Mi llegada a Londres y primeros días

Diez años después, vuelvo a tierras británicas para buscarme la vida, sólo que esta vez me voy a la capital, Londres, la gran metrópolis de la inmigración en Europa. No elijo este lugar por preferencia sino más bien por obligación, pues ahora mi prioridad es encontrar trabajo más que vivir en un sitio bonito. Aún así, me he venido aquí poco convencida y no sé si me quedaré o al final me iré a otro sitio de este país (pienso más en Escocia) o quizás cruzar el charco para aventurarme en el continente americano (que era la idea original para este año pero allí). De hecho, si me hubieran concedido el visado de working holiday que pedí para Canadá, ahora estaría rumbo a este país, que es mi favorito de todos. No quiso el destino que me dieran el dichoso visado; por desgracia se conceden un número limitado de estos visados en España y yo lo pedí un poco tarde.
Pero ya no hay tiempo para lamentaciones y hay que centrarse en lo que ahora hay. Esta vez estoy relatando en directo esta aventura en lugar de hacerlo a posteriori como hice con mis otros viajes. Por primera vez comienzo a escribir una entrada que no sé cómo va a terminar y os animo a que la sigáis pues seguro que estará llena de sorpresas. Esta va a ser la vez que más voy a improvisar de todas mis estancias en el extranjero ya que no hay planes concretos, sólo ideas y sueños, y lo que suceda finalmente dependerá de las oportunidades que vayan surgiendo.

Llegada a Londres

Llego a Londres un 21 de febrero por la noche en un avión de Easyjet, con una pesada maleta que a pesar de todo es sólo una mínima parte de mis pertenencias. Fue difícil decidir que traer y al final no queda más remedio que asumir que tienes que dejar muchas cosas; mudarse a otro país no es igual que cuando te mudas a la ciudad de al lado. Y si encima no sabes cuántas vueltas vas a dar, mejor no ir muy cargada.

En el aeropuerto de Gatwick pregunté por la parada del Easybus que me llevaría al centro de Londres. Llegué diez minutos antes del autobús que tenía reservado que era a las 22:10, una suerte tremenda, buen comienzo. Después de un rato en el autobús, aparecieron las primeras casitas británicas con sus jardines y empecé a emocionarme. Era inevitable no acordarme de la época en la que viví en estas tierras y en Irlanda, y es que debo decir que el ambientillo que se respira en esta parte del mundo me encanta, y ya empezaba a percibirlo. Empezamos a acercarnos a la ciudad y atravesamos las primeras calles con sus pubs, tiendas y otros negocios. Ya estaba todo escrito en inglés, se acabó el mundo del español, Madrid y todo lo que allí dejé; ahora empezaba una nueva etapa de mi vida.

Al llegar a Earl’s Court, donde terminaba el autobús, me bajé y fui a buscar un taxi. Afortunadamente mi amiga vivía en la misma zona de la ciudad, el oeste de Londres, y el taxi no me costó muy caro, 11 £ (pensaréis que sí es caro, pero para Londres, una de las ciudades más caras de Europa, no lo es). El conductor del taxi, un indio con acento británico, empezó a hacerme preguntas y al final mantuvimos una animada conversación. Llegamos al bloque de apartamentos donde vivía mi amiga y que estaban separados de la calle por una reja. Entramos y allí en el parking de los apartamentos me dejó el taxista.

Mi amiga Elitza, una búlgara que conocí en el Camino de Santiago, vino a recibirme. La verdad que fue una suerte que ella me ofreciera quedarme en su casa ya que no tuve mucha suerte con los couchsurfers esta vez. Me preparó la sala de estar donde había un sofá cama para que me pudiera quedar los días que necesitara hasta encontrar piso. Me dejó una llave para que pudiera entrar y salir de su casa mientras ella estaba en el trabajo, y me dijo que podía coger lo que necesitara. Su generosidad en una situación como la mía es de agradecer, no sé qué habría hecho si no hubiera contado con su ayuda.

Entrada de los apartamentos

Vistas desde mi improvisada habitación


Al día siguiente por si no fuera poco, además me invitó a cenar en el pub de enfrente. Tomamos una cena típica inglesa pero vegetariana (Elitza es vegetariana) que consistía en un puré de verduras (que aquí llaman sopa, no sé por qué), una sheperd’s pie (pero con lentejas dentro en lugar de carne que es lo tradicional) y un postre con toffee y mucho azúcar (sticky toffee pudding). El pub era típico inglés, muy grande y acogedor a la vez, y Elitza me contó que desde la ventana que teníamos al lado se podían ver unos preciosos jardines donde la gente podía sentarse a beber cuando hacía buen tiempo. Ahora, como era de noche, no se podía ver nada.

Aquella noche estuvimos hablando del Camino de Santiago (viaje que tengo pendiente de escribir, por cierto), de las experiencias que nos acontecieron allí y de la gente que conocimos. Curioso que gracias a que un día hice ese fascinante camino, ahora tenía gente que me ayudara en Londres, no sólo por Elitza, sino por otra persona más que luego mencionaré. Elitza me contó que sus comienzos en Londres fueron duros y que por entonces, hace ya quince años, apenas tenía dinero. Sin embargo, hubo gente que la ayudó y por eso ahora siente las ganas de ayudar a otros que están en aquella situación. A mi ahora me están ayudando y yo en su día también ayudé a extranjeros que vinieron a Madrid a viajar o a quedarse un tiempo. En estos tiempos de crisis o nos ayudamos unos a otros, o no hay nada qué hacer, y creo que esa puede ser la parte positiva de esta situación, que habrá un mayor hermanamiento.

Mis primeros días en West London

Los días que siguieron yo estuve muy ocupada con las gestiones típicas de buscar trabajo y piso, comprarme un móvil inglés y otras cosas, pero como estaba acatarrada (por desgracia me traje un catarro de España), no me cundió tanto como esperaba. Acabé conociéndome bien esta zona que está entre Sheperd’s Bush y Hammersmith, llendo de un lado a otro. Lo mejor que hay aquí cerca es el parque de Ravenscourt, del que pongo algunas fotos a continuación.

Una de las cosas que más me gusta de los parques británicos es la variedad de aves acuáticas que se pueden ver.

Caminando por las calles de Londres no puedo dejar de asombrarme por la cantidad de gente variopinta que pasa junto a mi. A pesar de haber estado antes en Londres, en el año 2001, no deja de sorprenderme esta mega metrópoli tan poblada y mezclada. Y aquí he ido yo a parar, a uno de los puntos con más inmigración de toda Europa, donde confluyen culturas y nacionalidades tan diferentes, gentes o antepasados suyos, que abandonaron su país un día para buscarse la vida en un lugar con más oportunidades. Curioso que el imperio británico que tanto conquistó y colonizó, ahora se ve invadido por una avalancha de gente de todas partes, especialmente de aquellos lugares que un día fueron parte de sus dominios. Y yo una más entre todos ellos, buscándome la vida también, sin saber muy bien todavía si quiero estar aquí o no. La crisis me ha visto forzada a tomar esta decisión, aunque debo admitir que casi me alegro porque en Madrid no me quería quedar.

Sin duda alguna lo que más abunda en Londres son los indios, y habiendo estado en la India hace poco, me alegra ver a tantos de ellos allí; aunque estos indios hablan más con acento británico que con el gracioso y peculiar acento indio que a veces tanto me costaba entender. Muchos de ellos ya han nacido en tierras británicas, e incluso los padres de algunos de ellos también. En los supermercados y tiendas casi todos los que trabajan son indios, así como otros trabajos poco cualificados, aunque supongo que los que han nacido aquí tendrán mejores oportunidades.

Una escapada al parque de Hampstead

Llegó el fin de semana y debido al sorprendente buen tiempo que teníamos, decidimos salir a pasear. Elitza me llevó a Hampstead, parque más grande y antiguo de Londres. Yo no había ido allí en mi anterior estancia en Londres, así que estuve encantada de poder conocer un nuevo lugar. Lo que más me gustó de este parque es que era muy natural, tipo bosque, en lugar de ajardinado.

Entre las atracciones turísticas del parque está Kenwood House, palacio del S. XVII que actualmente está abierto al público como museo. En su interior se encuentran las obras de arte de Lord Iveagh, miembro de la familia Guinness. La colección de cuadros se centra en el barroco holandés y la pintura británcia de los siglos XVIII y XIX. Destacan dos pinturas de fama internacional, La tañedora de guitarra de Vermeer y un Autorretrato de Rembrandt de 1661.


Cuando salimos de allí caminamos hacia el precioso lago que había enfrente donde muchos patos nadaban a sus anchas.


Después cogimos un camino que nos llevó a un espacio abierto donde vimos mucha gente. Resulta que aquel día estaba teniendo lugar un maratón masculino y muchos corredores pasaron delante de nosotras.

De ahí caminamos a Parliament Hill, una pequeña colina desde donde se apreciaban unas buenas vistas de Londres.

Luego fuimos a buscar un sitio para comer en el barrio de Hampstead, que por cierto tiene mucho encanto y elegancia.

Al día siguiente fuimos a pasear por la zona del río Támesis que queda cerca de la casa de Elitza y estuvimos andando siguiendo el curso del río hasta llegar a Kew Gardens, que es donde está el jardín botánico de Londres. Allí cogimos un autobús hasta Kingston, donde vivía una amiga de Elitza que tenía una habitación disponible para alquilar. Quería ver la casa por si me gustaba para vivir allí, ya que me podía ofrecer la habitación a muy buen precio. Antes de ir a la casa estuvimos paseando por el pueblo, muy bonito por cierto, del que hablaré más adelante con sus fotos correspondientes.

El lunes fui a ver otra casa en el norte de Londres, un poco lejos del centro eso sí, donde un señor que conocía Jade (la novia de Marc, un buen amigo alemán que también conocí en el Camino de Santiago) podía alquilarme una habitación a buen precio. Jade era vietnamita pero llevaba viviendo en Londres desde pequeña y fue otra de las personas que más me ayudó durante mis primeros días en Londres. No me llamaba mucho vivir con un señor de cincuenta y tantos lejos del centro, pero quizás era una opción hasta que encontrara un piso que me gustara. El caso es que la casa no me gustó, ni tampoco la zona, así que al final decidí irme a vivir a Kingston. En principio me quedaría allí hasta que me saliera trabajo y después me buscaría una casa que estuviera cerca.

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4 pensamientos en “Mi llegada a Londres y primeros días

  1. Muchas gracias!! Al principio ha sido duro pero por fin he empezado a trabajar esta semana y en un trabajo que está muy bien. Sí, es una ciudad que está genial para una temporada, aunque toda la vida aquí yo no me veo, preferiría establecerme en un sitio más pequeño y cerca del campo. Pero de momento no me quejo, y voy a disfrutar de todo lo que tiene para ofrecer esta ciudad que es mucho. Seguiré publicando cositas de Londres y alrededores pronto, a ver si saco un rato.

    Un abrazo!!

  2. Hey! me alegro que encontraras trabajo ya. Verás como dentro de nada te sientes como en casa (si no lo estás ya). Ahora estáis teniendo algo de solecito¡ jejejeje…

    A ver si hago otra escapada a Londres y nos vemos!

    Un abrazo!

    • Muchas gracias! Todavía no me siento como en casa, de hecho estoy buscando piso otra vez ya que donde estoy ahora me pilla lejísimos del trabajo. Esto lleva su tiempo, pero poco a poco. Sí, hay solecito, casi no ha llovido desde que llegué; resulta que aquí también hay sequía, pero frío también hace, aunque los ingleses salgan en manga corta. Si vienes por aquí avísame, y nos vemos, claro.
      Un abrazo!

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