ecoaldea, y así pasar más tiempo allí (también había la posibilidad de trabajar en Cluny, y eso no quería). Mi petición fue aceptada y así empezaría al día siguiente.


Cada día cogía un autobús para llevarme al “Park”, la ecoaldea, y lo primero que hacía era la meditación grupal en el santuario. Después me iba al jardín y todos los que íbamos a trabajar esa mañana nos cogíamos de las manos en círculo para invocar a los seres del jardín o devas. Luego se decían las tareas que había para ese día y teníamos que elegir qué hacer. A las 10:30 teníamos un descanso para tomar té y tostadas o tarta, y dos horas después la comida. Las comidas en Findhorn eran impresionantes, yo no pasé hambre ni un segundo allí. Había mucho para elegir, todo era ecológico y de buena calidad. A menudo comía más de la cuenta porque toda la comida tenía tan buena pinta, que quería probarlo todo, y claro, acababa hinchada casi siempre.

El único día que no fuimos a nuestro trabajo habitual fue el miércoles, que nos convocaron para ayudar a quitar unas plantas muy nocivas introducidas en la playa y a recoger basura. Nos dieron unos trajes plateados que parecían de astronauta y unos guantes para protegernos de las plantas, y hasta vino la prensa local a hacernos unas fotos.

Por la tarde nos reuníamos todo el grupo para hacer algo diferente cada día: juegos para conocernos, danzas, actividades artísticas, visita al río Findhorn, etc. Cenábamos a las 6 y a las 7:30 nos reuníamos para compartir. Después venía alguien de la comunidad a darnos una charla, y mi preferida fue la del encargado de los jardines. Este hombre que hablaba de su gran conexión con la naturaleza y nos la transmitió con tanta emoción, nos propuso un curioso experimento al final, que aulláramos todos juntos. Se había traído a su perro, que había permanecido tranquilito a su lado durante toda la charla, pero en el momento de los aullidos sacó su lado más salvaje y se puso a aullar como un lobo sin parar. Aquello nos recordó que por más que nos separáramos de la naturaleza viviendo de una forma artificial en las ciudades, no podíamos negar nuestro origen en ella.

Junto al río Findhorn

Y cuánto me había conectado con la Madre Tierra en los mágicos bosques de Findhorn. A veces me iba allí a meditar junto a un árbol, y entonces en un momento dado me tumbaba, sintiendo la tierra viva bajo mi y el aire que me daba en la cara que era el mismo que movía las ramas de los árboles a los cuales yo miraba sin pensamiento alguno. En esos momentos me sentía conectar con la parte más pura de mi misma y me sentía parte del todo, pocas veces me había sentido así en mi vida. Otro día nos llevaron a todo el grupo a hacer una caminata junto al río Findhorn y luego hicimos una rueda de energía en el bosque. Es un sitio muy especial para la comunidad.

Un día jugamos al juego de la transformación donde cada uno tenía que coger una serie de tarjetas relacionadas con nuestra situación actual, nuestros objetivos, nuestros impedimentos y los ángeles. En Findhorn les encantaban las tarjetas con mensajes, y a cada ocasión aprovechaban para ofrecerte que escogieras una, algo que cada vez me gustaba más. Así fueron pasando los días hasta que nuestra semana de experiencia se terminó. La última noche nos llevaron a la ecoaldea donde había un concierto de un grupo de música de Rumania y Bulgaria que ya había tocado otras veces allí. Estuvimos bailando en círculo con toda la gente de allí, cientos de personas unidas en aquella celebración, fue la mejor forma de terminar aquella maravillosa semana.

Voluntariado ornitológico en Abernethy Forest (29/7-11/8/2001)

Después de Findhorn, estuve durante dos semanas como voluntaria de la organización ornitológica británica RSPB en la reserva de Abernethy Forest. Nuestro trabajo consistía en observar el nido de una familia de águilas pescadoras todo el tiempo y apuntar todo lo que hacían. En el nido había una cámara de televisión que mostraba las imágenes en el centro de visitantes al que a veces también íbamos a echar una mano. Un día vino un grupo grande de españoles que estaban haciendo un viaje organizado en Escocia y me llamaron para que les explicara cosas y contestara sus preguntas. Todos me dijeron que era una suerte que pudiera estar dos semanas allí y varios meses en Escocia, y la verdad que lo era. A mi no me hubiera gustado ir sólo para unos días de vacaciones.

Nuestro alojamiento eran unas bonitas cabañas de madera y por cada una había dos voluntarios. Yo compartía cabaña y turno de trabajo con una inglesa con la que no me llevaba muy bien, a pesar de que al principio parecía lo contrario. En nuestro primer día libre me llevó al Parque Nacional de Cairngorm Mountains para hacer senderismo pero después ya no fui con ella más. En mi segundo día libre tuve la suerte de que otro voluntario me llevó a Aviemore donde visité la piscifactoria y el parque natural de Craigellachie. Teniendo en cuenta de que ese día estuvo lloviendo a mares casi todo el tiempo, no estuvo mal. Por la noche me tocó trabajar en el observatorio, y es que el trabajo era a turnos que iban rotando. Para ir al observatorio donde trabajábamos había como 4 km, así que los voluntarios disponíamos de bicis para ir allí, lo cual era genial también para hacer excursiones en el tiempo libre.

Frente al centro de visitantes de Loch Garten

Trabajando en el observatorio del RSPB

Loch Garten

 

 

 

 

 

 

El bosque de Abernethy era una joya de la naturaleza de Escocia que me ofreció muchos regalos. A menudo paseaba alrededor del lago que allí había, Loch Garten, y seguí algunos de los senderos para explorar el bosque con sus pinos escoceses. Este era el bosque caledoniano más extenso que quedaba en Escocia, situado en las Highlands del este, y uno de los lugares más rico en fauna. Aparte del águila pescadora, vi muchos otros animales como ardillas rojas, ciervos, nutria, tejones y hasta un urogallo que estaba en mitad del camino que iba al observatorio una mañana que iba a trabajar (aquello por cierto causó la envidia entre todos los trabajadores y voluntarios de la reserva pues no era nada fácil ver uno).

El trabajo en el observatorio era tranquilo y cuando no estaban las águilas pescadoras por allí, había tiempo para leer o conversar. A los pocos días me cambiaron de compañero de trabajo ya que con la inglesa que compartía cabaña no había mucha compatibilidad, y la verdad que lo agradecí porque mi nuevo compañero era otro inglés pero mucho más amable y amigable. Se llamaba Les, un hombre de unos cincuenta años, un poco pasado de peso y de aspecto bonachón. Siempre me escuchaba cuando necesitaba desahogarme sobre la difícil convivencia con Debbie, la inglesa, pero nunca juzgaba ni criticaba. Era el tipo de persona que se lleva bien con todo el mundo, así que para mi fue un gran aprendizaje el tiempo que pasé con él. También mi convivencia con Debbie fue un gran aprendizaje, ya que puso a prueba mi ego.

Aproveché cada uno de mis días libres para hacer excursiones por los alrededores. Un día fui a Glenmore haciendo auto-stop. Visité una finca donde criaban renos e hice varias rutas andando con un mapa que me compré. Aquel día tuve suerte de que el tiempo estuvo espléndido y lucía el sol, pero al volver a Aviemore empezó a llover y tuve que hacer auto-stop de nuevo porque ya había pasado el último autobús para ir a casa. Un hombre joven paró y cuando subí al coche tuve un poco de miedo, pero no tenía otra opción. Era un inglés que ahora vivía en Escocia y me contó que había estudiado español durante 6 meses. Fue muy amable y me dejó en la misma puerta de mi cabaña. Aquel día había hecho auto-stop dos veces, y había salido bien, pero también me daba cuenta de que debía ser prudente y no arriesgarme demasiado. Otro día fui a la reserva de Rothiemurchus donde hice una visita guiada. Allí se conserva uno de los más antiguos bosques de pinos escoceses (algunos árboles con más de 300 años). Después fui al precioso Loch an Eilein (lago de la isla) con su castillo del siglo XIII, y que al parecer es el sitio de picnic preferido por los británicos. Hice el sendero que rodea al lago, entre los pinos, una caminata sencilla que me ofreció paisajes de gran belleza. Al terminar me pilló la lluvia y acabé empapada, pero no me importaba, yo seguía caminado por la pista que iba hacia la carretera donde iba a coger mi autobús. Una familia de ingleses tuvo compasión al verme caminar en aquellas condiciones, me invitaron a subir a su coche y me llevaron a Aviemore. Estaba muy agradecida por toda la gente que me había llevado en su coche; me llevé muy buena impresión de todos aquellos ingleses que pasaban sus vacaciones por aquellas tierras.

En mi última semana aproveché no sólo los días libres, sino también los ratos libres de mis días de trabajo para ver sitios. Un día en que tenía turno de tarde, aproveché la mañana para hacer una visita guiada en la propia reserva de Abernethy, cerca de Loch Garten. El guía era un chico joven que trabajaba en Forest Lodge, cerca de allí, y donde también había voluntariado del RSPB. Me llamó la atención un chico alto y rubio que estaba en la visita, y tuve el presentimiento de que estaba de voluntario en Forest Lodge, pero no me atrevía a preguntarle. Al final él se acercó a mi para preguntarme si estaba allí de vacaciones, y cuando le conté que estaba de voluntaria, él me dijo que también, en  concreto en Forest Lodge. Así que no me equivocaba, mis presentimientos eran ciertos. Este chico se llamaba Andrew, era inglés y vivía en Edimburgo desde hacía unos años donde estaba haciendo un doctorado en geografía. Le dije que en mi último día libre quería ir en bici a Forest Lodge, y me dijo que si iba, me invitaría a un té.

Al día siguiente, cuando terminé mi turno de mañana, fui con Isabel y Harvey, dos voluntarias nuevas que habían llegado aquella semana, a Ins Marshes, otra reserva de RSPB que no quedaba muy lejos de allí, para hacer una visita guiada. Estas chicas inglesas eran estudiantes de biología en York y afortunadamente eran muy majas. Me llevaron en su coche y yo decidí agradecérselo con una cena en mi casa el viernes, mi último día en la reserva. La visita en Insh Marshes estuvo genial y conocimos a algunos de los voluntarios que estaban allí. Se trata de uno de los humedales más importantes de Europa con numerosas especies de limícolas y cisne cantor.

Y por fin llegó el viernes, mi último día, que además coincidía con la fecha en que llevaba ya cinco meses en este país. Había que celebrarlo con una buena excursión en bici. Cogí un mapa que me dejó Les y donde él me explicó la excursión que podía hacer. Primero fui a Forest Lodge y allí estaba Andrew con el guía que tuvimos el otro día en Loch Garten. Me invitaron a un té y entonces llegó otro voluntario que llevaba allí cuatro meses, un estudiante de zoología, que me contó que también había hecho voluntariado en Loch Garten como yo. Era su último día allí e iba a celebrar su fiesta de despedida en Aviemore aquella noche. Me invitó a ir pero me tocaba turno de noche, el último que hacía antes de marcharme, si no hubiero ido encantada. Estuve hablando un buen rato con él y Andrew tuvo que volver al trabajo de nuevo. Fui a buscarle para despedirme de él cuando decidí continuar con mi ruta, y aunque quería decirle que quedáramos en Edimburgo, no me atreví. Sin embargo, tenía el presentimiento de que volveríamos a encontrarnos, y no dentro de mucho tiempo.

Camino a Glenmore en bici

Saqué mi mapa para asegurarme que seguía por el camino correcto a Glenmore. Esta vez, en lugar de ir allí por carretera como hice la primera vez, iba por una pista forestal. Había que estar más alerta para no equivocarse de camino, pero también era más interesante y bonito. A ratos llovía y a ratos salía el sol, y acabé empapada y llena de barro. Pero no me importaba porque los paisajes eran impresionantes, sobre todo cuando a través del bosque empecé a vislumbrar las montañas. Me encontré a algunos ciclistas pero no muchos. Cuando llegué a Glenmore, bajé por la carretera cuesta abajo a toda velocidad hacia el pueblo, y disfruté como una niña de aquel momento de libertad. Estaba satisfecha porque había conseguido hacer la ruta sin perderme, y me había enfrentado al miedo que me daba hacerlo sola. Cuando volvía, me encontré a Andrew por el camino. Tenía la tarde libre y se fue a pasear para ver aves. Ves como yo sabía que le iba a encontrar de nuevo dentro de no mucho.

Cuando llegué a casa me duché y me puse a preparar las tortillas de patata porque a las 8 venían mis invitados para cenar: Les, las dos voluntarias inglesas y dos de las biólogas que trabajaban allí. Las tortillas les gustaron y lo pasamos muy bien. A las 10 me fui con Les al observatorio para hacer mi último turno. Debbie terminaba entonces y se marchaba de la reserva también al día siguiente. Por la mañana, al terminar mi turno, me fui a dar una vuelta por el lago para despedirme de la naturaleza que me había rodeado aquellos días. Luego tuve que darme mucha prisa para recogerlo todo y marcharme con una de las biólogas a Aviemore donde cogería mi tren. Cuando salíamos en coche, vimos a Andrew en la carretera que estaba esperando a alguien que lo recogiera y lo llevara a Ins Marshes donde iba a estar como voluntario una semana. Yo sabía que le volvería a ver en Edimburgo, no sé por qué, pero lo sabía.

Inverness y Lago Ness (11/08/2001)

Llegué muy justa de tiempo a la estación de tren de Aviemore, pero afortunadamente cogí el tren a Inverness. Después de dejar mis cosas en el albergue donde ya estuve antes, decidí hacer la reserva para un tour en el Lago Ness. No podía irme de allí sin ver el famoso lago en condiciones, aunque me tuviera que gastar dinero. Nos llevaron en autobús hasta un sitio donde se podía coger el barco que nos llevaría hasta las ruinas de Urquhart Castle, junto al lago. Se trata de una de las fortificaciones medievales más extensas de Escocia. La primera referencia histórica data de tiempos de San Columba, en la segunda mitad del S.VI. Sin embargo no se registra su existencia hasta comienzos del S.XIII. La zona le había sido concedida a la familia Durward en 1229 y estos fueron, probablemente, quienes construyeron el castillo que se conoce hoy en día. Al parecer es el tercer sitio más visitado de Escocia. Después de pasear un rato por allí, nos llevaron a Loch Ness Centre, donde se explicaban cosas sobre el lago y la posible existencia de su famoso mounstruo.

Urqhart Castle (Lago Ness)

Nessy en el Loch Ness Centre

 

 

MacBackpackers tour: continuación (12-18/08/2001)

El domingo cogí de nuevo el autobús de MacBackpackers para ir a la Isla de Skye. En el autobús conocía varias australianas que estaban trabajando en Londres y que ahora disfrutaban de sus vacaciones por Escocia. También conocí a dos españolas de Pamplona que estaban de au pair en Edimburgo. Nuestro guía era un chico con pelo largo con menos ganas de hablar que la primera guía pero con más ganas de aventura como pudimos comprobar poco después.

Nuestra primera parada fue en Rogie Falls, en el salmonero río Blackwater, que como su nombre indica tenía aguas oscuras. Nuestro guía decidió que no nos iba a hacer la típica visita de turistas facilita para ver las cascadas y ya está; él nos propuso una excursión más intrépida. Empezamos cruzando el río por las piedras, y en ese momento algunos se volvieron a la vista de que aquella iba a ser una excursión difícil. Yo decidí seguir, pero en qué hora, porque el nivel de dificultad iba en aumento y las piedras cada vez eran más resbaladizas, puntiagudas y separadas unas de otras. Un par de veces me tiré como diez minutos pensando si pasaba o no, y la gente esperando, qué vergüenza; es que debo admitir que me da bastante miedo lo de saltar ríos de piedra en piedra, creo que de algún trauma infantil de las clases de gimnasia del colegio. Tanto miedo me daba, que al final me caí, como era de esperar, y mis botas y parte de mis patalones acabaron empapados. Cuando subí al autobús, estaba deseando llegar a la Isla de Skye para cambiarme en el albergue. El paisaje que atravesamos era espectacular, el mar empezaba a asomar entre los árboles, y al fondo, la famosa isla. Por fin llegamos a Kyle of Lochalsh, donde cogeríamos nuestro barco para la isla. Desde donde nos dejaba el barco había que andar bastante hasta el albergue. Yo no esperaba aquello; llevaba cuatro bolsas de comida porque había hecho la compra el día anterior y mi mochila pesaba horrores, y encima con los pies empapados.

El albergue estaba en el pueblo pequero de Kyleakin. En el albergue me cambié de ropa y comí. Yo iba a hacer el Skye Trekker en la isla, una ruta de senderismo de MacBackpackers de dos días de duración. Como tenía tiempo para hacer algo más, fui a la recepción a preguntar por autobuses para ir a Balmacara y Torridon, pero no tenían ni idea. Estaba allí indecisa, mirando mapas y folletos, cuando apareció una chica rubia con dos coletas que estaba en mi autobús. Se llamaba Sarah y era de Canadá, había dejado un buen trabajo para viajar en Europa varios meses, y en septiembre iba a buscar trabajo en Edimburgo. Ella también estaba apuntada al trekker y coincidió que estaba en la misma habitación que yo en el albergue. Se quería apuntar a un tour en autobús por la isla para el día siguiente, y yo, como no sabía muy bien qué hacer, decidí apuntarme también. Cuando preguntamos en la recepción nos dijeron que el tour estaba lleno, pero de repente llegó una chica que trabajaba en el albergue diciendo que acababan de cancelar su plaza dos personas, así que nos apuntamos, qué suerte. Decidimos dar un paseo y visitar las ruinas del castillo que estaba allí cerca. Estuvimos mucho rato hablando de viajes y de nuestra visión de la vida, y luego en la habitación nos encontramos a una chica americana con la que continuar la conversación. También hablamos de libros que habíamos leído como las Nueve Revelaciones o el Alquimista. Era genial encontrar chicas tan viajeras, y que viajaban solas como yo para largo tiempo; en España no había muchas así. Cuando fui a hacerme la cena en la cocina, me encontré a un grupo grande de españoles que estaban viajando por Escocia. Los españoles, como siempre, viajando en grupos, nunca me encontré a uno que viajara solo. Les conté lo del tour de MacBackpackers que estaba haciendo y les encantó la idea, no sabían que existiera algo así.

Con mi amiga Sarah en una parada del tour

Costa de la Isla de Skye


El tour en autobús por la isla estuvo genial. Esta isla está situada en la costa oeste de Escocia y es la más grande y conocida de las Hébridas. Las majestuosas montañas Cuillin dominan el agreste paisaje salpicado de lagos y pueblos pesqueros. Nuestro guía era un tipo muy animado que vestía una camisa de flores y un sombrero, y que siempre estaba con bromas y chistes. Nos ponía música muy marchosa pero también nos contaba cosas interesantes de los sitios y leyendas, eso sí, siempre en tono de humor. Yo no apunté los sitios por los que pasamos pero sé que paramos en un pueblo (quizás Portree) donde hicimos compras, subimos a un sitio a ver las vistas de las montañas y vimos una cascada. Quizás pasamos por Trotternish Ridge, los espectaculares acantilados de Quiraing, la formación rocosa de Old Man of Storr, Kilt Rock con su cascada y el castillo de Dunvengan. También recuerdo que paramos en un sitio donde había círculos de hadas hechos con piedras y que según el guía era un sitio muy mágico.

El Skye Trekker también estuvo muy bien. No tengo apuntado el sitio concreto donde empezamos y donde terminamos. Los paisajes fueron impresionantes y el trekking más duro de los que pensaba. En el grupo éramos todas chicas, incluso la guía, y además de mi amiga Sarah, había también australianas, neozelandesas, una sudafricana y una italiana. El primer día anduvimos casi todo el tiempo por un camino en un acantilado junto al mar, casi siempre embarrado y lleno de agua. El tramo final de ese camino era escalando pero sin cuerda, porque ya no había camino. No era obligatorio pasar pero nos prometieron un paisaje increíble al llegar allí, así que me arriesgué. No había nada para agarrarse con las manos, tan sólo las podíamos apoyar en la pared lisa, y los pies sólo apoyaban su punta en una grieta de la roca. Hay que decir que yo, con mi miedo a las alturas, hice una auténtica proeza, y no ha sido la única de este tipo que he hecho en mi vida. A la vuelta la sensación de inseguridad fue peor porque había que ir bajando, y a mi hasta me temblaban las piernas de miedo. No era para menos, si me caía iba directa a un mar oscuro que estaba unos cuantos metros más abajo. Por un momento pensé que me bloqueaba y no podía seguir, pero gracias a nuestra guía lo conseguí. Pasamos la noche en un refugio de montaña que no tenía ni baño, y yo que estaba en el peor momento del mes, pero me dio igual, yo ya sólo quería descansar. Mis compañeras se quedaron hasta tarde de juerga con unos chicos escoceses que también estaban allí, pero yo me fui a dormir porque no podía ni con mi alma.

Descansando durante la ruta el primer día

Junto a un lago en la ruta del segundo día


El trekking del día siguiente fue más suave, pasamos por un lago y terminamos en un restaurante de carretera enorme. Allí nos fue a buscar el autobús para llevarnos de vuelta a nuestro albergue. Al día siguiente cogí de nuevo el autobús de MacBackpackers para continuar mi viaje. Mi amiga Sarah había decidido quedarse varias semanas trabajando en el albergue de Skye, pues le habían ofrecido esa posibilidad. El autobús nos llevó por el viaducto Glenfinnan y atravesamos el magnífico paisaje de Glen Coe, antes de llegar a Oban, donde pasaríamos la noche. Al llegar allí fui a visitar el pueblo con la sudafricana y la italiana que estuvieron conmigo en el trekker. Después de Oban fui a Glasgow donde pasé una sola noche. No pagué nada porque estuve limpiando los baños al día siguiente (en los albergues MacBackpackers ofrecían la posibilidad de trabajar a cambio de alojamiento) y aún así me dio tiempo caminar por la ciudad y visitar el jardín botánico. Glasgow no estaba mal pero no tenía comparación con la preciosidad de Edimburgo. Por fin llegó el último día del viaje y el regreso a Edimburgo. Cuando llegamos, había mucho tráfico por el festival y llovía mucho. Me costó encontrar la residencia de la universidad donde iba a alojarme y llegué empapada. Así terminaba mi gran epopeya del verano, aunque aún iba a hacer otro pequeño viaje con MacBackpackers cuando llegara mi hermana para visitarme dentro de unos días.

En este mapa se puede ver el recorrido que hice desde que salí de Newcastle hasta el final de este viaje. En rojo aparece el viaje en tren desde Newcastle y la ruta que hice con el autobús de MacBackpackers y en verde oscuro los viajes que hice desde Inverness para ir a Findhorn y al voluntariado de la reserva de Abernethy (cerca de Aviemore). En el mapa no aparece cada sitio que visité, sólo las ciudades o pueblos más grandes por los que pasé durante el recorrido. Es sólo para dar una idea de la parte de Escocia donde estuve.

 

 

Para leer la tercera parte haz click en página 3.

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