Irlanda 2003

Tercera parte: El final de mi estancia en Cork (01/10- 30/12/2003)

Nada más volver de mi viaje en Irlanda del Norte, tenía que mudarme a una nueva casa. La habitación en la que estaba era de una chica que estaba pasando el verano fuera y que volvía el 1 de octubre, así que yo ya sabía que tenía que buscar una nueva casa antes de que llegara el momento. Había encontrado una en la que vivían una italiana, Fabiola, y un finlandés, Jukka. La casa estaba más cerca de la zona donde estaba la primera en la que viví, en la calle John Redmond, cerca de Shandon. Menos mal que Niall, un amigo irlandés, se trajo su coche y me ayudó con la mudanza; ahora tenía más cosas que cuando llegué. Después de la mudanza tenía que trabajar en el AnBrog, así que no tuve mucho tiempo para organizar mis cosas.

Con Fabiola todo era mucho mejor que con las irlandesas de la otra casa. Ella era limpia y ordenada, quizás a veces demasiado, pero prefería esto antes que lo contrario. Estaba mucho más en casa que las otras chicas, así que era una compañía y nos hicimos amigas. Ella había vivido antes en Dublín y le gustaba mucho más que Cork. Se vino por un trabajo que le salió aquí pero ella sólo anhelaba volver a Dublín en cuanto tuviera una oportunidad. Era una gran fan de U2, por eso decidió venir a Irlanda. A veces salíamos por ahí, e incluso un día fuimos a Youghal (pueblo costero cerca de la ciudad de Cork) para caminar por su famosa playa (a pesar de que no tuvimos muy buen tiempo aquel día). Jukka apenas paraba en casa así que le vi muy pocas veces. Al parecer era muy juerguista y poco casero, pero por lo que decía Fabiola, era buen chico.

Los días que siguieron fueron agotadores. Se me hacía cada vez más cuesta arriba trabajar en el AnBrog porque el “fundraising” requería mucho esfuerzo. Por fin hice la famosa rifa de la que había vendido 300 tickets a 3€ cada uno. Llamé a los ganadores para darles sus premios correspondientes, lo cual les alegró mucho. Ahora mi proyecto más importante era organizar un “table quiz” que es un concurso en un pub, con preguntas estilo Trivial, que son muy populares en Gran Bretaña e Irlanda. Con esto podía sacar un buen dinero. Una chica que trabajaba en el Qube se ofreció a ayudarme a organizar el “table quiz”. Yo sólo me encargué de encontrar un pub para hacerlo y conseguir los premios, lo cual no me costó tanto como temía. Conseguí un vale para una cena en un restaurante vegetariano, unas entradas de cine y una botella de vino.

Finalmente dejé el trabajo del AnBrog porque estaba muy cansada y decidí centrar todo mi tiempo libre en mi “fundraising”. El día del “table quiz” llegó y hubo cinco equipos participando. Uno de los equipos eran vecinos míos y ellos se llevaron el primer premio que era la cena en el restaurante. La chica del Qube y sus amigos estuvieron ayudando un montón. Ella fue la presentadora y animadora del concurso, yo sólo tuve que recaudar el dinero y repartir los premios. En total recaudé 260€.

Pocos días después llegó un amigo de Fabiola, un irlandés de Dublín jovencito que estaba haciendo un curso de periodismo (el equivalente a un módulo de FP por lo que entendí). Fabiola me contó que había vivido en la calle pero había conseguido ayuda del Estado y ahora estaba muy recuperado. Había venido a Cork por el famoso festival de jazz que tenía lugar a finales de octubre. Quería hacer entrevistas a los músicos que actuaban y por ello se trajo su micrófono y grabadora. Con él fuimos al Opera House a ver el concierto de Sharon Shannon (no todos los conciertos eran de jazz) y gracias a que dijo que venía de la radio (cosa que no era cierta), nos dejaron entrar gratis. Yo tenía un disco de ella que me había regalado el DJ del AnBrog y cuando este chico le hizo la entrevista al terminar el concierto, consiguió que me lo firmara con una dedicatoria. Sharon Shannon es una estupenda acordeonista que interpreta música tradicional irlandesa y además me parece una mujer sencilla y con mucho sentido del humor.

Otro día fui con él a un concierto de jazz (esta vez sí era jazz puro y duro) al hotel Metropol (en el que trabajaba antes) y de nuevo nos dejaron entrar gratis  porque dijo que venía de la radio. También consiguió hacer algunas entrevistas a los músicos. La verdad que este chico se estaba tomando muy en serio lo del periodismo, y parecía que se le daba bien porque tenía una labia impresionante.

El 1 de noviembre se celebraba Halloween y Jukka nos invitó a Fabiola y a mí a una fiesta que hacía con sus amigos finlandeses. Yo me había teñido el pelo de fucsia pocos días antes, así que aunque no me disfracé sí llamé mucho la atención. Jukka se disfrazó de prostituta, y sólo se puso ropa interior muy sexy y unos tacones. Después de la fiesta, salimos a la calle y todo el mundo le miraba y le decían cosas. Desde luego que finlandés tenía que ser para poder soportar el frío vestido así.

Al día siguiente mis dos compañeros de piso se iban de vacaciones. Jukka se iba a México para conocer a su hijo porque al parecer su novia (o exnovia, eso no lo tenía claro) había tenido un hijo suyo; Jukka había vivido un año en México poco antes de venir a Irlanda. Fabiola por su parte, se iba a Italia para pasar un par de semanas con su familia.

Yo aproveché aquel tiempo para quedar con Martin que ya había vuelto del Camino de Santiago y fuimos a visitar sitios que no conocía. Un día me llevó hasta el parque de Western Road y allí caminamos siguiendo el río Lee hasta llegar a un bosque muy bonito.

Otro día fuimos a Founstaintown, un pueblo costero a 23 km al sur de la ciudad de Cork, con impresionantes vistas de la Bahía de Ringabella y Roche’s Point. Era un día frío y el viento soplaba con fuerza, y al llegar nos encontramos un mar salvaje con enormes olas. Había algo en el ambiente que nunca olvidaré, misterioso y poderoso; sólo sé que nos quedamos durante un largo tiempo mirando al mar sin hablar, tratando de captar la magnífica energía de aquel lugar. De allí caminamos al pueblo de Crosshaven, parando a mitad de camino cuando se puso a llover, lo que aprovechamos para comer en un pub en medio de ninguna parte. Después seguimos caminando hasta el pueblo y enseguida empezó a oscurecer. El silbido del viento era lo único que rompía el absoluto silencio del lugar, lleno de magia y misterio. Aquel día se me quedó muy grabado en la memoria, a pesar de que no fuimos a un sitio muy conocido de Irlanda, sentí tanto la energía del lugar, esa que me vincula tanto a este país.

A Martin empecé a enseñarle español y yo le pedí que me enseñara algo de gaélico que es un idioma que me encanta a pesar de su dificultad. Era mi ilusión aprenderlo algún día.

La segunda semana de noviembre terminó mi contrato en Penneys, así que me quedé sin trabajo. Era una faena porque yo quería quedarme en Irlanda hasta primeros de enero y mi idea era trabajar hasta que me marchara. Por suerte, no tardé mucho en conseguir un nuevo trabajo. Martin me enchufó para trabajar en las tiendas de Eurocity, donde él trabajaba en los almacenes casi todas las Navidades, y empecé el trabajo a primeros de diciembre.

En las dos semanas que estuve sin trabajar, aproveché para dedicarme a tope al “fundraising”, ya cada vez me acercaba más a mi objetivo de los 3000€. Organicé un concierto con un grupo que conocí llamado “The New Messhias”. El cantante era amigo de un amigo irlandés y resultaba que había estudiado ciencias ambientales, así que no fue difícil convencerle para apoyar mi causa. Encontré un pub para hacer el concierto y el dueño me pagó 150€ por la actuación (ese es el dinero que se habría llevado el grupo pero ellos fueron tan generosos de donármelo a mí!). Además organicé una minirifa allí mismo y conseguí algo más de dinero.

Otro día me entrevistaron en un programa de la radio de la Universidad de Cork y ahí aproveché para anunciar mis eventos. También organicé dos fiestas de disfraces, una de ellas con la colaboración del DJ del AnBrog y otra con la colaboración de una profesora de danzas del mundo que conocía. Hice una nueva fiesta en casa con las bebidas que me dieron cuando trabajaba en el AnBrog (ya había hecho un par de fiestas anteriormente). Finalmente también me animé a diseñar y dibujar tres crismas navideños, los llevé a una imprenta para hacer varias copias de cada uno, y los vendí todos entre mis amigos, conocidos y varias tiendas. Mi amiga Colleen de Andean Spirit organizó un concierto de música andina en Middleton donde llevó cosas de su tienda para vender y a mí me invitó a organizar una rifa con ella para conseguir más dinero. Fui a Middleton unos días antes para conseguir varios premios para la rifa, y entre ellos conseguí una tarta, una botella de vino y unas entradas de cine. Era un pueblo muy animado, a 22 km al este de Cork, que tenía un mercado de productos de granja cada sábado.

Hice algunas excursiones más:
– Fui con Martin al bosque de Farran desde la casa de su hermano que vivía en el campo, cerca de un pequeño pueblo. Se trata de una reserva natural protegida de 44 hectáreas con un pequeño lago. Caminamos por algunos de los muchos senderos que allí había. Vimos ciervos y ardillas, además de algunas aves acuáticas.
– Mi hermana vino con su novio Alessandro de visita y fuimos con ellos en el fin de semana a Galway con un coche que alquilamos. Esta vez visitamos los acantilados de Moher, que ya había visitado en mi primera estancia en Irlanda en 1998, cuando fui a hacer el curso de inglés a Dublín (de esta estancia no hay entrada en mi blog, lo siento). Son unos acantilados impresionantes y nuevamente tengo que pedir disculpas por no disponer de fotos ya que están en diapositivas y no las puedo escanear.

A primeros de diciembre empecé mi trabajo en Eurocity que con la inminente llegada de las Navidades fue un no parar, subiendo y bajando los productos del almacén para reponer las estanterías de las tiendas. A veces me ponían en caja, pero casi siempre estaba reponiendo. Las tiendas se empezaron a llenar de los típicos productos navideños y cada vez venía más gente a comprar. Me habían contratado porque ahora era la temporada fuerte y necesitaban gente extra. Lo bueno era que me iban rotando entre las tres tiendas y así no me aburría.

Por entonces buscaba un nuevo inquilino para la habitación que iba a dejar en breve. Encontré uno pero necesitaba la habitación desde el 17 de diciembre, así que entonces me mudé a la casa de Martin con su familia. A  mi aquello me traía recuerdos de la vez que estuve en Dublín con una familia, aunque ahora era de otra manera. Me acogieron muy bien y estuve muy agusto en su casa. Pasé las Navidades con ellos y todo; eran las segundas Navidades que pasaba fuera de España y sin mi familia (las primeras fueron en Edimburgo), pero estuve muy bien acompañada.

Un día fuimos al parque de Ballincollig (pueblo de las afueras de Cork, a unos 9 km) para dar una vuelta. Desde allí fuimos al lago Inniscarra, en el precioso valle del río Lee. En realidad se trata de un lago artificial o presa, ya que se creó con la construcción de dos centrales hidroeléctricas en 1956 para producir electricidad para Cork y los pueblos de alrededor. Se introdujo el besugo en sus aguas y ahora hay numerosos puntos de pesca. Por el camino vimos una entrada que iba a la presa y junto a la presa había un río. Estuvimos comiendo al lado del río y de repente oímos unos ruidos extraños. Entonces vimos que venían de unas nutrias que estaban allí nadando. Me acordé de Kevin, el de mis prácticas en Newcastle, y pensé que tenía que contarle que había visto nutrias. Seguimos caminando hasta el lago y allí seguimos un camino hasta llegar a un parking. Allí hicimos auto-stop y nos dejaron en Ballincollig donde cogimos un autobús a Cork.

El día 30 de diciembre fuimos a Dingle donde íbamos a pasar la Nochevieja. Yo había oído cosas muy buenas de este sitio y tenía muchas ganas de conocerlo. Además de Dingle, iríamos a algunos sitios más, y en total pasaríamos una semana de viaje antes de marcharnos de Irlanda.

Dingle
Se trata de un pueblo del condado de Kerry, en la costa del Atlántico y situado en la península que lleva su mismo nombre. Una de sus principales actividades económicas es la pesca. Sus coloridas casas y su indescriptible magia le han convertido en uno de mis pueblos favoritos de Irlanda. Desde el primer momento que entré en este pueblo sentí una fuerte conexión, y también una especie de nostalgia, como si hubiera estado allí en otros tiempos. Sé que a algunos os resultará extraño esto que cuento, pero de verdad que así es como lo siento.

Nos alojamos en un B&B de ensueño frente a la bahía y cerca del pueblo. El primer día hicimos auto-stop para ir a Slea Head (promontorio rocoso de la parte más occidental de la península de Dingle con magníficas vistas de las islas Blasket) pero el tiempo era tan malo que apenas vimos nada allí. En Nochevieja, hubo fuegos artificiales, una banda de música y baile en la calle, y luego fuimos a bailar más a un pub. Fue una de las mejores nocheviejas de mi vida, lo pasé muy bien.

Al día siguiente, el primero del 2004, queríamos ir a Connor Pass, el paso (desfiladero) de montaña más alto de Irlanda, y esperábamos encontrar algún coche por el camino que nos llevara hasta allí. Pero no había muchos coches que fueran allí aquel día y ninguno paraba, así que seguimos la carretera llena de curvas desde donde se nos presentaban increíbles vistas. Encontramos un atajo que nos mostró paisajes maravillosos y también la aventura de saltar las vallas de las ovejas y caminar sobre las inestables turberas. Caminando por aquellos campos de nuevo sentí una fuerte conexión, algo mágico que no puedo explicar. La vista, una vez llegamos arriba, nos deleitó con su belleza y conseguimos que nos llevaran de vuelta al pueblo en coche. Menos mal que esta vez tuvimos suerte con el tiempo y no nos perdimos las vistas. Llegando al pueblo sonaban las campanas de una iglesia en la distancia y el atardecer tiñó el cielo de rojo; más romántico no podía ser. Una pena no poder poner fotos aquí; los paisajes los tengo en diapositivas.

Galway
Allí nos fuimos al día siguiente, un día lluvioso y con niebla. Unos jovencísimos amigos de Martin nos acogieron en su casa que estaba en las afueras de la ciudad. Salimos con ellos de pubs y al final acabamos acostándonos muy tarde. Aparte de eso, no hicimos más en Galway. En realidad sólo íbamos a pasar allí una noche para coger el autobús que nos llevaría a Connmera, nuestro próximo destino.

Connemara
Nos habíamos apuntado a un tour organizado que salía de Galway. Atravesamos el precioso paisaje de Connemara con sus cabañas típicas de tejados de paja y sus campos con ovejitas. Pasamos también por algunos lagos y pueblecitos, pero no tengo escrito los lugares del itinerario.


Tan sólo sé que estuvimos en Kylemore Abbey (lo más destacado de la visita), un monasterio benedictino (allí vivían monjas de esta orden que huyeron de Bélgica en la Primera Guerra Mundial) fundado en 1920 en lo que antes fue el castillo de Kylemore (construído en 1885). La orden compró este castillo a la nobleza. La verdad que el sitio es una maravilla, con el castillo y el lago, no puede ser más romántico.

Pasamos la noche Clifden, un pueblo pequeño y agradable, rodeado de montañas. Al día siguiente alquilamos unas bicis para hacer la famosa ruta “Sky Road Loop”, que en su recorrido ofrece vistas de la bahía de Clifden al sur y de la bahía de Streamstown al norte. La ruta se eleva a 150 m sobre el nivel del mar, ofreciendo vistas espectaculares del Atlántico, las islas Inishturk y Turbot y Clifden. Desafortunadamente tuvimos un tiempo malísimo y no paró de llover en todo el rato, así que pocas vistas tuvimos. Aún así quisimos hacer la ruta ya que no teníamos más días para hacerla.

Nos reenganchamos al tour que empezamos ayer (el tour sólo pasaba por Clifden pero nosotros nos bajamos para pasar allí la noche) para regresar a Galway. Visitamos algunos sitios más que como no tuve la precaución de apuntarlos, no puedo nombrarlos aquí. A las 6 de la tarde de ese mismo día cogimos el autobús en Galway para Dublín.

En Dublín tuvimos un día tranquilo caminando por el centro y visitando el jardín botánico (lo había visitado la primera vez que estuve en Irlanda y me encantó). Queríamos haber ido a Newgrange, pero al final se nos echó el tiempo encima. Ya me quedé con las ganas de ir la otra vez, y mira que es uno de los sitios de Irlanda que más ganas tenía de visitar, pero ya será para otro viaje.

Y llegó el último día en Irlanda, qué pena marcharse, pero en este año que acababa de comenzar, el 2004, me esperaban nuevas tierras, el Nuevo Mundo, uno de mis grandes sueños. Cogimos un vuelo a Luton y pasamos la noche en este aeropuerto. Al día siguiente Martin cogía un vuelo a Atenas y yo uno a Madrid. La idea era visitarnos dentro de dos o tres meses, pero aún todo estaba en el aire.

Esta vez pude vivir en Irlanda las experiencias que no tuve en mi primera visita y tuve la suerte de visitar maravillosos lugares llenos de magia y belleza. Qué puedo decir de este país, mi favorito de Europa junto con Escocia, que una parte de mi corazón siempre estará allí. No encontré la manera de establecerme allí, o quizás mi espíritu viajero ansiaba conocer nuevas tierras… El caso es que me marchaba, pero sentía dentro de mi que volvería. Sabía que se convertiría en uno de esos países que visitaría varias veces en mi vida, o quién sabe si algún día volvía para quedarme, nunca se sabe.

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