Este fue un viaje que organicé con un guía turístico de allí que yo conocía a través de la agencia de voluntariado con la que trabajaba. Le propuse llevar un grupo para hacer senderismo en el Atlas y visitar pueblos bereberes. Él se encargó de contratar a los guías de montaña, los muleros y el cocinero; yo me encargué de conseguir a la gente del grupo, y así montamos esta expedición montañera. Conseguí llevar a quince personas, la mayor parte de ellos amigos y conocidos, a estas tierras bereberes conquistadas por los árabes cientos de años atrás. Marruecos, país que no deja de sorprender por su gran variedad de paisajes, ya sea desierto, palmerales, montañas nevadas o bosques de cedros, ciudades imperiales o pequeños pueblos de adobe. Esta era mi segunda visita a este país, e iba a ser totalmente diferente a la primera. Desde que fui a aquel tour turístico diez años antes para ver el desierto y las ciudades imperiales, me prometí que volvería pero para concentrarme sólo en la región del Atlas. En Marrakech estuvimos al principio y al final del viaje, ciudad variopinta y exótica donde es imposible aburrirse. El resto del viaje transcurrió entre imponentes montañas y valles, y pueblos bereberes donde parecía no haber pasado el tiempo, con gentes hospitalarias y nobles.
Voy a describir este viaje siguiendo el itinerario por días sin extenderme demasiado pero sí con abundantes fotos. En este viaje voy a utilizar más imágenes que texto (aprovechando que hice tantas fotos) a diferencia de los primeros viajes que escribí.
30 de mayo: Llegada a Marrakech
Salimos del aeropuerto de Barajas a eso de las 10 de la mañana en un vuelo de Easyjet con destino a Marrakech. Desde luego que es mucho mejor que ir en autobús y ferry como hice en mi primer viaje a Marruecos; claro, que por aquel entonces no había compañías de bajo coste y los vuelos eran tan caros que compensaba viajar por tierra.
En el aeropuerto nos fuimos juntando aquellos que salíamos aquel día, pero había un grupito que salió el día anterior y ya estaban allí. El vuelo se nos hizo corto y enseguida llegamos al aeropuerto de Marrakech. Allí nos esperaba Mohamed, el guía turístico con el que organicé el viaje, el cual hablaba español perfectamente pues había vivido una temporada en España para estudiar en la universidad. Nos consiguió unos taxis y nos llevó hasta la zona donde estaba el hotel, cerca de la famosa Plaza de Jamaa el Fna.
Mientras íbamos en el taxi, no dejaba de sorprenderme cómo en tan poco tiempo nos habíamos plantado en un país tan diferente a España. El choque cultural ya se percibía desde el primer momento y todo llamaba nuestra atención. Recuerdo como me impactó mi primer viaje a Marruecos, la primera vez que salía de Europa. El taxi no nos podía dejar en la puerta del hotel porque estaba en una zona de calles peatonales así que nos tocó andar como diez minutos con nuestro equipaje a cuestas. En aquella encrucijada de calles donde era fácil perderse había muchos hoteles, algunos casi pasaban desapercibidos de no ser por el cartel que habían colocado en la parte de arriba del edificio.
Por fin llegamos a nuestro alojamiento que se llamaba Riad Saad, un hotel de calidad media con todas las habitaciones dobles y una bonita decoración tradicional árabe.
Nos repartieron las habitaciones que a mi me parecieron todo lujo y que contrastaban con nuestro equipaje mochilero-montañero.
En la última planta había una terraza con vistas estupendas de la ciudad y donde nos servían los desayunos.
Por fin salimos a explorar la ciudad y a dejarnos sorprender por su exotismo. Marrakech tiene millón y medio de habitantes y es una de las ciudades imperiales de Marruecos. Fue fundada en 1062 y llegó a ser capital del Imperio Islámico. Lo primero que nos encontramos fue la animada Plaza de Jamaa el Fna, de donde parten numerosas calles que se adentran en la Medina, parte vieja de la ciudad, y donde está el famoso mercado o zoco, dividido en distintos sectores de actividad.
Hay tantas cosas que llaman la atención en esta vibrante y colorida plaza: vendedores, músicos, contadores de cuentos, encantadores de serpientes, danzantes, acróbatas, aguadores, burros cargados hasta arriba,…
Después nos adentramos en la Medina y nos dejamos llevar sin rumbo fijo. Es alucinante la cantidad de puestos que puedes ver, desde ropa, cestos, babuchas de todos los colores, preciosas alfombras, especias en perfectos montoncitos, cosméticos, dátiles y otros frutos pasos, etc.
Llegamos a esta plaza donde muchas mujeres vendían gorros de colores y artesanías varias.
Hacer estas dos fotos me llevó un gran susto. De repente me vi rodeada de un grupo de mujeres totalmente tapadas (excepto los ojos) que me rodearon mientras me gritaban enfadadas. Ya pensaba que me iban a pegar pero ellas tenían otras intenciones más lucrativas. Me pidieron dinero a cambio de las fotos y no tuve más remedio que dárselo. Aprendí que hacerles fotos a las mujeres musulmanas puede costarte caro, y quizás en mi ansia por fotografiarlo todo, no reparé en la falta de respeto que para ellas podía significar.
El siguiente monumento es emblemático en la ciudad. Se trata de la mezquita Kutubia, cuyo alminar de 69 m de altura es el edificio más alto de la ciudad. Sigue el modelo de la Giralda de Sevilla, algo de lo que te das cuenta enseguida si la has visto antes.
Al anochecer me adentré de nuevo en la Medina con mi amiga Marisa y encontramos esta interesante botica en la que el dependiente hablaba español. Nos contó que había salido en el programa de Callejeros Viajeros y fue de lo más simpático con nosotras. Nos dio a probar distintos remedios y nos hizo descuento en algunas cosas que le compramos.
Más tarde nos fuimos a cenar con el grupo. Aunque ya habíamos comido algo de comida marroquí en la comida, la cena fue mucho más espectacular. Aquí pongo algunas fotos para que os hagáis una idea.
Luego fuimos a dar una vuelta por la plaza que estaba aún más animada que de día. Aquello era una fiesta increíble, los músicos y los charlatanes atraían a las masas que los rodeaban con curiosidad. Algo que me llamó mucho la atención fue una mujer que estaba dando una charla a un numeroso grupo de hombres. Me sorprendió que una mujer musulmana mantuviera la atención de tantos hombres y que ellos la escucharan con tanto respeto. Cuando le pregunté al guía sobre aquello me dijo que aquella era una curandera que vendía hierbas para curar distintas dolencias.
El cansancio terminó por vencernos y decidimos volver al hotel para dormir. Al día siguiente nos esperaba un día de lo más completito, el último antes de emprender nuestra expedición al Atlas.
31 de mayo: Palacio de la Bahía y Cascadas de Setti Fatma
Nos vinieron a buscar muy temprano al hotel para llevarnos a esta excursión de día completo. Primero visitamos el Palacio de la Bahía, situado en el lado norte de Mellah, el antiguo barrio judío. Tiene una extensión de 8 ha de superficie y cuenta con más de 150 habitaciones. Fue mandada construir a fines del siglo XIX por un visir de la corte real.
Los interiores están ricamente decorados en estilo tradicional, con mosaicos y detalles de madera de cedro tallada. Los patios son muy bonitos, con jardines, piscinas y fuentes. Una parte del edificio estaba reservada a las habitaciones de las 24 concubinas del visir, que también tenía cuatro esposas.
Después de esta visita, nos subimos al autobús para continuar con la excursión. Tardamos como una hora en llegar hasta este sitio situado al final del angosto valle de Ourika y a 60 km al sudeste de Marrakech. La excursión que íbamos a realizar recorriendo las siete cascadas sería el calentamiento previo a nuestra inminente expedición en el Atlas.
Por fin llegamos al precioso pueblo de Setti Fatma, dividido en dos por un imponente río, el cual atravesamos por un puente de madera.
El camino que lleva a las siete cascadas al principio no es muy difícil, pero poco a poco se va complicando.
Llegar hasta la primera cascada es asequible para casi todo el mundo, pero seguir hasta las demás ya requiere cierto valor. Nosotros vimos la primera pero no bajamos a ella. Era como una gran poza donde mucha gente se bañaba. Hice una foto antes de continuar, que es la que podéis ver a la derecha.No estoy segura si fuimos hasta la segunda o tercera cascada, ya que sólo vi dos, pero pudiera ser que alguna estuviera escondida y no la viéramos. Dicen que llegar hasta la séptima cascada requiere trepar en algunos tramos y puede ser peligroso, así que supongo que no se plantearon llevarnos allí siendo un grupo tan numeroso donde no todos tenían el mismo nivel de trekking.
Por fin llegamos al final de la ruta y en esta cascada algunos tuvieron el valor de bañarse en sus frías aguas.
Después del descanso y el baño, comenzamos el descenso al pueblo, del que pudimos ver estupendas vistas.
Y para terminar una foto del precioso pueblo de Setti Fatma.
1 de junio: Viaje en minibus Marrakech-Asni-Imlil
Después de organizar el equipaje (dejamos algunas cosas que no necesitaríamos durante el trekking en el hotel), caminamos con nuestras mochilas hasta donde nos esperaba el minibus. Allí estaba Mohamed con el conductor, y ellos se encargaron de hacer un tetris con nuestras mochilas para que cabieran todas, tarea difícil que llevó su tiempo.
Por fin salimos de Marrakech con rumbo al Atlas y no podíamos ocultar nuestra emoción por la gran aventura que nos esperaba. Paramos en el pueblo de Asni, pueblo bereber de adobe, a 47 km de Marrakech y a los pies del Atlas.
Allí Mohamed aprovechó para enseñarnos un mapa con la ruta que íbamos a seguir en nuestra expedición de trekking.
Seguimos un poco más en el minibus y llegamos a esta impresionante garganta.
Por fin llegamos a Imlil; allí nos esperaban los guías de montaña. Este pueblo está situado a 1740 m sobre el nivel del mar y es el punto de referencia para el turismo en el Atlas. Es también la base para la subida al pico Toubkal, el más alto del norte de África.
Nos llevaron a visitar una asociación de mujeres bereberes que vivían de la venta de artesanía y otros productos locales. Nos ofrecieron té marroquí y varios productos típicos para comer.
Luego visitamos otra asociación de mujeres que se dedicaba a elaborar aceite de argán y diversos cosméticos derivados de él.
Pudimos ver cómo las mujeres elaboraban el aceite de argán.
La directora de la asociación nos dio a probar el aceite comestible y algunos de los cosméticos que elaboraban con él.
Cuando salimos de allí, comenzamos a caminar hacia el pueblo de Armed donde estaba el hotel rural donde íbamos a pasar la noche.
Poco a poco íbamos ascendiendo más y las vistas se volvían más impresionantes.
El camino de tierra serpenteante nos llevó hasta el pequeño pueblo de Armed.
En el hotel nos dieron la bienvenida y subimos a nuestras habitaciones. El hotel se llamaba Roches Armed y estaba gestionado por una familia bereber.
Aquí la fotos de una de las habitaciones, muy diferentes de las de Marrakech. Bueno, también había habitaciones dobles más lujosas, pero como el grupo era grande, nos dieron las comunales.
Luego estuvimos en la terraza admirando las vistas.
Desde allí se veían familias bereberes en sus humildes casas y carreteras serpenteantes.
Después tomamos un té antes de salir a visitar las escuelas.
La primera que visitamos fue una guardería para niños pequeños hasta 4 años que estaba en el mismo pueblo. Les dimos algo de material escolar y les inflamos unos globos para jugar con ellos.
Después caminamos hasta otro pueblo cercano donde visitamos una escuela de primaria. El camino hasta ese pueblo fue muy bonito.
No he contado antes que otra de las misiones de esta expedición, además del tekking, era visitar escuelas bereberes y repartirles material escolar. Pusimos dinero entre todos los del grupo y compramos cuadernos, lápices, borradores, pinturas, etc. Los niños de la escuela se lo pasaron genial con nosotros; no todos los días venía un grupo de españoles senderistas a visitarles.
La cena en el hotel fue espectacular. Se emplea el tajine, recipiente tradicional de la cocina marroquí, hecho de barro, con una tapa de forma cónica que permite que los alimentos se cuezan con sus propios vapores, como un pequeño horno de convección. Los tajines en Marruecos son muy variados: cordero, pollo, pescado o verduras.
En esta cena pudimos comprobar lo bueno que era el cocinero que nos había conseguido Mohamed, y la verdad que no nos decepcionó en ningún momento durante el viaje.
Nos preparó dos tajines, de los cuales pongo fotos a continuación: huevo y pollo.
La verdad que tengo que reconocer que la comida marroquí es una de la que más me gusta, y si encima tienes un cocinero como este, te terminará gustando más. Como podéis ver estábamos disfrutando de lo lindo con tan suculenta cena. Los demás días veríamos si el cocinero se las ingeniaba para cocinar cosas ricas sin una cocina en condiciones. Esta vez pudo contar con la cocina del hotel pero luego no sería tan fácil. En esta foto estábamos a punto de empezar a servirnos la comida; recuerdo que teníamos mucha hambre y no podíamos esperar más. Por cierto, el pan que nos pusieron también era muy bueno, tipo hogaza de pueblo. Qué más se podía pedir!
Para terminar el día subimos a la terraza donde nos servieron un té de melisa para relajarnos y así prepararnos para dormir. Mañana empezaba la expedición en serio y teníamos que descansar bien.
2 de junio: Imlil (1740m)-Tacheddirt (2314m)
Bajamos el equipaje para que los muleros lo cargaran a las mulas que nos acompañarían en aquellos días. La verdad que sin las mulas aquello sería de lo más agotador, menos mal que las teníamos a ellas y a los muleros.
En este día nos esperaban cinco horas de caminata hasta Tacheddirt, otro pueblo bereber. La mayor parte del tiempo íbamos a estar ascendiendo, ya que este pueblo estaba a mayor altitud, 2314 m. El ascenso iba a ser progresivo así que sería una buena práctica para los próximos tres días que iban a ser los más duros.
Nos encontramos paisajes tan bonitos como este.
Y pueblos tan bonitos como este, Tamatert. Allí vimos a un pastor con sus cabras.
Paramos a descansar en este chiringuito cercano al pueblo donde nos tomamos algo para beber.
Más paisajes impresionantes.
Los burros son el medio de transporte habitual en el Atlas. Es muy difícil ver coches allí ya que la mayoría de la gente se transporta por burro o mula. Es como si volvieras atrás en el tiempo, muy atrás.
Paramos en un sitio muy agradable junto al río para comer. Nos sacaron una mantita y comimos ahí estilo picnic.
La comida era buenísima como podéis ver en esta foto.
Por fin llegamos a Tacheddirt, un lugar simplemente impresionante. Es el asentamiento más alto en el valle de Rhirhaia, y cuenta con una población de 200-300 habitantes. Primero de todo montamos el campamento y nos tomamos un té que nos prepararon.
Bajamos al pueblo y por el camino nos encontramos a este niño pastor que iba con sus cabras. Estaba obsesionado con nuestros relojes y no paraba de insistir en que le regaláramos uno. En la zona había carteles que aconsejaban a los turistas no dar limosnas a los niños de la zona pues así acabarían mendigando en lugar de buscarse la vida. Sólo les dimos algunos caramelos.
Después visitamos la escuela del pueblo y allí dejamos más material escolar. Surgió la polémica en el grupo sobre si aquello estaba bien y algunos alegaron que así les podíamos hacer dependientes de los europeos que les llevaran estas cosas. El profesor parecía muy tradicional y no quiso que hiciéramos fotos a los niños esta vez. A muchos del grupo no les gustó el profesor, decían que parecía un talibán, je, je.
Yo como organizadora del viaje me quedé un poco preocupada por la polémica que surgió; la verdad que es cierto que en tu buena intención de ayudar puedes hacerlo mal si no sabes cómo. No dejé de pensar en ello en el resto de la tarde.
Fuimos a tomar un té a una tetería preciosa del pueblo, que tenía toda la pinta de ser para turistas. Había una terraza fabulosa con buenas vistas de las montañas.
Regresamos al campamento al anochecer y allí nos esperaba una cena estupenda. El cocinero no nos estaba decepcionando a pesar de tener que cocinar en unas condiciones mucho más precarias que las del hotel.
Luego los muleros bereberes de nuestro equipo nos deleitaron con música tradicional bereber. Se sirvieron de bidones y botellas de plástico para la percusión y cantaron con gran entusiasmo. Eran muy animados y nos hicieron hasta bailar. Esto es algo que gustó mucho al grupo, compartir con la gente del lugar algo de su cultura.
3 de junio: Encuentro cultural en Tamatert
Al día siguiente era el día de la gran caminata, en el que más hora se iba a andar y a mayor dificultad. Algunos del grupo tenían dudas de si podrían acometer semejante hazaña, y es que los niveles de senderismo de la gente oscilaban desde los muy montañeros a los que apenas habían salido a la montaña en su vida. Los guías y muleros estaban preocupados de que no todo el mundo pudiera aguantar el nivel de la marcha y propusieron un plan B para los que no estaban tan preparados. Ese plan consistía en volver a dormir al hotel de Armed y después reunirse con el otro grupo en Sidi Chamharouch para subir ya juntos al refugio del Toubkal.
Mi amiga Marisa era la única que decidió seguir el plan B aunque había otras chicas que no estaban acostumbradas al senderismo. Me daba mucha pena dejar a Marisa sola durante casi dos días, pero yo quería hacer la ruta completa. Bueno, sola en realidad no se quedaba. Mohamed se quedaba con ella y también uno de los muleros.
Los muleros prepararon a las mulas para la dura ruta. Para ellas no iba a ser fácil ya que los senderos eran muy escarpados y las primeras horas serían constantemente cuesta arriba con una acusada pendiente.
Yo me quedé hasta el último momento con Marisa, preguntándome si hacía bien en dejarla sola. Me despedí de ella y empecé a caminar con Jeffrey, otro amigo, hacia el grupo que ya iba muy por delante de nosotros. Lo cierto es que aquella mañana no me sentía muy bien. A veces me baja la tensión o el azúcar, o las dos cosas, sobretodo por las mañanas, y aquella me pasó. Cuando empecé a subir la enorme cuesta que no parecía tener fin, me agobié por Marisa y por la debilidad que sentía en ese momento. Decidí darme media vuelta y me quedé con ella.
La ruta que esta prevista para ese día y que mis compañeros iban a hacer era: Tacheddirt (2300m)-Azib Likemt (3550m)-Azib Tifni (2820m). Como podéis ver el desnivel era tremendo y hasta el mulero que se quedó me dijo que hizo bien en darme la vuelta porque aquella ruta era muy dura. Sin embargo, cuando empecé a recuperarme, me arrepentí de no haber seguido con el grupo.
El mulero nos propuso volver a Tamatert, pueblo por el que habíamos pasado el día anterior, para comer con su familia. Le pregunté si era posible que su mujer e hijas nos enseñaran el proceso del cuscús, y el nos dijo sí pero a cambio teníamos que pagarles (creo que fue 25 dhirams cada una). Esto me animó porque pensé que al menos podía tener una experiencia cultural con los bereberes, algo que podía merecer más la pena que un día entero de senderismo.
Llegamos a la casa de la familia del mulero y salieron a recibirnos su mujer e hijas, acompañadas de algunos de sus nietos. El mulero estaba muy contento, se había ahorrado una tremenda paliza en la montaña y a cambio podría pasar más tiempo con su familia. Su casa era muy animada con tantos familiares por todas partes, se notaba el carácter familiar y comunitario de los bereberes. Sólo una de las hijas adolescentes hablaba algo de francés, los demás sólo árabe y bereber, claro. De inglés o español olvídate. Mi francés estaba un poco flojo por entonces pero intenté hablar lo que pude con la hija adolescente. Ella fue la que se ofreció a preparar el cuscús para nosotras.
Decidimos darle una lección de cepillado de dientes a los niños pequeños y les regalamos cepillos y pasta. Los dientes de los niños estaban de pena, negros y destrozados por las caries. Nunca antes se habían cepillado los dientes y no parecían muy entusiasmados con el tema. La hermana les animó a que lo hicieron y al final cedieron; hasta acabaron pasándoselo bien.
Luego fuimos a la cocina para ver la preparación del cuscús. La chica utilizaba una cuscusera, que es un recipiento donde se prepara el cuscús al vapor. Las verduras y el pollo se cocían por otro lado. A continuación pongo una serie de fotos del proceso.
Y este es el resultado final.
El suegro del mulero vino a comer, un señor mayor con sus ropas tradicionales. Mohamed era nuestro traductor oficial a la hora de hablar con él. Nos sentamos a comer con los hombres, las mujeres no comían con ellos.
Después yo estaba muy cansada porque desde que llegué al pueblo me había dado una alergia terrible. No sé si sería de la paja, los animales o de todo junto, pero el caso es que estaba fatal, estornudando todo el rato y con picores de nariz. Nos llevaron hasta una habitación donde nos podíamos echar la siesta, lo cual fue de agradecer.
Tras la siesta, uno de los nietos del mulero se ofreció a llevarnos a dar una vuelta por el pueblo.
El pueblo era de lo más tradicional y parecía no haber pasado el tiempo por él. Sin embargo, nos encontramos con este impresionante hotel que había montado una suiza.
Estuvimos hablando con la dueña y nos dijo que hace años llegó a esta zona, le gustó mucho y decidió construir el hotel. Las vistas desde el hotel eran impresionantes.
Cuando se lo contamos a la familia bereber más tarde, ellos nos dijeron que no estaban de acuerdo con el hotel porque apenas dejaba beneficios a la comunidad. El dinero era para la mujer suiza y sus empleados, casi todos de Marrakech.
Nos hicimos esta foto con la familia bereber antes de marcharnos. Les hicimos más fotos a cada uno de los miembros de la familia y ellos las miraban emocionados en la pantalla. Ellos nunca habían tenido una cámara de fotos y aquello les parecía como magia. Les prometimos enviarles copias en papel de las fotos.
Hablé con el mulero de las necesidades de la comunidad y entonces sentí muchas ganas de ayudarles. Por ejemplo, ellos no tenían médicos ni enfermeras. Si alguien enfermaba, tenía que ir a Marrakech, era muy precario. Por entonces yo trabajaba para la agencia Mundo Voluntario y pensé que podía ayudarles a conseguir voluntarios sanitarios. También pensé en organizar un programa de inmersión cultural con familias bereberes. El mulero nos dijo que fuéramos a Imlil para hablar con un hijo suyo que trabajaba en un hotel rural. Pensó que su hijo podría estar interesado en coordinar este programa con la ayuda de Mohamed. Aquello me pareció una oportunidad interesante para crear algo nuevo que pudiera ayudar a las comunidad bereber.
Caminamos hasta Imlil, yo ya tenía una alergia de caballo, y Marisa iba por el mismo camino que yo. Tuvimos la reunión con el hijo del mulero y quedamos en que seguiríamos hablando por email sobre el tema. Ahora me alegré de no haber hecho el trekking y a cambio tuve la oportunidad de conocer una familia bereber, aprender a hacer cuscús, explorar el pueblo de Tamatert y empezar a planificar un interesante programa de voluntariado/ turismo rural en el Atlas.
En Imlil nos llamaron la atención las carnicerías al aire libre sin refrigeración ni nada.
También las mujeres bereberes cargadas hasta arriba con paja, hasta el punto de que sólo se veía un bulto andando. Nos preguntábamos por qué los hombres no llevaban aquellas cargas.
Luego caminamos hasta Armed y Marisa decidió subirse un rato en la mula donde iba nuestro equipaje.
Aquella noche dormimos de lujo, nos dieron una habitación doble con dos camas. Nos preguntábamos qué tal estarían los demás y cómo estarían pasando la noche.
4 de junio: Armed (1800 m)-Sidi Chamharouch (2310 m)-Refugio Toubkal (3207 m)
No tuvimos mucha prisa en salir aquella mañana porque no estábamos muy lejos de Sidi Chamharouch, el famoso lugar de peregrinaje para los musulmanes en el Atlas. En el camino que iba allí había tanto montañeros acompañados por sus guías y muleros como peregrinos.
Llegamos al río con sus saltos de agua, que manaba de aquella garganta espectacular. No podía ser más idílico este lugar sagrado para los musulmanes.
Mohamed nos contó que mucha gente siente una energía especial al llegar a ese lugar y que a casi nadie deja indiferente. Marisa decía que tenía la sensación de haber estado allí antes. Yo no tuve una sensación clara de algo, pero sí sentía como que aquel lugar tenía una energía muy potente; era un lugar muy especial.
Según cuenta la leyenda Sidi Chamharouch es el rey de los genios, teniendo la apariencia de perro negro por el día y de humano por la noche. La gran roca pintada de blanco oculta una gruta en la que pernoctó Sidi Chamharouch y que se ha completado con un recinto de paredes ortogonales. Al lado de la gruta hay una fuente sagrada con una pequeña bañera en la que se recoge el agua dentro de dos pequeñas habitaciones que los peregrinos usan para lavarse, abandonando las ropas con las que se bañan para librarse mejor de los males que han venido a quitarse.
Nos acercamos hasta la gruta y al templo, donde no pudimos entrar ya que nosotros no éramos musulmanes ni peregrinos. Después paseamos por el mercadillo con puestos de las cosas típicas de Marruecos para turistas.
Subimos un poco por el camino que va al refugio del Toubkal y nos sentamos a esperar al grupo en unas rocas. De casualidad me encontré en el suelo una pequeña mano de Mahoma metálica. Estos son amuletos de buena suerte para los musulmanes y pensé en guardármela; qué mejor sitio para encontrarla que en aquel lugar sagrado.
Estábamos allí en plan contemplativo cuando de repente vimos un grupo de montañeros bajando por la escarpada montaña que teníamos enfrente. Pensamos que tal vez se tratara de nuestro grupo pero aún estaban muy lejos para distinguirlos. Cuando se fueron acercando pudimos por fin distinguirlos; eran ellos. Nos levantamos agitando los brazos y gritando y ellos nos respondieron. Me produjo gran alegría el reencuentro y estaba deseando escuchar sus aventuras en la alta montaña. Ellos había ido de Azib Tifni (2820m) a Tizi-n’taghart(3456m) y de ahí a Sidi Chamharouch (2310m).
Nos contaron que fue muy duro y algunos lo pasaron muy mal. Dijeron que Marisa había hecho bien en no ir porque no lo habría aguantado pero les dio pena que yo me lo perdiera. De todas formas yo estaba contenta con mi experiencia cultural de ayer y se lo conté. Estaban agotados después del duro descenso y ya sólo pensaban en sentarse a la sombra y comer.
Después de la comida y el descanso, comenzamos el ascenso hasta el refugio del Toubkal y así comenzaba la última etapa de aquella expedición montañera.
Caminamos durante dos horas o más y por fin se presentó ante nuestros ojos el precioso refugio de piedra, situado a 3207 m de altitud.
Nos instalamos en nuestra enorme habitación para 16 personas, descansamos y cenamos. Se notaba ya un poquito la altitud y en algún momento me dolía un poco la cabeza o sentía cierto mareo. Al día siguiente yo quería subir al Toubkal aunque me daba un poco de miedo porque yo no llevaba el entrenamiento del resto del grupo al haberme perdido el día y medio de trekking. Aún así estaba dispuesta a subir como fuera, no me quería perder el momento cumbre del viaje. Nos fuimos a dormir temprano porque al día siguiente nos esperaba un gran madrugón.
5 de junio: Ascension al Toubkal (4167 m) y regreso a Imlil (1740 m)
El día de hoy iba a ser de lo más completito, el remate del viaje. A continuación pongo el itinerario completo del día: Refugio Toubkal (3207 m)-el Toubkal (4167m)-Refugio Toubkal (3207m)-Sidi Chamharouch (2310m)-Imlil (1740m).
Nos levantamos muy temprano, creo que fue a las 4 de la mañana, aún de noche. Los nervios estaban a flor de piel, y es que no era para menos, llegaba el momento más emocionante del viaje. Hicimos la mochila y desayunamos. Los guías nos esperaban y nos dijeron que subiríamos muy despacio para evitar el mal de altura. Si alguien se encontraba tan mal como para no poder seguir, uno de los guías volvería con esa persona. Ellos confiaban en que todos lograríamos alcanzar la cumbre. Tan sólo Marisa y Mariló se quedaron en el refugio, los demás nos decidimos a subir, aunque había más de uno que no estaba en plenas condiciones para hacerlo (sobre todo uno que estaba con una diarrea tremenda).
Hacía frío y estaba oscuro; de hecho íbamos con linternas. La primera dificultad que nos encontramos fue subir por una zona con hielo pero que gracias a ella pudimos atravesar un río. A la vuelta posiblemente esa capa de hielo se habría derretido, así que ya veríamos como cruzar el río, pero yo ahora no quería pensar en eso. Seguimos ascendiendo por nieve, con mucho cuidado ya que el sendero era estrecho. Nadie hablaba, todo el mundo estaba en plena concentración.
Después de un rato caminando, empezó a amanecer y los primeros rayos de sol nos mostraron el impresionante paisaje que había alrededor.
Un descansito no viene mal para reponer fuerzas, comer algo energético y beber agua.
Seguimos el ascenso muy despacio y en fila, pasito a pasito. Gracias a que los guías nos llevaron a aquel ritmo, nadie tuvo mal de altura.
Ahí está ese grupo montañero, ¡ánimo valientes!
Y yo dándolo todo; venga que ya queda menos.
Paisajes increíbles, merece la pena el esfuerzo por verlos.
Susana y yo celebrando por adelantado, ya estamos muy cerca de la cumbre. Y además pongo esta foto porque mi querida amiga Susana, a la que apenas conocía antes de este viaje, acabó siendo una de mis mejores amigas y con la que he compartido otros viajes después, y seguiré compartiendo más en el futuro.
¡Y ya por fin todos en la cumbre! No os podéis imaginar la emoción que sentíamos en ese momento, abrazándonos, gritando de alegría, agradeciendo a la vida que nos permitiera vivir aquella experiencia tan maravillosa. Todos llegamos sanos y salvos, superamos el reto y nos sentíamos tan satisfechos.
No habría sido posible sin la ayuda de nuestros estupendos guías, por eso me hice esta foto con ellos. Nos cuidaron tanto y nos ayudaron hasta el final.
Después del momento estelar, comenzamos el descenso.
Tuvimos que bajar un trozo muy largo con mucha nieve. Uno de los guías me cogió de la mano y me llevó corriendo, o mejor dicho volando. Llegamos los primeros ante las risas de todos; lo que no sé es que no llegué a caerme porque yo ya no sé ni donde ponía los pies. Eso sí, tarde en reponerme del susto.
Más de uno se cayó a pesar de la cautela en la bajada. Los guías ya no podías contener la risa; claro, ellos eran cabras montesas que se movían por la montaña con una agilidad que nosotros distábamos de tener.
Ya se veía el refugio en la distancia.
Los guías decidieron reirse un poco más de nosotros haciéndonos bajar por este tobogán de nieve. El surco que veís en la foto es por donde bajamos. Lo pasamos mal porque íbamos tan embalados que no podíamos parar y uno se estrelló contra mi porque bajaba más deprisa que yo. En fin, no nos pasó nada porque Dios no lo quiso.
La última aventura fue cruzar el río sin el puente de hielo. La distancia de la orilla a la roca donde teníamos que saltar era considerable y más uno estuvo ahí un rato pensándoselo. Los guías tuvieron que ayudarnos, poniéndose uno en un extremo para lanzarnos hacia el otro que se puso en la roca con los brazos abiertos para recibirnos. Ya ahí terminarían de reirse de lo miedicas y patosos que eran estos españoles. Bueno, no se reían con mala intención, fueron muy majetes y sin ellos no sé que habríamos hecho.
Era increíble que no fueran ni las 12 de la mañana cuando alcanzamos el refugio, lo que dio de sí la mañana. Fueron unas seis horas de ascenso y descenso. Después de descansar un rato en el refugio, emprendimos el camino de vuelta a Sidi Chamharouch.
Paramos en uno de esos chiringuitos con zumos y refrescos que hay por el camino. Hacía mucho calor y lo necesitábamos.
En Sidi Chamharouch nos esperaba el cocinero con una estupenda comida; que mejor recompensa después del gran esfuerzo realizado. Tras la comida, emprendimos el camino de vuelta a Armed, donde pasaríamos una noche más en el hotel rural.
Me gustó esta higuera donde paramos a descansar un rato.
Seguimos caminando y por fin empezamos a ver el pueblo. Había muchas flores de colores por todas partes y arroyos que llenaban de frescura el ambiente.
Y ya a punto de llegar al pueblo. Por fin a cenar y descansar.
6 de junio: Vuelta a Marrakech
Por la mañana nos lo tomamos de relax, ya no había prisas como otros días. Caminamos hasta Imlil y dimos una vuelta por el mercado para comprar cosas antes de volver a Marrakech. Uno de los guías de montaña me regaló un especiero típico.
Llegó el momento de despedirnos de los guías de montaña, qué pena que el viaje se acababa. Aunque la expedición montañera había durado sólo cinco días, yo sentía como si llevara un mes allí. Me encantaba el Atlas y los pueblos bereberes, y esperaba regresar de nuevo para más aventuras.
Nos subimos al minibus que nos llevó de vuelta a Marrakech y de allí al hotel donde nos esperaban nuestras cómodas habitaciones y el resto de nuestro equipaje. Nos duchamos y cambiamos para salir a recorrer de nuevo las vibrantes calles de Marrakech y hacer las últimas compras.
Fuimos a comer a un restaurante donde ya habíamos comido antes y que nos gustaba mucho. Allí nos hicimos esta simpática foto de grupo. Lo de la servilleta en el dedo era por una de las chicas del grupo que se había roto un dedo el primer día de trekking y ella se lo colocó y vendó como pudo (era ATS, pero también fue valiente de no regresar a Marrakech a buscar un médico).
Así acababa este corto pero fascinante viaje en Marruecos. Al día siguiente cogíamos el avión de vuelta a España. Espero que os haya gustado y os entren ganas de explorar el Atlas, para mi la parte más bonita del país, sin desmerecer tantos otros sitios que visité en mi viaje anterior como el desierto, los palmeralesy otras ciudades imperiales. Sin duda, Marruecos es uno de los países más impresionantes que tenemos a la vuelta de la esquina, ¡visitádlo!