De vuelta en West London

Publico ahora esta entrada pero en realidad hace tiempo que volví a esta zona de Londres donde pasé mis primeros días; ha sido la falta de tiempo lo que me ha impedido escribirla antes. A primeros de abril tuve que dejar la casa donde estuve viviendo en Kingston y decidí mudarme más cerca del trabajo. Encontré una casa en el área de Brentford, no exactamente en el pueblo que lleva el mismo nombre, pero cerca. Mi calle está en una zona residencial junto al precioso parque de Gunnersbury, el cual cruzo cada día para ir a coger el autobús que me lleva al trabajo.

Aunque la casa donde vivo es bastante impersonal y poco acogedora, decidí quedarme por el precio y por la relativa cercanía a mi trabajo, además de por el parque que tengo al lado que me encanta. Ahora Hammersmith, Ravenscourt Park, Chiswick y Shepherds Bush son las zonas de Londres donde paso la mayor parte de mi tiempo, aquellas que estuve explorando en mis primeros días en la ciudad. Básicamente la causa ha sido haber conseguido un trabajo en esta zona, y la verdad que no me quejo, este trocito de Londres me encanta.

Es curioso como una cosa te lleva a otra en la vida y al final acabas estando donde tienes que estar. Había pasado mis primeros diez días en Londres en esta zona de la ciudad porque una amiga que vive allí me acogió en su casa. El día antes de mudarme a Kingston estaba paseando por el parque de Ravenscourt, que está muy cerca de la casa de mi amiga, y vi un precioso centro de jardinería. Me paré en la puerta y vi un cartel en el que solicitaban personal “part-time”. Lo primero que pensé es que me encantaría trabajar en aquel sitio, así que volví más tarde para dejar mi curriculum. Dos semanas más tarde me anunciaban que me daban el trabajo y unos días después empecé a trabajar.

Aquí pongo algunas fotos de mi lugar de trabajo. No creáis que hacía siempre este sol, tuve que esperar mucho hasta tener un día tan bueno para hacer las fotos. Es un lugar envidiable para trabajar, ¿verdad?

El trabajo sólo llegó a ser a “part-time” en teoría porque al final acabé trabajando casi todas las semanas “full-time”. Tardaba aproximadamente una hora en llegar desde Kingston y al principio no me importaba mucho, pero con el tiempo acabé cansándome de tanto viaje. Cuando empecé a plantearme que quizás debía mudarme más cerca del trabajo, la señora con la que vivía en Kingston me comunicó que tenía que dejar mi habitación a primeros de abril porque su hijo volvía a casa y se quería quedar con mi habitación.

Empezó entonces la odisea de buscar casa en Londres, algo realmente complicado y estresante. Me dejé mucho tiempo y dinero en búsqueda por diversas páginas, emails y llamadas. Finalmente me mudé a la desesperada a una casa en un precioso barrio residencial junto al parque de Gunnersbury, en el distrito de Brentford. Aquí algunas fotos de la casa y otras de alrededor, una maravilla, ¿verdad?


La zona está bien comunicada por metro y autobús, aunque desde casa hay una caminata importante hasta las respectivas paradas. El metro más cercano es South Ealing, en Picadilly Line, a unas pocas paradas de Heathrow, en el suroeste de Londres. Para ir al trabajo sobre todo he utilizado el autobús H91 que va hasta Hammersmith y tiene una parada en Ravenscourt Park. Con la excusa de coger este autobús, tengo que cruzar el parque de Gunnersbury cada mañana, una gozada y la mejor forma de empezar el día.

Por otro lado el ambiente de la casa no me gusta tanto ya que resultó ser una especie de hotel improvisado llevado por una familia siria sin ningún espacio para compartir. Mis tres compañeros de piso van a lo suyo y sólo he hablado en contadas ocasiones con uno de ellos. Parte de la familia siria vive abajo y tiene acaparado el salón, el jardín y gran parte de la cocina. Tengo que almacenar mi comida y parte de mis utensilios de cocina en mi habitación, y comer allí en mi pequeña mesa plegable. Parece estúpido vivir en semejantes condiciones, pero creédme que en Londres el tema de la vivienda está complicadísimo y hay mucha gente aprovechándose de ello, haciendo negocio con los muchos que aquí venimos a buscarnos la vida. Yo en cuanto vi el plan pensé en buscar otra cosa cuanto antes. Después de intentarlo y ver que no encontraba una habitación a un precio razonable, y cuando la encontraba, enseguida la cogían y me quedaba sin ella, terminé por abandonar. Decidí quedarme aquí hasta mis vacaciones en España en el mes de julio. A la vuelta ya veremos a qué parte de Londres vamos a parar. Ay, qué cansado es esto de ser nómada.

A continuación pongo un índice de los distintos sitios de West London que he podido visitar en este tiempo. Si haces click en el título correspondiente, te llevará al sitio de la página donde hablo de cada uno de estos lugares junto con sus fotos correspondientes.

Acton Town: De pueblo a distrito de Londres
Gunnersbury Park: Un parque con mucha historia
Hammersmith: El corazón de West London
Chiswick: Elegancia junto al Támesis
Barnes: Un paraíso natural en plena ciudad


Acton Town: De pueblo a distrito de Londres

Este es el pueblo que tengo más cerca de casa, aunque no tanto como para ir andando. En autobús tardo unos 10 minutos en llegar, el famoso E3 que va hasta Chiswick y parte de la zona de Ealing. En realidad Acton Town es parte del distrito de Acton, junto con East Acton, Acton Central y South Acton. Lo mismo pasa con Ealing que está cerca, también se divide en West Ealing, East Ealing, etc. Ambos (Ealing y Acton) están dentro de London Borough of Ealing, que es como un área de Londres.

Esto puede parecer un poco lío pero para que lo entendáis, digamos que por un lado está Londres (la ciudad en sí) y por otro lado están todos los distritos satélites que antes eran pueblos independientes pero con el tiempo la ciudad los ha ido absorbiendo. Así está Central London (que es lo que todo el mundo entiende por Londres y lo que visitan los turistas) y Greater London (que es todo los distritos-pueblos de alrededor).

Acton significa “oak farm” (granja de robles) que viene de la palabra anglo-sajona ac (roble) y tun (granja). Se convirtió en distrito urbano de Middlesex en 1894, y en 1965 pasó a formar parte de Greater London. Durante el S. XX Acton ha sido un importante centro industrial. También ha atraído a numerosos inmigrantes, sobre todo irlandeses, polacos y árabes, además de haber una comunidad japonesa (aunque yo apenas he visto japoneses). A mi lo que más me parece que hay son árabes, o por lo menos son los que más veo por la calle, y han llenado las calles con sus tiendas y restaurantes.

Acton en sí no tiene gran cosa para ver y sinceramente no me parece un pueblo bonito. Sólo cabe destacar la plaza que es un espacio triangular llamado The Mount, donde se juntan King Street y High Street. Allí destaca la iglesia de St Mary, único edificio que da cierto interés a esta plaza.

También hay un parque, Acton Park, que fui a visitar un día, pero se queda muy corto al lado de su vecino Gunnersbury Park.


Gunnersbury Park: un parque con mucha historia

El nombre de este parque viene de Gunylda, la sobrina del rey Canute que vivió aquí en el siglo XI. Desde entonces han sido muchos los aristócratas, eclesiásticos, políticos, comerciantes y miembros de la familia real que han vivido en estas tierras. En 1925 los últimos propietarios lo vendieron y pasó a convertirse en un parque del distrito de Brentford.

En el S. XIX los propietarios construyeron dos mansiones, una grande y otra pequeña. La grande es hoy día el museo del parque.

Cerca de allí hay un estanque con un edificio del S. XVIII que se asemeja a un templo.

En el parque hay enormes extensiones que alojan numerosos campos de fútbol y rugby.

Cerca de la salida que da a la carretera donde cojo el autobús, al final de Lionel Road North (mi calle), hay otro estanque que está vallado y rodeado de vegetación, más salvaje que el otro.

Al lado hay una especie de torre que no parece que esté muy cuidada, pero merece la pena una foto.

Este parque es un paraíso para relajarse y desconectar, y los residentes de la zona lo aprovechan bien. Siempre ves gente paseando a sus perros, corriendo o montando en bici.


Hammersmith: El corazón de West London

Se trata de un distrito urbano de West London, junto a la parte norte del río Támesis. Es un importante centro de transportes, contando con estación de metro y autobús.


La calle principal es King Street y cuenta con numerosas tiendas, restaurantes y pubs.

Tiene al precioso parque de Ravenscourt, del que ya hablé en mi primera entrada de Londres, un oasis en medio de Hammersmith. Ahí es donde está el centro de jardinería donde trabajo. Tiene un precioso estanque con aves acuáticas, jardines y amplias zonas verdes donde los perros corren a sus anchas.


Un día descubrí de casualidad el pequeño pero precioso parque de Hammersmith, al que no conocía antes.


Tenía algunas plantas y elementos que recordaban a un jardín japonés, como puede verse en esta foto.


Chiswick: Elegancia junto al Támesis

Este suburbio o barrio de West London es uno de mis favoritos, y de hecho estuve buscando casa aquí durante un tiempo, pero tuve que descartarlo por los elevados precios de los alquileres. Es parte del distrito de Hounslow, al igual que Brentford, Acton Town y Ealing, que es por donde yo vivía, pero tiene una elegancia de la que carecen estos. Quizás sea su estratégica situación junto al Támesis, la abundancia de sus jardines y sus lujosas casas lo que confiere a este lugar una belleza inigualable.

Históricamente formaba parte del condado de Middlesex, pero con el tiempo fue englobado por Londres y hoy forma parte de lo que se llama Greater London. Tradicionalmente su economía se basaba en la agricultura y la pesca. Curiosamente su nombre viene del inglés antiguo “Cheese Farm” (granja de queso), pues al parecer había muchas muchas granjas a las orillas del Támesis que participaban en una feria de quesos.

Las fotos que pongo en esta entrada son casi todas del día 10 de junio, un día espléndido de sol y calor, en el que yo trabajaba pero que tuve la suerte de salir más temprano con la excusa de visitar el jardín de un compañero de trabajo. Bueno, en realidad no es suyo, sino que trabaja allí de jardinero. Resulta que en Inglaterra hay un programa que se llama “Gardens open for charity” (NGS) que consiste en gente que quiere ayudar a una ONG abriendo las puertas de su jardín al público un día. El dinero que recaudan con las entradas, se lo dan a la ONG que elijan. Ofrecen al visitante, aparte de la visita al jardín, un típico té con pastas, estilo inglés.

Mi compañero llevaba mucho tiempo diciéndonos que fuéramos a ver “su jardín”, que lo estaba dejando precioso para el gran día, que no nos lo podíamos perder. Total, que yo hablé con mi jefa por si podía salir una hora antes del trabajo para ver su jardín (era domingo pero yo trabajaba, como casi cada fin de semana). A ella le hacía ilusión que al menos yo pudiera ir, ya que no había nadie más en el trabajo que pudiera, así que hasta me puso un taxi a las 5 de la tarde para llevarme al jardín de nuestro compañero, en Chiswick. Así llegué toda chula a este elitista barrio en mi taxi (era el segundo que cogía desde que me vine a Londres, y porque me lo pagaban, que si no nada), eso sí, mi indumentaria muy elegante no era porque vine directa del trabajo con el uniforme puesto (rodilleras del pantalón manchadas de tierra, por cierto). Pero bueno, que mejor que ir a visitar jardines con mis pintas de jardinera, y a quién no le guste que no mire, ¿no?

La casa estaba en Church Street y me costó un poco encontrar la entrada porque no estaba a pie de calle, sino metida en una pared junto al cementerio de la iglesia de St Nicholas. Qué yuyu, no sé cómo podía vivir la familia tan tranquila al lado del cementerio. No sé si lo he mencionado antes en esta entrada o en otra, pero los ingleses no temen a los cementerios como los españoles. En España se ha intentado llevar los cementerios poco a poco a las afueras de las ciudades, pero en Inglaterra los viejos cementerios siguen en su lugar y no importa si están en medio de la ciudad y con casas al lado. Ni se ponen muros altos ni setos alrededor, a nadie parece incomodarle la visión de las tumbas. Es algo curioso, y la verdad que una amiga española que vino a visitarme también advirtió esto enseguida. Aquí una foto de la iglesia con su cementerio, para que veáis quiénes tenían de vecinos la familia del jardín.
Al llegar a la entrada, me encontré a uno de los hijos y le dije que era compañera de trabajo de su jardinero. Me acompañó al jardín y me dijo que si quería tomar algo, ahí tenían el té y otras infusiones acompañadas por una gran variedad de bollitos y pastas.

Había gente visitando el jardín y también parecía que algunos eran parientes de la familia. Todos iban muy bien arreglados para la ocasión y yo parecía desentonar un poco, pero a mi me daba igual y me puse a hacer fotos. Mi compañero de trabajo ya no estaba, se había ido hace un rato.


De repente se me acercó un perrito inglés muy gracioso, con bigotes y todo. Me lo imaginaba vestido de lord inglés en los dibujos animados de Willy Fog, no me digáis que no. El perrito era de lo más cariñoso, de carácter inglés tenía poco, porque desde que le empecé a acariciar no paraba de seguirme para recibir más mimos.

Me encontré con Lucy, una compañera de trabajo que no trabajaba los fines de semana, que estaba allí con su padre. Así que ya éramos dos de la empresa que habíamos ido a ver el jardín de nuestro compañero Joe. Me hizo esta foto, la única en la que salgo en toda la tarde.

El jardín era muy pequeño y no tenía mucho más que ver. Después de un rato, me marché en busca de más jardines y paisajes junto al Támesis. Descubrí de casualidad un jardín junto al río y me acerqué a verlo. El jardinero estaba allí y se ofreció amablemente a enseñármelo. Era un chico joven que había hecho un curso de horticultura de un año y ahora trabajaba en jardines de distintas casas. Yo le conté que trabajaba en un centro de jardinería aunque no aquella no era mi verdadera profesión. En el jardín del río tenía una sección de huerto con verduras y hortalizas.
Se ofreció a llevarme al “back garden” (jardín de detrás de la casa) que también se abría ese día para el programa NGS. Este jardín era mucho más grande que el de mi compañero, y sintiéndolo mucho por él, me gustó mucho más. No era tan rectangular y cuadriculado, era más salvaje y de aspecto más natural.


Por último me enseñó el “front garden” (jardín de la entrada). Muchas casas en Chiswick tienen su “back garden”, su “front garden” y su “river garden”, eso sí que es lujo.


Aproveché para hacer algunas fotos desde el jardín del río, unas vistas preciosas. Daba gusto sentarse allí a descansar y contemplar el atardecer.


Pero yo no me quedé mucho tiempo, quería seguir para ver más. Hice algunas fotos más de jardines junto al río y de las vistas.
Llegué hasta este concurrido pub donde mucha gente se reunía con sus amigos para beber y disfrutar de la soleada tarde de domingo.


Muchos paseaban junto al río o se sentaban en la orilla a relajarse. Era increíble la cantidad de gente que salía a la calle cuando el tiempo era bueno en Inglaterra. Muchos también se sentaban en el césped a tomar el sol o a comer su picnic con la familia.


Hice fotos del puente de Hammersmith, y hasta allí caminé luego. Desde allí cogí un autobús a casa; vaya caminata me había metido, al final acabé cansada (además que ya llevaba unas cuantas horas de trabajo encima).
Quería añadir una zona más de Chiswick por la que pasaba cada día en el autobús y que me gusta mucho, y es Turnham Green. Allí hay una estación de metro y los alrededores son calles muy chulas de Chiswick, con sus tiendas, cafés y restaurantes. Por allí cerca también está Christ Church Turnham Green, una iglesia muy bonita en medio de un espacio verde.



Barnes: Un paraíso natural en plena ciudad

Ahora llega el momento de hablar de uno de mis sitios favoritos de West London, sino el que más. Me habían hablado mucho de este lugar, una reserva natural en pleno Londres. Muchos londinenses me recomendaron ir a visitarlo cuando les contaba que era bióloga ambiental y apasionada del mundo de las aves. Aproveché la visita de un amigo español, Jeffrey, para ir allí. También se vino una amiga nuestra, Blanca, que vive en Londres como yo. Ambos estuvieron en mi viaje de India del año pasado.

Quedamos en la estación de autobuses de Hammersmith un 14 de mayo, gris y lluvioso, pero era el día que teníamos libre los tres, así que decidimos ir a pesar de las malas condiciones meteorológicas. Allí cogimos el autobús 283 que nos dejó en la misma entrada de la reserva. Me sorprendió lo corto del trayecto, apenas tardamos 10 minutos, así que en verdad que se trataba de una reserva en plena ciudad.
A continuación os contaré un poco sobre este lugar. WWT London Wetland Centre es una reserva de humedal gestionada por Wildfowl and Wetlands Trust (si hacéis click sobre los nombres, podéis leer más sobre la reserva y la organización), situada en Barnes, dentro del área de Richmond upon Thames (distrito del suroeste de Londres). Está dedicada  a aves acuáticas ya que esta organización se dedica a su conservación. Hay ocho centros más de esta organización repartidos por el país, aunque este es el único tan cercano a una gran ciudad. Por cierto, yo ya había visitado uno de estos centros en mi anterior estancia en Gran Bretaña en el 2001. Fue el centro de Washington, cerca de Newcastle upon Tyne, lo podéis encontrar al final de la primera parte de mi entrada.

Este centro fue abierto por primera vez en el año 2000, y en el 2002 fue reconocido como Sitio Científico de Especial Interés. Tiene un área de más de 40 hectáreas que tenía un embalse pero fue transformado en humedales (digamos que se creó artificialmente aunque tiene un aspecto natural). Es el primer proyecto urbano de este tipo en Gran Bretaña, y no hay otra reserva de este tipo en ninguna otra parte del mundo (todavía).
Construir este lugar fue todo un reto y llevó mucho trabajo. En el documental que vimos casi al final de nuestra visita, se explicó al detalle cómo se llevó a cabo semejante obra. Gracias a ello, muchas aves se han visto atraídas por este humedal y han venido a vivir aquí, ya sea de forma permanente o temporal. Se trata de aves que no se encuentran en ningún otro lugar en Londres, y que no habrían venido de no ser por este lugar. En la década que ha transcurrido desde que se abrió el centro, se han contabilizado hasta 200 especies de aves aquí.

Pero aparte de las aves que han llegado aquí espontáneamente, están las de la colección, es decir, aves que se han traído de distintos lugares del mundo. Para ello, se han recreado sus hábitats en el país de origen, y así se pueden visitar las aves de Asia, las de Norteamérica, las de Sudamérica, etc, agrupadas por su región. Es una oportunidad para ver aves acuáticas raras y exóticas de diversos lugares del planeta.


Al llegar al centro, compramos las entradas en la recepción. Aprovechamos para preguntar si había alguna visita guíada, y nos dijeron que había una a las 2 de la tarde. Quedaba algo más de una hora, así que aprovechamos para visitar el edificio del centro y subir a la parte de arriba para unas vistas de la reserva.

En la parte de arriba nos hizo gracia que lo habían decorado como si fuera un aeropuerto para aves, con la zona de llegadas, control de pasaportes, aduana, etc. Había unas cristaleras enormes con paneles que mostraban los edificios de Londres que se veían desde allí.

Estaba claro que estábamos muy cerca de la ciudad, tal como mostraban los edificios que asomaban detrás de los humedales.


Después visitamos el museo o centro de interpretación que estaba en la planta de abajo. Contaba con una interesante y didáctica exposición sobre humedales y otros ecosistemas acuáticos, junto con su fauna correspondiente.


Aprovechamos el tiempo que nos quedaba para comer. Como llovía mucho nos metimos en la cantina donde servían estupendas comidas a un precio razonable. Yo de todas formas llevaba mi bocadillo, pero mis compañeros sí aprovecharon la ocasión de probar la comida de allí.


A las 2 de la tarde fuimos al punto de encuentro donde nos esperaba la guía, que era donde estaba la libélula gigante. Sólo fuimos nosotros, a ver quién más tiene la ocurrencia de visitar este lugar en un día tan lluvioso. La guía era una señora mayor, apasionada de las aves, que hacía este trabajo como voluntaria (hay que decir que en este país muchos pensionistas hacen voluntariado, y parece muy popular lo de ser guía). La mujer nos pareció muy simpática y además tuvo el detalle de hablar claro y despacio para que pudiéramos entenderla. Nos contó que era australiana pero se vino de jovencita, se casó aquí y acabó quedándose.

Empezamos a caminar con una lluvia moderada pero que requería el uso del paraguas o impermeable. Era un poco incordio a la hora de hacer fotos, pero qué remedio. Nuestra guía nos llevó primero a la estatua de Peter Scott, fundador de WWT, también fundador de WWF (parece ser que él diseñó el famoso logo del panda), que era hijo del explorador antártico Robert Scott. Al parecer también es dibujante y ha dibujado muchas aves acuáticas.

Eso es todo lo que nos contó la guía, pero después he investigado en internet sobre él y me he quedado alucinada de todo lo que ha hecho este hombre. Heredó su talento artístico de su madre que era escultora y su pasión por la naturaleza, los viajes y el deporte (vela y patinaje sobre hielo) de su padre que era explorador. Por mencionar algunos de sus logros: ganó una medalla de bronce en la competición de vela de las Olimpiadas de Berlín, sirvió en la marina en la Segunda Guerra Mundial, creo varias organizaciones de conservación de la naturaleza, realizó expediciones ornitológicas por todo el mundo, hizo documentales de historia natural en la BBC, escribió e ilustró varios libros, colaboró en varias universidades,… ah y con cuarenta y tantos años le dio por meterse en el mundillo del vuelo sin motor llegando a ser campeón británico (tanto le gustaban las aves, que claro, como no iba a querer volar él también). Además le dio tiempo a casarse dos veces y tener tres hijos. Ay que ver lo que le dieron de sí los casi 80 años que vivió, qué portento de hombre.

A continuación la guía nos llevó a la zona de la colección, donde estaban las aves exóticas de distintos países. Para ir hasta allí, entramos por la “West Route”, la zona oeste de la reserva.


Empezamos visitando la sección de Europa. La primera en recibirnos fue la barnacla cuellirroja, un pequeño ganso muy colorido del norte de Europa.
Vimos estos preciosos patos colorados, que están en España también, aunque yo no he tenido la suerte de verlos muchas veces. En la foto hay dos machos y una hembra, que cómo podéis ver son muy distintos, ya que las anátidas en general suelen tener un marcado dimorfismo sexual.
Allí pudimos ver aves que estaban en peligro de extinción, algunas de las cuales habrían desaparecido de no ser por este tipo de centros. Se han llevado programas de cría en cautividad con algunas de estas especies. Una de las que vimos es la malvasía cabeciblanca, que en España está también pero es muy rara de ver. Una de las principales amenazas de esta especie es la hibridación con la malvasía canela, una especie americana introducida en Europa que se está expandiendo con mucha facilidad. Por si no lo sabíais, la introducción de especies exóticas ha causado estragos en muchas de las poblaciones de especies autóctonas en diversos países, y es un problema muy grave por lo difícil que es de controlar la expansión de estas especies.
Después fuimos a la zona de Asia, y allí pudimos ver esta curiosa ave (lo siento pero no recuerdo el nombre, y no tuve oportunidad de apuntar las especies porque llovía).


Luego continuamos caminando por un precioso sendero hasta un observatorio desde donde se veían los humedales.
Allí están las aves que espontáneamente han venido a vivir aquí, que son aves de este país o de otros sitios de Europa que vienen en sus migraciones. Por suerte ya no llovía tanto y pudimos observar bastantes aves. Menos mal que Jeffrey me trajo mis prismáticos de España porque yo no recordé traerlos cuando me vine a Londres. Disfruté muchísimo viendo tantas aves, y la verda que la guía nos dijo que éramos afortunados porque normalmente no se ven tantas. Al final parece que hasta la lluvia nos benefició. Lo que más me gustó fue ver a las avefrías con sus crías; las había visto en España antes pero nunca con crías.


Continuamos hasta llegar a la zona de las islas.


Allí nos encontramos con las Islas Falklands, que los españoles llamaron Maldivas, archipiélago que está en el Océano Atlántico Sur (como por debajo de Argentina). Las aves de estas islas son muy interesantes y nos llamó la atención una que al parecer necesita el resto de una foca muerta para criar o alimentarse (no estoy segura para qué de las dos cosas la necesitaba, no consigo encontrar el dato en internet, pero cómo veis en la foto han puesto hasta una foca de mentira para que el pato esté más en su ambiente).


Continuamos y atravesamos más regiones, con sus patos correspondientes. Nos voy a aburrir hablándos de todos, sólo decir que la última región en visitar fue la tropical, y aquí algunos de sus patos.


La guía nos devolvió a centro de visitantes y se despidió de nosotros. Entonces ya no llovía, sólo estaba nublado. Antes de continuar visitando lo que nos quedaba, entramos a ver el documental sobre la creación de este sitio. Luego caminamos por la “South Route” (ruta sur).


Llegamos a una zona didáctica con una charca donde los niños podían hacer actividades de educación ambiental. Era increíble lo bien montado que lo tenían, con un montón de recursos para las actividades. Yo, que he trabajado en numerosas ocasiones en educación ambiental, veo esto y me doy cuenta de la ventaja que nos llevan los ingleses. En España no tenemos muchos sitios tan bien montados como estos y mira que tenemos una naturaleza que supera con creces en biodiversidad a la británica. Esto pasa también en ecoturismo; los británicos saben sacar mucho más partido de sus recursos para ofrecerlos a los turistas o para actividades educativas.

Terminamos la visita en una torre desde donde se podían contemplar unas buenas vistas de la reserva. Subimos por los pelos porque el guarda de la torre nos dijo que ya estaba a punto de cerrar.


Después volvimos casi corriendo a la entrada, que ya iban a cerrar pronto, no sea que nos dejaran allí a pasar la noche. Nos faltaron algunos sitios por recorrer, así que habría que volver en otra ocasión. Lo malo es que la entrada es bastante cara, unas 10 £, así que no sé yo si podré volver, ya veremos. Bueno, de momento ahí está lo que visitamos, que es bastante, y después de tantos meses sin ver aves, me quedé bien satisfecha.

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7 pensamientos en “De vuelta en West London

  1. Mi amigo que está viviendo por allí yo creo que prefirió irse de Londres precisamente por lo mismo… El alojamiento. A ver si finalmente acabas acomodándote en algún lugar y empiezas a sentirlo un poco como tu hogar.

    Por cierto… No es que conozca Londres mucho… pero leyendo lo que escribes y los barrios que dices… me doy cuenta que no conozco nada!!! No me suena nada de lo que cuentas jejeje… Asi que hazme hueco que voy para allá a conocerlo jejejeje…

    • Pues sí, el alojamiento aquí es imposible. Yo me iré de Londres en septiembre, estoy entre dos sitios dentro de Gran Bretaña, uno en el norte y otro en el sur, ya te contaré a cuál al final. Pero Londres está muy bien para una temporada por todo lo que tiene que ofrecer y me está encantando descubrir sitios nuevos de los que no tenía ni idea. Todavía me queda el verano para terminar de explorarlo y seguiré escribiendo cuando tenga tiempo. Estáte atento a mi blog, y sí, eres bienvenido si vienes a visitarme.

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