Perú 2004

Segunda parte: Viaje en Perú (01-21/08/2004)

El 31 de julio nuestro trabajo en el proyecto de Fauna Forever terminó (aunque aún quedaban dos turnos más de tres meses cada uno con nuevos voluntarios pero los mismos coordinadores). El día 1 de agosto fuimos a Puerto Maldonado y algunos voluntarios se marcharon al día siguiente mientras otros nos quedamos más días. Yo me marché el día 4 de agosto, que era cuando salía mi autobús a Cuzco. Antes de coger el autobús tuve que hacer muchas gestiones como tramitar la extensión de mi visado, ir al banco, utilizar internet, comprar comida para el viaje, etc.

Este es itinerario que hice durante mi viaje de 3 semanas en Perú (líneas rojas). Como podéis ver estuve prácticamente en el sur del país e hice lo más turístico. Me quedaron otras partes del país a las que no llegué. Es un país grande, así que tendré que regresar en otra ocasión para ver más. El mapa está dividido en provincias y las capitales están señaladas con su nombre. Durante el viaje me moví en autobús de una ciudad a otra, y luego desde cada ciudad hice un tour turístico.

Viaje en autobús Puerto Maldonado-Cuzco

El autobús a Cuzco salía a las 7 de la tarde. No iba sola en este viaje; me acompañaba mi amiga Celia, una de las voluntarias peruanas. Ella era de Cuzco y volvía a su casa. Cuando subimos al autobús me di cuenta de que todos eran peruanos. Un francés que conocí después y yo éramos los únicos “gringos”. Creo que no hay muchos turistas que se atrevan a realizar semejante viaje en autobús por su dificultad y duración. Fue quizás el viaje en autobús más largo de mi vida y también el más peligroso. Estuve pensando si hacer este trayecto en camión, pues hubo gente que me comentó que era lo mejor para disfrutar del paisaje, pero me echó para atrás la incomodidad y el frío que seguro pasaría, pues había que viajar donde iba la carga, sin techo ni nada.

La primera parte del viaje fue en la selva y transcurrió de noche. La carretera, que por supuesto no estaba asfaltada, estaba llena de barro, baches y piedras. El autobús, que era una especie de todo-terreno, se movía de un lado a otro pareciendo que iba a volcar. A menudo íbamos  pegados al borde de la carretera, con un precipicio al lado que era mejor no mirar. Al amanecer llegamos al bosque nublado y poco a poco íbamos ganando altura. Cuando parábamos para ir al baño, no había sitios para esconderse, y la gente se ponía por cualquier sitio de la carretera, a vista de todos.

A las 10 de la mañana llegamos al primer pueblo del recorrido, un pueblo supercutre con unas cuantas casas destartaladas, un par de tiendas y un pequeño restaurante-cafetería. Después de aquello no tuvimos tiempo de parar en un sitio medianamente civilizado hasta la noche. Por suerte yo tenía mucha comida conmigo y no pasé hambre.

Por fin nos adentramos en la sierra y el paisaje cambió: ríos impresionantes, cascadas, cumbres nevadas,… El paisaje era realmente espectacular, no tengo palabras para describirlo. Estaba tan emocionada con la visión de las tierras andinas que ya apenas me preocupaba que el autobús circulara al borde del abismo. Como acompañamiento, escuchaba música andina por mis auriculares. Vimos algunos indígenas con sus llamas y algunas de sus granjas con casitas de adobe. La visión no podía ser más idílica y con la música de acompañamiento ya poco me faltaba para ponerme a llorar. Otro de mis sueños se estaba realizando, visitar las tierras andinas.

El autobús fue ascendiendo hasta llegar a cumbres nevadas en una noche estrellada impresionante, pero también hacía un frío horrible. Se nos pinchó una rueda y a causa de esto nos demoramos una hora. Bonito lugar para quedarse tirados, si no fuera por el frío que cada vez era más insoportable. Por fin lo arreglaron y pudimos continuar. El resto del viaje hasta Cuzco se me hizo muy pesado, y es que ya se notaban los casi dos días de viaje que llevábamos. A pesar de las incomodidades y peligros, me alegré mucho de realizar aquel trayecto en autobús. Fue toda una aventura y tuve el privilegio de contemplar paisajes de increíble belleza.

Cuzco (5-7/08/2004)

Llegamos a Cuzco a las 4 de la madrugada con un frío tremendo. Mi ventanilla no se terminaba de cerrar y por la rendija entraba el polvo y el aire frío. Para colmo mi asiento no se echaba para atrás porque estaba estropeado, con los cual cuando me dormía me golpeaba la cabeza contra el cristal, lo cual acabó siendo doloroso. Mi amiga Celia dijo que no era seguro coger un taxi a aquellas horas, así que decidimos esperar hasta el amanecer dentro del autobús. No fuimos las únicas, muchos más lo hicieron; al parecer es algo habitual y los conductores dejan hacerlo por motivos de seguridad.

Cuando empezó a hacerse de día, salimos a coger un taxi que nos llevó a mi hotel, La Resbalosa, que para mi pesar estaba cuesta arriba subiendo muchos peldaños. Dije adiós a Celia que se iba a su casa y yo me dispuse a caminar hasta mi hotel. Al llegar allí, me llevaron a mi habitación, un minúsculo habitáculo con una pequeña cama. Desde el primer momento supe que no quería quedarme allí, así que me puse a buscar otros hoteles por la zona.

Encontré un hostal llamado San Cristóbal, más barato y con una habitación mucho más grande, con lo que decidí mudarme allí al día siguiente. Por la tarde quedé con Celia que me llevó a la Universidad de Cuzco donde ella tenía que hacer unas gestiones. Luego fuimos a la agencia de una amiga suya para que me explicara con detalle el viaje que había reservado con ellos. Iba a hacer el Camino Inca en primer lugar, y después unos tours organizados en el Lago Titicaca y en el Cañón del Colca. En total tenía tres semanas de viaje por Perú. Como iba sola, pensé que lo mejor era llevarlo todo organizado con una agencia y confié en esta ya que la directora era amiga de mi amiga. Sin embargo, me llevé alguna que otra decepción que contaré más adelante.

Cuzco está situada en el sureste de Perú situada en la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes, en la cuenca del río Huatanay, afluente del Vilcanota. Fue la capital del Imperio inca y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983. Hay muchos monumentos y es una ciudad con mucha historia, pero en mi relato no voy a entrar mucho en detalle. La verdad que a mi me encantó, sobre todo la emblemática Plaza de Armas.

Pasé los siguientes días recorriendo la ciudad, visitando museos y tratando de organizar mi viaje de las próximas tres semanas. Me mudé al hostal San Cristobal donde además tenía una cocina donde podía cocinar, así que fue un ahorro de dinero en todos los sentidos. De todas formas, hay que decir que el alojamiento en Perú es muy barato, y no pagaba más de 2 euros la noche.

Me gustó mucho la estatua del caudillo y governante inca Pachacútec. Conocido como el primer “inca histórico” fue el responsable de convertir al pueblo inca en un gran imperio. Se le atribuyen muchas hazañas e historias épicas, y llegaron a identificarlo como “hijo del Sol”. Quizás por eso la estatua sea de color dorado. El enorme pedestal de piedra donde se encuentra la estatua, imita el estilo de construcción inca. Como podéis ver en la foto, la estatua es enorme, así como su pedestal. Junto a la puerta hay dos personas que parecen minúsculas en comparación con el monumento en cuestión.

Con Celia sólo conseguí quedar un día más y me llevó a ver  las siguientes ruinas cercanas a Cuzco:
. Tambomachay: Lugar destinado al culto del agua y consta de una serie de acueductos, canales y varias cascadas de agua que discurren por las rocas.
. Puka Pukara: Fortaleza compuesta de grandes muros, terrazas y escalinatas, parte del conjunto defensivo de Cuzco. Su nombre en quechua significa “Fortaleza Roja”, debido al color rojo que adquieren las rocas durante el crepúsculo.
. Q’enqo: Lugar ceremonial situado en el Valle Sagrado, a 6 km de Cuzco. Este adoratorio se encuentra sobre el cerro Socorro y abarca un área que algo más de 3500 metros cuadrados. Fue un centro dedicado al rito y destacan su anfiteatro de forma semi-circular, sus galerías subterráneas y su laberinto con sus canales en zigzag. Había una piedra en la parte más alta con magnetismo que podría haber sido utilizada para adorar a los dioses.
. Saqsaywaman: El nombre significa “lugar donde se sacia el halcón” y es una “fortaleza ceremonial” inca a 2 km al norte de Cuzco. La fortaleza con sus muros megalíticos son la mayor obra arquitectónica que realizaron los incas durante su apogeo. Algunas de las piedras de la fortaleza son gigantes y una se pregunta cómo las lograron transportar. Las piedras fueron encajadas con tal precisión que ni siquiera entra la lámina de un cuchillo entre dos piedras. Celia me contó muchas cosas sobre los Incas y la verdad que me sorprendió la gran cantidad de información que tenía. Me comentó que el 24 de junio, en el solsticio de invierno, tiene lugar el festival del Inti Raymi, donde se lleva a cabo el ritual del culto al Sol o Inti. Los lugareños se visten con ropas coloridas y bailan danzas típicas, y son muchos los turista que acuden a presenciarlo. Pensé que si algún día vuelvo a Perú, intentaría ir en esa fecha para poder ver este ritual.

No tengo fotos que poner de estos lugares, pero sí tengo de una familia de indígenas con su llama que pedían dinero a cambio de una foto.

Camino Inca (8-11/08/2004)

Primer día
Apenas pude dormir la noche antes de hacer el Camino Inca, y no precisamente por la emoción de emprender semejante aventura, sino por preocupación. No era para menos, no tenía mi pasaporte conmigo, y a continuación os explico por qué. Aquella tarde me llamó la directora de la agencia de viajes y me dijo que tenía que quedar conmigo para tratar un asunto importante. Cuando quedé con ella me comentó que necesitaba mi pasaporte para reservar mi billete de tren de regreso a Cuzco y que al día siguiente cuando me lo devolverían. Yo no me fiaba mucho y no entendía por qué necesitaban mi pasaporte. Le dije que no me hacía mucha gracia separarme del pasaporte tanto tiempo, pero al final no me quedó más remedio que entregárselo.

Al día siguiente vinieron a buscarme de la agencia a las 7:15 de la mañana, y gracias a Dios me trajeron el pasaporte. Fui la primera en subir al autobús y después recogimos al resto de participantes del Camino Inca. Había varios españoles (una pareja y tres amigos), un americano y dos chicas brasileñas de origen japonés. Los españoles daba la casualidad que todos eran vascos y habían venido para unas vacaciones de tan sólo 15 días. Cuando les dije que yo estaba en Perú algo más de tres meses, no pudieron evitar su asombro y cierta envidia. A pesar de no conocerles de nada, me parecieron muy majos y enseguida me sentí agusto con ellos. Con los otros componentes del grupo también hubo muy buen rollo.

El autobús nos llevó a Ollantaytambo donde paramos casi una hora para esperar a tres componentes más de la expedición que al final nunca llegaron. Continuamos en autobús hasta el km 88, en Corihuarachina. Allí almorzamos antes de empezar a caminar. Después nos llamaron a unos cuantos y nos repartieron unos carnets falsos. Descubrí que tenía que hacerme pasar por una americana y me dieron un carnet de estudiante con los datos de esa persona pero con mi foto. Entonces entendí por qué me pidieron el pasaporte el día anterior, era para escanear mi foto. La reserva para el Camino Inca hay que hacerla con mucha antelación porque hay que tramitar un permiso especial. Cuando yo hice la reserva me sorprendió que me dieran la plaza porque estaba muy justa de tiempo. Ahora entendía por qué conseguí la plaza; me habían dado la de esta chica americana que había renunciado a la suya. Lo que me molestaba es que no me hubieran explicado la situación, ya que los otros sí sabían lo de que tenían que pasarse por otras personas.

Cuando pasamos el control policial íbamos un poco asustados por si descubrían el engaño; no era para menos. Como nos hacíamos pasar por americanos, teníamos que hablar en inglés. Para mi no era problema, pero la pareja vasca casi no hablaba inglés y lo que más temían es que les preguntaran cosas que no entendieran. La situación acabó resultando divertida, sobretodo después de haber pasado el control de seguridad con éxito. Pensé que sería una curiosa anécdota de viaje para contar algún día.

Me di cuenta de que el peso que llevaba encima era demasiado, ya que además de cargar con nuestras mochilas, también llevábamos los sacos de dormir que nos prestaron. Por 10$ más al día nos podían llevar las mochilas, pero yo por no gastar más dije que yo la llevaba. Ahora, sin embargo, me arrepentía de mi decisión, pues era demasiado peso.

Ese día sólo caminamos 3 horas pero lo pasé fatal por el peso. Después del punto de control, pasamos un puente para salvar el río y en media hora estábamos bordeando las ruinas de Llactapata, a orillas del río Kusichaka. Luego el camino se adentraba en el valle. Pasamos por el pueblo de Huayllabamba, último pueblo habitado del camino. Dormimos cerca de allí, en una explanada donde los porteadores montaron nuestras tiendas. Nos dieron merienda y una cena estupenda. A la mañana siguiente nos tuvimos que levantar como a las 5 de la mañana y el frío era tremendo. Los porteadores tuvieron el detalle de llevarnos infusiones calientes a nuestras tiendas de campaña, un detalle que era de agradecer.

Segundo día
Hoy era la subida más fuerte y decidimos que los porteadores nos llevaran las colchonetas porque pesaban demasiado. Aún así mi mochila seguía pesando demasiado y las cinco horas de constante ascenso se me hacían una tortura. El paisaje es fantástico aunque no podía disfrutar mucho de él porque me iba ahogando casi todo el camino.

Llegó un momento en que tenía que parar cada 3 minutos a descansar y sentía que me falta aire para respirar. No era la única pues la gran multitud  de senderistas que estaban haciendo el camino estaban como yo, algunos incluso peor. Los únicos   que estaban en condiciones eran los porteadores a pesar de la barbaridad de peso que llevaban encima. Los efectos del mal de altura ya se empezaban a notar, y con razón, pues ya estábamos cerca del punto más alto de todo el itinerario, el puerto de Warmiwañusca, con 4200 m de altitud. Casi arrastrándonos hasta allí fuimos llegando los componentes del grupo, mientras muchos a nuestro alrededor estaban prácticamente tirados en el suelo tratando de recuperar la respiración para luego seguir un poco más.

Qué felicidad cuando alcazamos el dichoso punto más alto, lo habíamos conseguido a pesar del mal de altura, fue duro pero mereció la pena. Las vistas desde allí eran espectaculares, como lo fueron en muchos otros puntos del camino. Y una vez más tengo que lamentar que las mejores fotos las tengo en diapositiva y no tengo forma de escanearlas; una lástima no poderlas poner aquí.

A continuación iniciamos el descenso hacia el río Pacaymayo, durante una hora aproximadamente, hasta llegar a la zona de acampada. Poco después de llegar almorzamos; la verdad que los porteadores cocinaban estupendamente para nosotros. Pasamos una tarde agradable en aquel lugar y por fin tuvimos nuestro merecido descanso.

Tercer día
Nos levantamos de nuevo a las 5:30 de la mañana y tras el desayuno comenzamos a ascender hacia las ruinas de Runcuracay, casi 1 hora de subida bastante acusada. Estas ruinas son una ciudadela circular de unos 20 m de diámetro. No se sabe seguro cuál fue su función. El guía nos contó que pudo ser un tambo, o sea, una especie de albergue con provisiones para aquellos que quisieran pernoctar en su camino hacia Machu Picchu. También pudo ser una casa de mensajeros jóvenes que eran adiestrados desde niños para llevar mensajes a gran velocidad, hasta 25 km/h, y que salían corriendo tan pronto vieran a un mensajero, el cual tenía que alcanzarle y darle en mensaje sin parar. Así se podían difundir noticias de Cuzco a Quito en un par de días.

El sendero seguía subiendo hasta el puerto de Runcuracay (a unos 4000 m) hasta bajar a las ruinas de Sayacmarca. Se llega a ella por una escalinata muy desgastada. Se trata de una ciudad con una veintena de casas y un torreón. Después bajamos más pasando por bosque hasta llegar al lugar del almuerzo. Tras almorzar, seguimos caminando en subida progresiva. Una hora después llegamos a un túnel que los incas tuvieron que construir para poder seguir el camino con unos 20 m de escalera cincelada en roca. Franqueamos un tercer puerto donde quizás se nos ofrecieron las vistas más espectaculares con montañas nevadas, cascadas y árboles cubiertos de musgo. Llegamos al emplazamiento de Phuyupatamarca (grupo de casas con un templo y baños rituales).

Después de una bajada tediosa con escaleras interminables (unas 3 horas) llegamos a Wiñaywayna, donde hay unas ruinas nteresantes pero que no fuimos a ver por estar absolutamente agotados. Nos fuimos a instalar en el multitudinario campamento lleno de senderistas con sus porteadores y guías correspondientes. Yo cometí un tremendo error que me saldría muy caro, y lo irónico de la situación es que lo hice por ahorrarme dinero en agua embotellada que allí tenía un precio demasiado alto. Se me ocurrió coger agua de una fuente y echarle una pastilla potabilizadora, seguí las instrucciones y bebí cuando así lo indicaban. No tardé mucho en empezar a encontrarme mal, así que me tumbé un rato hasta la hora de la cena.

Cuando llegué al restaurante del campamento me encontré con unos deliciosos manjares que los porteadores habían preparado como cena de despedida. Pero yo tenía naúseas y la comida me daba asco, así que apenas comí. Tenía mucha sed y seguí bebiendo “agua purificada”, aunque no muy convencida. Todos estaban felices celebrando la última noche del camino y los porteadores más que ninguno porque recibieron una estupenda propina nuestra en recompensa por sus esfuerzos. Yo no me sentía muy animada y me daba pena no haber podido disfrutar de la deliciosa comida ni de la fiesta. A las 9:30 me fui a dormir, agotada y sin energías. Sabía que estaba enfermando y yo sólo rezaba para que por favor tuviera fuerzas para hacer la última etapa del Camino Inca, la que nos llevaría al impresionante y legendario Machu Picchu, otro de mis grandes sueños.

Cuarto día
Nos levantamos a las 4:30 de la mañana para llegar a la Puerta del Sol (Intipuncu) al amanecer, aunque llegamos un poco tarde. Yo no me encontraba de maravilla pero parecía que iba aguantando. Había muchísima gente, eso parecía una romería y se perdía el encanto, la verdad. Tuvimos la primera vista de Machu Picchu y después una hora de descenso hasta el lugar. Por fin estábamos en la gran ciudad inca de Machu Picchu, gran destino viajero y una de las maravillas del mundo, pero yo sinceramente no tenía cuerpo para disfrutar de aquello.

Machu Picchu es una una ciudad inca del S. XV construida en el promontorio rocoso que une las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu en la vertiente oriental de la Cordillera Central. Podría haber sido la residencia de descanso del primer emperador inca, Pachacútec, pero también sus numerosas construcciones de carácter ceremonial indican que tuvo un uso religioso. Mucho podría contar sobre su historia, cómo se construyó, cómo se descubrió, etc, pero no voy a entrar en detalles en este relato, más que nada por falta de tiempo.

Comenzamos la visita cuando aún había pocos turistas. Después de un rato aquello se empezó a llenar y aquello parecía más una feria que un lugar místico. Eso añadido al estado en el que me encontraba quitó todo el encanto al lugar. El guía nos llevó a las ruinas más importantes para contarnos cosas interesantes pero debo decir que no presté mucha atención porque yo sólo anhelaba irme de allí para descansar. Visitamos lo típico: las terrazas agrícolas, el Templo del Sol, la Residencia Real, la Plaza Sagrada con sus templos, la piedra de Intihuatana, el conjunto de Acllahuasi, etc.

Lo cierto es que era evidente que el guía no tenía gran aprecio por los españoles y aprovechaba cada oportunidad para criticar a los bárbaros y analfabetos conquistadores que destruyeron la evolucionada cultura inca. Nos preguntábamos cómo se sentiría teniendo que guiar a un grupo en el que la mayoría éramos españoles, pero tampoco era culpa nuestras que nuestros antepasados cometieran semejante injusticia contra los incas. Sinceramente a mi también me da rabia que mis antepasados destruyeran una cultura que yo admiro tanto.

A decir verdad también era injusto que el guía recibiera la mayor parte del dinero mientras que los porteadores iban cargados como mulas, hasta el punto que a veces sólo se venían dos piernas asomar debajo de una pila de bultos que pesarían más de 30 kg. Eso nos contaron ellos y nos dio pena; por eso les dimos la propina. La verdad que se habían portado con nosotros de maravilla y creímos por unanimidad que se merecían totalmente la recompensa.

Había algunas llamas por allí y aproveché para hacerme una foto con ellas.

A eso de las 12 fuimos a Aguas Calientes en autobús, viaje que duró media hora. Es el pueblo más cercano a Machu Picchu y es famoso por sus aguas termales. Allí dimos una vuelta, tomamos algo y luego la gente se fue a comer un restaurante. Yo como no tenía el estómago para comilonas, comí algo de fruta y me fui sola a ver algo más del pueblo. Más tarde cogimos el tren de vuelta a Cuzco y allí nos esperaban unos minibuses que nos llevaron a nuestros hoteles correspondientes.

Al llegar al hostal me encontré con una sorpresa, mi nueva habitación era más grande con baño privado y cama de matrimonio. No pudieron mantener mi reserva de la habitación anterior y me dieron esta nueva a cambio, pero que era mucho mejor, y por el mismo precio. Ahora por fin llegaba mi merecida recompensa: descansar después de la caminata, el viaje en tren y minibus, y la dichosa cuestecita hasta el hostal.

Valle Sagrado (12/08/2004)

Al día siguiente sorprendentemente me encontraba bien y con energías para la excursión que me esperaba ese día: el Valle Sagrado. Sólo tuve un poco de diarrea así que me tomé dos pastillas de Fortasec para que se me cortara y no me diera la lata en todo el día. Más tarde descubrí que fue otro error tomar las dichosas pastillas, pero ya lo contaré en su momento. Ahora todo iba perfecto y estaba animada para emprender mi siguiente excursión.

Fui a la agencia donde contraté este tour y cogí el autobús a la hora prevista. Tardamos mucho en recoger a todos los turistas en sus hoteles correspondientes, y cuando terminamos, por fin la guía se presentó. Era una mujer peruana de unos 50 años llamada Epi, que al principio me pareció graciosa, pero luego descubrí que sus explicaciones eran superficiales y de poca calidad.

El Valle Sagrado está surcado por el río Urubamba o Vilcanota. Estuvimos visitando los pueblos de Pisac, Ollantaytambo y Chinchero, donde se encuentran ruinas incas prehispánicas y mercados indígenas de artesanía. También visitamos las ruinas de Moray, construcciones de piedra circulares concéntricas formando una especie de anillos que se van ensanchando mientras ascienden.

Conocí a una chica suiza que se llamaba Yolanda (no sé porque tenía nombre español) y me contó que había venido a Perú porque tenía un novio peruano. Había estado un tiempo con él y su familia en Perú, pero él ya había vuelto a su trabajo de Suiza y ella seguía viajando por Perú sola. Luego iba a ir a Bolivia y Brasil; así son estas chicas europeas de independientes, no les hace falta el novio para viajar, pero me parece bien. Me contó que lo había pasado muy mal porque se cogió amebas y estuvo hasta en el hospital. Aunque en ese momento me encontraba bien, no pude evitar preocuparme cuando escuché lo de las amebas; además parece ser que son muy difíciles de eliminar.

Hablé también con unos turistas de Lima (la verdad que eran la mayoría) a los que les conté mis aventuras en Perú y mis planes de viaje en Ecuador, y como no se quedaron sorprendidos por mi vida viajera. El otro extranjero aparte de la suiza y yo, era un japonés jovencito que sin hablar una palabra de español se había lanzado a recorrer Perú solito. Los turistas peruanos fueron muy simpáticos con él y le acogieron casi como un hijo por un día. Pronto se encontró rodeado de peruanos curiosos que le hacían preguntas con señas y le felicitaban por su valentía. Fue divertido y se creó muy buen ambiente a pesar de ser un tour de un solo día.

Por la noche, al llegar al albergue, me hice una tortilla de patata en la cocina, pero después de cenar me empecé a encontrar mal y acabé teniendo diarrea por la noche. La cosa iba de mal en peor y apenas pude dormir en toda la noche porque tenía que ir al baño. Entonces me di cuenta de que el Fortasec había cortado la diarrea artificialmente, y ahora que se pasó el efecto, estaba saliendo todo lo que no pudo salir durante el día. Lo pasé fatal, una de las peores noches de mi vida y yo estaba preocupadísima por si eran amebas.

Al día siguiente fui a médico, y tras un análisis de sangre y de heces, y me descubrieron una bacteria llamada Brucella. Yo sabía que es una enfermedad que se contagia por contacto con animales domésticos infectados o por ingerir productos lácteos contaminados. Pero ese no fue el caso, todo fue por el agua. Además la brucelosis es una enfermedad que puede durar mucho tiempo y los síntomas son otros que yo no tenía. Sinceramente a mi me parecía una salmonelosis, pero  al final me quedaré con la duda de lo que tenía en realidad.  El médico me mandó tomar unos antibióticos y me dijo que siguiera las recomendaciones típicas como beber suero oral los próximos dos días, y luego si mejoraba, empezar con la dieta. Me advirtió contra los antidiarreicos, que ni se me ocurriera tomarlos, ya que al ser una diarrea infecciosa, tenía que dejar que saliera. En este caso están totalmente contraindicados y hacen más mal que bien. Así que ni Fortasec ni pastillas purificadoras de agua; no se me ocurre volver a meterlas en mi botiquín de viaje en la vida. Hay que ver que faena me han hecho las dichosas pastillitas, pero bueno, los errores están para aprender de ellos.

Luego fui a dar mi último paseo por Cuzco y entré en la catedral porque más me valía rezar un poco en mi situación. Aquella noche tenía un largo viaje de autobús hasta Puno y en mis condiciones no sabía si podría realizarlo. Llamé a la agencia pero me dijo que era imposible cambiar los billetes y que no me quedaba más remedio que irme aquella noche.

Al salir de la catedral, me encontré un chico español que repartía poemas que escribía a cambio de donativo. Le compré uno y estuvo un rato hablando con él. Me conté que hacía ya muchos meses que se había marchado de Barcelona porque no era feliz. Se lanzó a recorrer mundo con poco dinero en busca de la felicidad o de sí mismo. Al parecer le habían robado la mochila con todas sus pertenencias al llegar a Cuzco y ahora intentaba recuperar el dinero perdido con sus poemas. Le conté que me había puesto mala y que no estaba nada convencida de hacer el viaje a Puno en aquellas condiciones, a lo cuál él me aconsejó que me quedara en Cuzco hasta que me recuperara. Me dio un poco de pena de aquel chico, tan perdido y desarraigado, y lo cierto es que en parte me vi reflejada en él; ambos buscábamos nuestro sitio, viajábamos porque no nos gustaba el lugar donde habíamos crecido.

Pasé el resto del día en el albergue descansando y haciendo mi equipaje. Por la noche vendría una chica de la agencia para llevarme a la estación de autobús en taxi. Cuando llegó yo estaba muy débil y con pocas ganas de viaje, y le conté lo que me pasaba. Ella me reiteró que cambiar el billete de autobús era imposible, aunque yo presentía que la agencia ni lo había intentado. Ya me la habían jugado con lo del Camino Inca (haciéndome pasar por otra turista sin avisarme) y no confiaba mucho ya en la agencia. La chica vino acompañada de su hermano, que al parecer era policía, y me llevaron hasta la estación. Tuve que ir al baño antes de subir al autobús y para mi desgracia no fue la única vez. Durante todo el trayecto de autobús tuve que levantarme cada dos por tres para ir el servicio, que por cierto muy limpio no estaba, pero ya no quedaba otra. Fue el peor viaje en autobús de mi vida y encima la señora que tenía al lado en ningún momento me preguntó que me pasaba, fue bastante antipática y en ningún momento me dirigió la palabra. La verdad que en ese momento echaba muchísimo en falta tener un compañero de viaje, y es que cuando falla la salud se hace muy duro estar sola.

Puno (13-15/08/2004)

Llegamos a Puno a las 4:30 de la mañana pero como me dijeron que me recogerían a las 7:30, me quedé durmiendo en el autobús hasta las 6 de la mañana, hora en la que nos desalojaron. Yo no quería bajarme todavía porque quedaba mucho para que llegaran los de la agencia. Llegó otro conductor, un chico joven, y le pregunté si aquel autobús regresaría a Cuzco. Estaba pensando seriamente en volver allí porque me encontraba fatal y yo no estaba para tours en Lago Titicaca ni en ningún otro sitio. Me dijo que había un sitio delante que estaba libre si quería volver, posiblemente sin pagar nada. Como me pareció majo, aproveché para desahogarme con él y le conté mi penosa situación. Él me escuchaba comprensivo y al final me quedé hablando con él hasta las 7 de la mañana. Él me aconsejó que sería mejor quedarme a descansar en un hotel en Puno que darme otra paliza de autobús, así que le hice caso y fui a la estación para decirles a los de la agencia mi decisión.

Llegaron las 7:30 y los de la agencia no llegaban; empezaba a desesperarme. Me puse a hablar con una pareja de chilenos que estaba esperando su autobús a mi lado. Me desahogué con ellos también y la verdad que se portaron genial conmigo. Cuidaron de mis cosas cuando tenía que ir al baño y se encargaron de pedirme un taxi para llevarme a mi hotel. Al final decidí no esperar más y marcharme al hotel, pues los de la agencia no llegaban. Me despedí de los chilenos y me monté en el taxi; ya sólo deseaba tumbarme en una cama y descansar.

En el hotel tuve una habitación individual con baño por 25 soles. Tuve suerte de que tenían un restaurante donde podían cocinar mi comida especial de la dieta. Llamé a la agencia y vino una chica llamada Ingrid a buscarme para pedirme disculpas. Al parecer hubo un malentendido y ya estaban esperándome allí a la hora que llegó el autobús, y como no me vieron, se marcharon. Pero claro, la información que tenía de la agencia de Cuzco era que venían a buscarme a las 7:30, y yo me fié de ellos. Cada vez había cosas que me gustaban menos de esta agencia y todavía habría más.

Ingrid me pidió disculpas y se interesó por mi estado de salud. Vino a verme hasta tres veces aquel día y me dijo que si me ponía peor, que no dudara en llamarla para que me llevara al hospital. Pasé  todo el día en la cama y sólo me levantaba para ir a comer al restaurante. Tenía que comer porque me estaba tomando el antibiótico pero lo cierto es que cada vez que comía me ponía peor de la diarrea. Aquella fue una de las pruebas más duras de mi vida; sola en la habitación de un hotel de Perú, lejos de mi familia y amigos, con una enfermedad que de momento no parecía mejorar, sin poder casi moverme de la cama de lo mal que estaba. Me prometí que no volvería a viajar sola en países exóticos y lejanos donde pudiera enfermar fácilmente, que esto ya había sido bastante duro. Me pasé casi todo el día rezando, con la esperanza de que al día siguiente estuviera mejor, y así seguir adelante con mi viaje.

Al día siguiente me encontraba mejor y me animé a dar una vuelta por la ciudad. Puno está situada junto al Lago Titicana y es una de las ciudades más altas de Perú y la quinta del mundo. Estuve en la Plaza de Armas con su catedral y me encontré de casualidad con que había una fiesta en el pueblo. Por un altavoz anunciaron un grupo de baile tradicional y los bailarines aparecieron con sus vistosos trajes de colores bailando al son de un banda que tocaban en directo. Había mucho ambiente y la música y el baile me animaron, hasta casi me olvidé de mi enfermedad. A pesar de sentirme más animada, pronto empecé a sentirme débil y tuve que regresar al hotel para descansar de nuevo. Estuve casi toda la tarde en la cama pero si notaba cierta mejoría, lo cual era alentador.

Tras una tarde de descanso y una noche de sueño reparador, amanecí como nueva. Al encontrarme con bastante más energía, decidí llamar a Ingrid y decirle que aceptaba su oferta de hacer un tour de medio día en el Lago Titicaca. No sería igual de interesante que el tour que iba a hacer de dos días, en el que iba a visitar las islas de tierra que están más lejos y donde iba a tener la oportunidad de alojarme con una familia indígena y hasta asistir con ellos a un baile vestida con un traje tradicional. A pesar de haberme perdido el tour largo, yo estaba contenta porque al menos podía hacer el tour de medio día (yo ya contaba con que no podría hacer ninguno). Como el tour que yo había pagado era más caro que el de medio día, me ofrecieron hacer un tour por la tarde a Sillustani.

Lago Titicaca y las islas de los Uros

El Lago Titicaca se encuentra en la meseta del Collao, en los Andes Centrales, entre Perú y Bolivia. Posee un área de 8.562 km² y una produndidad máxima de 281 m, siendo la profundidad media 107 m. Es el lago navegable más alto del mundo y es el número 19 en superficie. Cuenta con una serie de islas; la más grande es Amantaní, y esa es una de las que yo iba a visitar en el tour que no pude hacer. Tiene gran importancia religiosa para los incas, ya que consideraban sus aguas el origen de este pueblo.

Nos llevaron en autobús hasta el Puerto de Puno donde nos esperaban unos botes con guías incluidos. Visitamos un total de tres islas que estaban a media hora del Puerto de Puno. Estas eran islas hechas de totora, al igual que las casas de la gente y los barcos. Las islas son construidas sobre bloques de raíces de las totoras, las que al entrar en descomposición producen gases, que al quedar atrapados en la maraña de raíces ayudan a la flotación. El guía nos contó que había unas 40 islas; la más antigua tenía 125 años y la más nueva 6 meses. Según nos contó, ya no quedaban auténticos uros, pues los que ahora habitaban las islas eran una mezcla de uros y aymaras, o sólo aymaras. Al parecer los Uros son el pueblo más antiguo de Perú y procedían de la selva. Vinieron al lago y empezaron a vivir allí, y sobretodo vivían de la pesca. Ahora viven más que nada del turismo, vendiendo artesanía y cosas así.

Estuve caminando por la primera isla, haciendo fotos y viendo la artesanía de los uros. Había paneles explicativos sobre el Lago Titicaca y los uros. Tras visitar la primera isla, algunos montamos en una barquita de totora para ir a la siguiente isla. En el bote coincidí con un grupo grande de españoles que pagaron mi parte porque no tenía suelto. Luego visitamos una tercera isla y después regresamos en el bote del tour.

Sillustani

A las 14:30 me recogieron y me llevaron en un cómodo autobús a Sillustani. Se trata de un cementerio con tumbas pertenecientes a la cultura kolla (1200-1450), en una península de la Laguna Umayo, a 34 km de Puno. La forma particular de las tumbas, troncos de cono invertidos, llamados chulpas, son construcciones que, en menor número se encuentran también en varios otros lugares del altiplano

Allí el guía nos explicó muchas cosas sobre aquel cementerio que perteneció primero a algunos pueblos preincas como los kolla, pero al llegar los incas, ellos hicieron sus propias construcciones; a veces incluso construyeron sobre templos kolla como símbolo de dominación. Los incas aprendieron sus técnicas agrícolas de los pueblos preincas, no inventaron nada, tan sólo mejoraron técnicas anteriores. Los incas procedían de estos pueblos preincas, fueron a Cuzco, allí se desarrollaron y después empezaron a invadir otros territorios hasta que acabaron con los demás pueblos.

Los incas eran enterrados en torres que tenían tres niveles: el tercer nivel era el de las ofrendas, el segundo era el de los sirvientes (eran sacrificados al morir el señor) y el primer nivel era el del señor. Eran momificados en posición fetal porque se creía que regresarían en la siguiente vida, y se los enterraba con ofrendas y sirvientes pues los necesitarían de nuevo.

El guía nos contó sobre el simbolismo de la cruz inca o chacana, que es cuadrada y con doce puntas. Esta cruz tiene tres niveles en cada una de sus cuatro partes, y se refieren a los tres niveles en que los incas dividían el mundo:
– Mundo de arriba: Representado por el cóndor que es el que lleva a las almas cuando mueren las personas.
– Mundo de aquí: Representado por el puma que es la fuerza y la vitalidad.
– Mundo de abajo: Representado por la serpiente que simboliza el inicio de la vida y la sabiduría.

Estos tres niveles y animales están también dentro del cuerpo humano: la serpiente es la columna vertebral y además su cabeza se bifurca en dos (sabiduría e inteligencia); el puma es el corazón donde reside la fuerza interna del ser humano; y el cóndor es la mente donde reside la concentración.

También nos habló de los chamanes capaces de leer el futuro en las hojas de coca pues tiene abierto el tercer ojo (sexto chackra) gracias a la serpiente que lleva su energía hasta allí.

La verdad que las explicaciones del guía fueron muy buenas, ya que no sólo habló de acontecimientos históricos de los incas, sino también de sus creencias espirituales. La verdad que me apasionan las culturas precolombinas y todo lo esotérico en torno a ellas. Debo decir que cuando era pequeña tuve una época en que dije que quería ser arqueóloga, y todo por la fascinación que estas culturas causaban en mi. Con catorce años me devoraba cualquier libro que cayera en mis manos sobre estos temas, así que os podéis imaginar el privilegio que para mi suponía estar viendo todos estos lugares en persona.

Arequipa (16-17/08/2004)

Después de un viaje en autobús aburrido y sin incidentes, llegué a Arequipa a eso de las 3 de la tarde. En la estación de autobuses me esperaba el señor del hostal Monterrey de Arequipa (era del mismo dueño que el de Puno y se llamaba igual). Cogimos un taxi hasta el hostal y me llevó a mi habitación que estaba muy bien, con baño privado y cama matrimonial, por sólo 20 soles. La verdad que las habitaciones individuales con baño eran tan baratas, que no merecía la pena ir a un albergue (a veces incluso costaban hasta más aunque compartieras habitación). Lo único malo es que me sentía sola porque no podía conocer gente de esa manera. Sin lugar a dudas un albergue es lo mejor cuando viajas sola, pero en Perú había que tener mucho cuidado con las pertenencias, con los cual prefería asegurarme quedándome en hoteles.

Después de instalarme fui a dar una vuelta al centro. La Plaza de Armas me pareció bonita y animada. Busqué un sitio para comer y encontré un restaurante vegetariano barato donde me pusieron tanta comida que tuve que guardar la mitad para después. Ya estaba totalmente recuperada y podía comer de todo; parecía mentira que hubiera estado tan enferma tan sólo hacía dos días. Gracias a Dios ahora podía seguir con mi viaje sin complicaciones y con buena salud.

Arequipa es considerada capital jurídica de Perú por ser sede del Tribunal Constitucional. Es la segunda ciudad más poblada del país con 805.150 habitantes. Tiene una gran actividad industrial por lo que se considera al segunda ciudad más industrializada del país. Su casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco ya que cuenta con arquitectura religiosa virreinal, con características europeas y autóctonas.

Al día siguiente no me molesté mucho en ver las atracciones turísticas de la ciudad excepto la Plaza de Armas, la catedral y la iglesia de la Compañía. Hay muchas iglesias, casas coloniales y edificios históricos que vi de pasada. Estuve más dedicada a otras gestiones como lavar ropa, comprar comida, utilizar internet,… y en definitiva ultimar los detalles del final de mi viaje en Perú.

Cañón del Colca (18-19/08/2004)

Por fin llegaba mi último tour de la agencia; mi viaje en Perú se acercaba al final. Me vinieron a recoger una hora más tarde de lo previsto y al subir al autobús me di cuenta de que había mucha gente mayor. Me puse a hablar con una señora que iba con su marido, su hija y su suegra. Habían emigrado a los Estados Unidos hacía muchos años, y su hija, que se había criado allí, no parecía estar muy contenta de viajar por Perú. Tenía quince años y aquello le parecía un rollo, aunque luego cambió de actitud durante el viaje. A mi lado había una pareja de peruano con rasgos indígenas y coleta (aunque este no era bajito, más bien todo lo contrario) y una francesa hippy. Hablaban en francés así que imaginé que vivían en Francia.

Fue una coincidencia que me encontrara a un grupo de españoles que estaban sentados delante de mi el día del espectáculo de danzas folclóricas en Cuzco. También había un señor español con su hijo pequeño y un amigo peruano, una pareja de limeños, una pareja de italianos, unos franceses, etc. Poco a poco descubrí que había más gente joven de la que pensaba. La guía era joven pero no me gustaban mucho sus explicaciones; eran bastante superficiales.

Ubicado en el extremo noroeste de Arequipa, el Cañón del Colca es un profundo valle trazado por el río Colca que comienza en los Andes. Este cañón tiene una gran profundidad, entre 3500 y 4000 m, y aparecen formaciones rocosas en sus inmediaciones. La diversidad de pisos altitudinales, el relieve y la exposición, entre otros factores, determinan una gran biodiversidad de flora y de fauna.

Hasta la hora del almuerzo no pasamos por paisajes muy bonitos. Todo era muy árido y había rebaños de llamas, alpacas y vicuñas. Paramos en varios sitios para hacer fotos y en algunos nos encontramos a indígenas que ponían a sus niños totalmente atavíados con una llama al lado como reclamo para los turistas. Los niños posaban para las fotos mientras los padres aguardaban para salir a pedir el dinero correspondiente. En realidad tenían a sus niños trabajando de modelos, algo que puede resultar polémico, pero yo no pude resistirme a hacer una foto.

Llegamos a Chivay donde comimos y nos repartieron en los hoteles. A mi me pusieron en una habitación con una chica peruana que vivía en Australia desde hacía quince años. Más tarde fuimos a los baños termales aunque yo no me bañé. Conocí a una chica de Lima con la que estuve hablando casi todo el rato y me encontré al grupo de españoles también.

Por la noche fuimos a cenar a la Peña Show, un restaurante tradicional con espectáculo de música y baile. Me senté con toda la gente del tour que había conocido y lo pasamos bien. Lo único malo fue que tardaron mucho en servirnos la comida (tuve que esperar más de una hora!) y encima era cara. Además los músicos y bailarines querían dinero también, menudo negocio tenían montado con los turistas.

Al día siguiente nos levantamos a las 4:30 de la mañana para ir a ver los cóndores. Habíamos pasado mucho frío por la noche y levantarnos tan temprano fue un gran sacrificio. Después de desayunar cogimos el autobús rumbo a la Cruz del Cóndor. Paramos en un pueblo cercano para ver a unos niños bailando el wititic, danza típica de la región en la que los muchachos se camuflan con faldas y sombreros de flecos que ocultan su rostro. Esto era porque no estaba permitido que muchachos de otros pueblos fueran a conquistar a las jóvenes, así que se vestían de mujer para bailar con ellas y así conquistarlas.

Llegamos a la Cruz del Cóndor sobre las 8 y ya había muchos turistas pero los cóndores aún no habían salido. Poco después empezaron a salir y era increíble lo cerca que pasaban, no tenían miedo de la gente. Eran enormes, de hecho es el ave voladora más grande y pesada del mundo, y verlos volar tan cerca fue fascinante; siempre lo recordaré como uno de los mejores momentos de mi viaje. Los adultos llegan a medir hasta 142 cm de altura, y entre 270 y 330 cm de envergadura, y pesan de 11 a 15 kg los machos y de 8 a 11 kg las hembras. Es una de las aves que vuela a mayores alturas, utilizando las corrientes térmicas ascendentes verticales de aire cálido y puede volar por cientos de kilómetros planeando el territorio casi sin mover las alas extendidas.

Luego caminamos un poco por el cañón. Cogimos el autobús e hicimos algunas paradas a lo largo de la carretera para hacer fotos y también en un pueblo donde estaban restaurando una iglesia. En el pueblo había un hombre con un enorme águila para fotos con los turistas. A las 12:30 paramos a almorzar y llegamos a Arequipa a las 6 de la tarde.

A las 7 quedé con Karina, la peruana que vivía en Autralia, para cenar en un restaurante. Ella había quedado también con unos americanos, padre e hijo, y fuimos a un restaurante que resultó más caro de lo que esperaba. Así terminaba mi tiempo en Arequipa y el Cañón del Colca. Al día siguiente volvía a Lima donde pasaría mi último día en Perú antes de volar a Ecuador.

Lima (21-22/08/2004)

Llegué a Lima sobre las 2 de la tarde después de un viaje de 14 horas en autobús. Mi billete de autobús era de clase business, que es como la clase intermedia. Hay que decir que en Perú hay clases en los autobuses, cosa que no había encontrado hasta ahora en otros países. Al final nos metieron en un autobús de la clase más alta, royal class, que salía una hora más tarde, porque al parecer hubo un problema con nuestro autobús. Era todo lujo, con asientos reclinables que se convertían en camas con sus mantitas correspondientes, desayuno por la mañana, etc.

Tengo que decir que estaba un poco preocupada por todo lo malo que había escuchado de Lima, y fueron los propios peruanos los que más me advirtieron de sus peligros. Me dijeron que tuviera mucho cuidado con los taxis, que sólo me subiera en los que tenían un número de registro y de color amarillo, que había algunos falsos en los que no me tenía que subir. Al parecer se habían dado casos de turistas raptados por estos falsos taxistas y les habían robado todo. Me dijeron también que no se me ocurriera ir al centro, que era muy peligroso y me podían atracar a punta de pistola.

Yo me iba a quedar en casa de los padres de mi amiga Carla, una de las peruanas que estuvo de voluntaria en el proyecto de la selva. Lo que más me preocupaba es si sabría elegir el taxi adecuado cuando llegara a Lima. El destino quiso que estuviera protegida porque al final no tuve necesidad de coger ningún taxi. Resulta que mi lado se sentaba otra peruana, también llamada Carla, que me contó que había estado en Arequipa de viaje de negocios. Hablamos mucho por el camino y me dio su tarjeta para estar en contacto; me dijo que no dudara en escribirla si volvía a Perú. Su marido la esperaba en la estación y se ofrecieron a llevarme en coche hasta la casa de los padres de Carla. Fue todo un detalle y la verdad que sentí como si un ángel me hubiera protegido del peligro del taxi. A menudo cuando viajo aparecen estos “ángeles” en forma de personas que te ayudan cuando están en apuros o te salvan de una situación peligrosa.

En la puerta de la casa me esperaba el padre de mi amiga Carla y dentro estaba su madre cocinando. Me pusieron una comida estupenda, me llevaron hasta la habitación de su hija donde iba a dormir y me acompañaron hasta a un internet café cerca de su casa. Di una vuelta por aquel barrio, Miraflores, uno de los más seguros de Lima y donde están gran parte de los hoteles para turistas. No vi más porque la verdad que sola no me atreví a aventurarme en Lima.

Al día siguiente me vino a recoger un taxi de una compañía que los padres de Carla me habían recomendado. Se llamaba Taxi Seguro y como su nombre indica es un taxi que ofrece unas condiciones de seguridad mayores. Eso sí, cuesta más caro que un taxi normal, 10 $ hasta el aeropuerto. La carretera fue gran parte del tiempo junto a la costa y el conductor me contó algunas cosas por el camino sobre la ciudad. Cuando llegué, facturé y me dispuse a esperar mi avión a Quito. Tardé dos horas en salir, pero yo quería estar con tiempo de sobra para no arriesgarme. Ahora empezaba un nuevo viaje en un nuevo país: Ecuador, el cuál puedes leer en la entrada correspondiente. Perú había sido increíble, pero me ha quedado mucho por ver y espero regresar si tengo una oportunidad. Eso sí, la próxima vez quiero volver acompañada, eso sí lo tengo claro.

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