Solsticio de verano en Stonehenge

Me surgió una oportunidad para celebrar el solsticio de verano en Stonehenge, emblemático monumento megalítico en Inglaterra. Era algo que siempre pensé que quería hacer alguna vez en mi vida pero hasta unos días antes no pensé en la posibilidad de que se hiciera realidad. Lo cierto es que yo trabajaba el 21 de junio, día del solsticio, así que daba prácticamente por perdida esa posibilidad. Por suerte, surgió la manera de poder ir y a pesar de ser algo apresurado, decidí aprovecharlo. Además, era el único día del año, junto con el del solsticio de invierno, que podías entrar gratis y acercarte a las piedras, incluso tocarlas.

La finalidad que tuvo la construcción de este gran monumento se ignora, pero se supone que se utilizaba como templo religioso, monumento funerario u observatorio astronómico que servía para predecir las estaciones. En el solsticio de verano, el Sol salía justo atravesando el eje de la construcción, por lo que los constructores tenían conocimientos de astronomía. Sin lugar a duda, su elemento mágico ha atraido a los druidas durante siglos, y hoy día siguen viniendo cada año para realizar sus ceremonias paganas. Claro, que también hay otros que vienen aquí en este día, y no con fines muy espirituales precisamente.

Y os preguntaréis cómo me surgió la oportunidad de ir. Pues bien, yo estuve mirando un par de semanas antes, si alguien de Couchurfing había organizado una actividad para ir allí. No encontré nadie que lo propusiera, aunque me metí varios días a mirar. Finalmente abandoné el tema, pero más que nada veía difícil ir porque trabajaba el día del solsticio. Se me ocurrió mirar dos días antes y me encontré con que alguien había propuesto la actividad y muchos couchsurfers se había apuntado. La idea que tenían era salir el día antes (miércoles) por la tarde y volver al día siguiente a Londres sobre el medio día. Para mi no era problema salir el miércoles por la tarde porque ese día no trabajada; el problema era que yo no podía regresar el jueves al mediodía porque tenía que entrar a trabajar a las 9 de la mañana. De todos modos, se me ocurrió dejar un mensaje por si alguien salía el miércoles en coche y volvía el jueves temprano antes de las 9 de la mañana.

Sorprendentemente alguien me respondió al día siguiente diciendo que ellos salían en coche el miércoles por la noche y regresaban a Londres al día siguiente temprano. Pensé que era una señal y que aquella oportunidad de ir no podía rechazarla. Por supuesto que iba a ser una paliza tener que trabajar al día siguiente sin haber podido dormir, pero ya dormiría después. Como ese día no trabajaba, aproveché para quedarme en casa descansando y a eso de las 9 de la noche cogí el metro a Regent’s Park, el sitio donde había quedado con los couchsurfers.

La couchsurfer alemana con la que había hablado estaba allí con otros couchsurfers porque había organizado un partido de voleibol. Cuando llegué estaban a punto de terminar el partido. Me senté a hablar con un par de couchsurfers que estaban sentados mirando. Al terminar el partido, la couchsurfer alemana vino a saludarme y me presentó a su novio inglés, que era el que iba a conducir. Luego me presentó al otro couchsurfer que iba a venir, otro chico inglés.

Salimos bastante tarde, casi eran las 11 de la noche. Por si fuera poco, al salir de Londres las carreteras estaban atascadas, no sabíamos por qué pues era raro a aquellas horas. Avanzábamos a paso de tortuga y yo ya empezaba a desesperarme. Cuando por fin se despejó el tráfico, empezó a llover, y cada vez la lluvia era más fuerte. Yo ya empecé a preguntarme por qué había venido, primero porque parecía que iba a pasar más tiempo en un coche que en Stonehenge, y segundo por la lluvia. Llegamos a las 2 de la mañana, tardamos unas tres horas en llegar, aunque habría sido la mitad de tiempo si no hubiera sido por el tráfico. De todos modos, llovía tanto que no podíamos salir del coche. Estuvimos metidos dentro como una hora esperando que la lluvia amainara, y cuando por fin lo hizo, salimos fuera deseosos de llegar a Stonehenge.

No me imaginaba que el parking quedaba tan lejos de las piedras, tuvimos que andar mucho hasta llegar allí. Primero fuimos por una carretera y luego por los campos, que estaban tremendamente embarrados y encharcados. Había mucha gente por allí que estaba empapada porque le había caido la lluvia sin tener donde resguardarse. Al final creo que tuvimos suerte por salir tan tarde de Londres. Nos encontramos un puesto de Hare Krishna con un techado y mucha gente se había metido ahí. Tenían unas cubetas enormes de comida que repartían gratis a la gente. Eran unas judias con verduras y arroz con curri, y luego una especie de bizcocho de postre. Si lo hubiera sabido no me había comido los sandwiches que llevaba por el camino; iba bien provista pensando que allí no iba a encontrar nada de comida. Sólo cogí un trozo del bizcocho para probarlo.

Por fin llegamos a Stonehenge, el impresionate círculo de piedras megalítico. Lo mejor venía ahora, podíamos acercarnos a las piedras, algo que normalmente no se puede hacer, e incluso tocarlas. Lo que me sorprendió es que para el cuidado que tenían todo el año con ellas, ahora permitieran a tanta gente borracha y desmadrada meterse ahí.
Había algunos guardas vigilando porque de vez en cuando alguno intentaba subirse a las piedras. La gente estaba fatal, se notaba que habían empezado la fiesta hace tiempo, porque estaban super borrachos y más de uno drogado también. Muchos se caían al suelo y todo, daba pena, la verdad, que la gente se tomara aquello como una juerga. También vi a más de uno que no parecía pasarlo tan bien y que resignadamente esperaba sentado en el suelo con su ropa mojada a poder irse de allí.
Ahora voy a contaros un poco sobre Stonehenge pero tampoco me quiero enrrollar demasiado. Se trata de un monumento megalítico de la Edad de Bronce, en el condado de Wiltshire, a unos 13 km al norte de Salisbury, a 130 km de Londres. Está formado por grandes bloques de piedra distribuidos en cuatro grandes circunferencias concéntricas. Fue construido en tres fases, entre los años 3000 y 1600 aC. Pudo ser construido con fines religiosos, funerarios o astronómicos. En paganismo la piedra era el símbolo de lo eterno; servía para delimitar puntos energéticos terrenales (telúricos) y hasta para albergar espíritus elementales. Así que Stonehenge pudo haber sido utilizado en ceremonias religiosas relacionadas con la vida y la muerte, así como también para realizar observaciones astronómicas.

A las 4:53 de la mañana fue el amanecer, pero por desgracia no pudimos ver la salida del sol ya que el cielo estaba totalmente encampotado, una pena. Nos decía uno de los guardas de seguridad, que si hubiera sol se podría ver un hilo de luz que va desde Heelstone (una piedra que está fuera, a unos cuantos metros del círculo) hasta Altar Stone, en el centro del círculo de piedras. A pesar del decepcionante amanecer, la gente lo celebró con ganas, tocando los tambores, bailando y cantando. Luego me enteré que asistieron 14.500 personas, menos que la media que suele haber otros años, 20.000. La razón era clara, las malas condiciones meteorológicas.

Aquí pongo un video de aquel momento, para que os hagáis una idea del ambientillo.


Después de estar un rato en el jaleo que se formó en el centro del círculo, con toda la gente borracha y algunos drogados también, decidí acercarme a donde estaban los druidas, pues me parecía más interesante y auténtico. Estaban más apartados del círculo principal, junto a la piedra de Heelstone. Cuando llegué, el druida principal, Rey Arturo Pendragón, con su barba blanca y su larga túnica, estaba oficiando una ceremonia. Pude grabar un poco del final de la ceremonia y lo muestro en este video.


Luego los druidas estuvieron posando para fotos, y yo aproveché para hacer una.
Después dimos una última vuelta por las piedras, las tocamos y nos apoyamos en ellas; había que aprovechar que esto sólo se podía hacer ahora, el resto del año era imposible acercarse de esta manera. Era curioso que las piedras no estaban frías al tacto. Aprovechamos para hacernos una foto de grupo.
Sobre las 6:30 de la mañana emprendimos el camino de vuelta al parking y ahí nos encontramos esta enorme estatua que parece de un mounstruo de piedra. No sé por qué estaba allí y qué significaba.
Se me hizo eterna la caminata hasta el parking, estaba agotada y quería llegar cuanto antes al coche. Me pasé casi todo el camino durmiendo, pero mi compañero de al lado durmió mucho más y como roncaba. Había un poco de tráfico al entrar en Londres pero afortunadamente no tanto como cuando salimos. Me dejaron en una estación de metro que estaba como a cuatro paradas de mi trabajo.Llegué sólo diez minutos tarde, que no está mal teniendo en cuenta la locura de haber venido de tan lejos. Era raro estar en el trabajo después de aquella noche, ahora parecía como si hubiera sido un sueño. Cuando se lo conté a mis compañeros no podían creerlo, la verdad que no me extraña que estuvieran sorprendidos.

No sé cómo pude aguantar las diez horas de trabajo, pero las aguanté. A ese tipo de palizas estaba más acostumbrada de joven, pero ahora ya los años empiezan a notarse. En fin, no voy a decir lo bien que dormí esa noche, como os podréis imaginar, caí rendida en la cama. Me hubiera gustado soñar con el Stonehenge de otros tiempos, cuando los pobladores de aquellas tierras hacían sus ceremonias paganas allí, tan distinto de lo que ahora se puede ver. Quizás algún día pueda volver para ver el hilo de luz que llega hasta la piedra central, en un amanecer despejado y radiante.

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