Cataratas del Niágara

Nuestro tren a Niagara salía a las 8 y llegaba a las 10:30, no íbamos muy lejos de Toronto. Ese tren también iba a New York y era americano, y la verdad que se notaba la diferencia con los canadienses.

En Niagara nos esperaban mis amigos americanos Sean y Carolyn. A ellos los conocí en Salamanca, ciudad en la que viví un año; les daba clases de español. Fue una alegría verlos después de dos años que no los veía. Dejamos el equipaje en su coche y nos fuimos andando hasta las cataratas.Por el camino vimos el pueblo, que me pareció bastante hortero, parecía una especie de parque de atracciones. Quizás era así porque esa zona estaba cerca de las cataratas y allí iban los turistas.

Caminamos hasta las cataratas, y ¡guao, qué pasada! Ver algo como lo que veis en esta foto no deja indiferente.

El nombre «Niágara» viene de una palabra iroquesa que significa «trueno de agua». Las Cataratas del Niágara (Niagara Falls) son un pequeño grupo de cascadas en el río Niágara en la frontera entre los Estados Unidos y Canadá. Situadas a unos 236 metros sobre el nivel del mar, su caída es de aproximadamente 52 metros. Aunque no tienen una gran altura, son muy amplias y son las más voluminosas de América del Norte, ya que por ellas pasa toda el agua de los Grandes Lagos. Son un lugar de turismo compartido por las ciudades de Niagara Falls (Nueva York) y Niagara Falls (Ontario). Nosotros estábamos en el Niagara canadiense.

Compramos los tickets para the Maid of the Mist, el barco que nos llevaría hasta las cataratas para verlas de cerca. Nos dieron unas capas de agua para no mojarnos.

Nos acercamos bastante a las cataratas y el ruido era ensordecedor. Aquella mole de agua cayendo era impresionante.

Siempre supe que algún día vendría a verlas y por fin ese día había llegado. Lo único que a mi gusto le quita un poco de encanto es que estén en plena ciudad, me hubiera gustado más encontrármelas en medio de la naturaleza salvaje.

Desde allí vimos turistas en la parte americana visitando las cataratas. Llevaban unas capas de agua amarillas y en lugar de acercarse en barco, iban andando por unas pasarelas.

Después fuimos caminando para acercarnos a las cataratas desde arriba. Había un paseo junto a las cataratas y se podían hacer fotos en distintos puntos. Era algo impresionante ver la fuerza que tenía el agua; desde luego que no deja indiferente.

Llegó la hora de comer y fuimos a un merendero de un parque. Luego cogimos el coche para ir a Nueva York pero antes había que pasar por la temida frontera de Estados Unidos (Buffalo). Si quieres saber cómo fue nuestra experiencia de cruzar la frontera por tierra, te invito a que leas el siguiente capítulo de este gran viaje.

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