Día 2: Recorrido en bici por Ámsterdam (15 de septiembre)

Continúo con mi relato del viaje a Ámsterdam y alrededores que realicé en septiembre del 2012. Esta es la segunda entrada de este viaje que duró cinco días y que emprendí desde Edimburgo en un autobús que tardó 20 horas en llegar a la capital holandesa. Podéis leer en detalle cómo fue el viaje en autobús y el primer día de visita en Ámsterdam en la primera entrada del viaje.

Yo fui en autobús porque cuando quise comprar el billete de avión ya habían subido mucho de precio, pero normalmente si miráis con tiempo, podéis encontrar buenas ofertas. La vuelta la hice en avión con Easyjet, pero también hay otras compañías aéreas con vuelos directos entre España y Ámsterdam, así que no viene mal mirar los vuelos económicos de Vueling o alguna oferta de Iberia.


El día anterior habíamos estado visitando distintos sitios emblemáticos de Ámsterdam a pie aunque la idea era empezar a visitar la ciudad en bici desde el primer día. No encontramos un sitio que nos convenciera por su precio en toda la mañana y por eso al final decidimos dejarlo para el día siguiente. A eso de las 2 de la tarde encontramos este sitio estupendo con bicis recicladas que por tan sólo 5 € puedes alquilar para todo un día (Recycled Rentals) en Spuistraat (en pleno centro de la ciudad). El problema era que no quedaba ninguna bici disponible pues todas estaban alquiladas.

Hoy ya contábamos con una bici, la que me dejó Meno, el couchsurfer en cuya casa nos estábamos quedando los primeros días. Era una bici grande y destartalada, con los frenos en los pedales (como casi todas las bicis en Ámsterdam) y sólo yo me atreví con ella. Marisa prefería alquilar una bici con frenos de mano, y al final fuimos a por ella a la tienda de bicis más cercana a la casa que por 10€ podía tenerla hasta las 6 de la tarde.
Una vez con nuestras bicis, nos lanzamos al carril correspondiente con un poco de miedo eso sí; aquí la gente va deprisa y el tráfico es intenso. Si te ven con una bici de alquiler y saben que eres turista, tendrán más cuidado, pero si no (como era mi caso, que iba con una bici local), ya podías acostumbrarte bien a circular con audacia y destreza porque ellos no se iban a andar con miramientos.

Al poco rato de salir, según íbamos a pasar por un puente, la gente empezó a gritarnos que paráramos y no sabíamos por qué. Ante la insistencia de la gente, paramos y entonces vimos lo que iba a pasar. El puente empezó a levantarse para dar paso a un barco que iba a circular por el canal, y nosotras que no nos enterábamos. Nos pusimos a esperar pacientemente con el resto de la gente a que el puente volviera a su posición inicial, y entonces continuamos nuestro camino.
Nuestro primer objetivo del día era llegar hasta Vondelpark, ya que nuestro couchsurfer para las dos siguientes noches vivía allí cerca y necesitábamos hablar con él. El día que llegamos me había escrito para decirme que finalmente podía alojarnos (hasta entonces contaba con que lo más seguro es que no fuera posible) y me había dado su número de teléfono. Cuando le llamé por la mañana para preguntarle a qué hora podíamos llegar a su casa, me di cuenta de que el número estaba equivocado. No obstante, teníamos su dirección, así que decidimos ir allí lo primero no sea que saliera de casa y ya no le pilláramos.

Nos costó un poco encontrar el parque y tuvimos que preguntar, pero más nos costó encontrar la calle del couchsurfer. Luego encontrar el piso no fue fácil, ya que nos dijo que era el 9-1, y nosotras no sabíamos si se refería al primer piso del número 9 o era el 9A o el 91. Después de las comprobaciones necesarias, vimos que era el primer piso del número 9, pero cuando llamamos al portero, no contestaban.  Llamé al piso de más arriba, me abrieron y entonces llamé directamente a la puerta del couchurfer. Un chico oriental en calzoncillos y con cara de sueño salió a abrirme. Era Dawa, un tibetano nacido en el sur de la India y que había vivido casi toda la vida en Inglaterra, nuestro nuevo couchsurfer. El pobre estaba avergonzado (como no era para menos) y yo también por haberle pillado en tan mal momento. Había estado toda la noche de juerga y ahora estaba durmiendo.

Bajé para decirle a Marisa que le había encontrado y él bajó más tarde para hablar con nosotras en condiciones. Nos pidió disculpas por darnos el teléfono equivocado y nos dijo que podíamos ir a su casa cuando quisiéramos. Le dijimos que pasaríamos el día con la bici en Ámsterdam y a eso de las 8 de la tarde volveríamos a casa con nuestro equipaje para quedarnos. Nos despedimos de él y seguimos nuestra ruta en bici.

Fuimos al Vondelpark, famoso parque situado en el suroeste de la ciudad. La verdad que la zona nos encantaba, mucho más que donde estaba el otro couchsurfer, así que estábamos bien contentas de mudarnos allí para los próximos dos días. Los que seguís mi blog sabéis lo fan que soy de los parques, y que es lo que más me gusta visitar en las ciudades donde voy. Este parque no me decepcionó en absoluto, es un parque precioso que invita a ser explorado con detenimiento. Cuando llegamos era ya la hora de comer, así que nos sentamos en un banco frente al estanque y allí comimos tranquilamente la comida que habíamos comprado en el supermercado.
Era un día de sol y no hacía mucho frío. Como era sábado, había muchísima gente, casi todos con sus bicis. Observando a la gente, nos dimos cuenta de que casi todos eran jóvenes, y es que en general en Ámsterdam hay poca gente mayor. Parece una ciudad hecha para gente joven, en todos los sentidos.
Después de comer, cogimos las bicis para seguir recorriendo el parque. No teníamos mucho tiempo para visitar el parque ahora porque aún nos quedaba mucho por ver en la ciudad. Tenía idea de volver otro día mientras Marisa visitaba alguno de los museos por los que yo no tenía interés.
Después del parque fuimos a visitar el famoso mercado de las flores, que desde 1862 se encuentra en este lugar. Está junto al canal y los puestos están en realidad flotantes sobre el agua, en estas casetas que veis en la foto.
Lo que más abundan son los tulipanes, que podéis encontrar de todos tipos y colores, en forma de bulbos que se venden en bolsas o a granel. Hay también coloridas flores que alegran los numerosos puestos e invitan a hacerles muchas fotos. Eso sí, como se os ocurra meteros entre las flores para haceros una foto, os puede caer una buena bronca del tendero (avisados estáis). Yo lo intenté y casi me caigo cuando el señor me empujó de muy malos modos, y hasta me tropecé con un cubo lleno de agua que había al lado, el cual tiré (sin querer, claro).
Recorrimos el mercado con sus interminables puestos buscando los tulipanes a mejor precio. Compramos bolsas con bulbos de tulipanes de colores variados por 3€ para regalar a nuestras familias.
En los puestos no sólo vendían plantas o bulbos, también había cosas típicas de recuerdo como los famosos zuecos o tulipanes de madera.
En este puesto había bulbos a granel de tulipanes y muchas otras plantas de llamativas flores.

Muy cerca había una tienda de quesos donde no pude resistirme a hacerme esta foto (no era la única, desde luego).
Después nos fuimos en casa de Meno, nuestro primer couchsurfer. Teníamos que dejar las bicis y recoger nuestras cosas para irnos en casa de Dawa, nuestro segundo couchsurfer. Cuando llegamos, nos encontramos con Meno y su novia. Le dijimos a su novia que nos hiciera una foto con él (me gusta tener fotos con todos mis couchsurfers) en su precioso jardín.
Cogimos nuestras cosas y decidimos irnos caminando hasta casa de Dawa. Meno nos dijo que estaba relativamente cerca, por eso decidimos intentarlo (también por no pagar el tranvía que es bastante caro, 2,70€ el billete sencillo). Lo cierto es que no lo estaba tanto y el camino se nos hizo bastante largo, más llevando el equipaje a cuestas.

Por fin llegamos a casa de Dawa a eso de las 8. Estábamos agotadas por la caminata y por todo el día de bici en Ámsterdam. Después de ducharnos y arreglarnos, nos fuimos con Dawa a un restaurante indonesio. Yo le pedí que si podía llevarnos a un restaurante indonesio porque la Lonely Planet los recomendaba un montón en Ámsterdam. Os preguntaréis por qué, ¿un restaurante indonesio en Ámsterdam? Pues bien, la razón es sencilla. Indonesia fue colonia holandesa en el pasado, y hoy día hay bastantes inmigrantes indonesios en Holanda. De hecho, el compañero de piso de Dawa era indonesio y le vimos poco antes de salir del piso. Nos dijo que iría a buscarnos al restaurante más tarde para irnos de pubs.

El restaurante indonesio no quedaba lejos de la casa de Dawa, aunque él no lo conocía. Normalmente iba a otro restaurante indonesio donde trabajaba una amiga suya indonesia pero éste quedaba bastante lejos, por eso no fuimos allí. A pesar de no tener referencias del restaurante al que fuimos, quedamos gratamente sorprendidos por lo bueno que fue. Cuando el camarero nos traía las comidas, nos explicaba en detalle cada uno de los platos y en qué consistían. Nos hizo mucha gracia porque nunca nos habíamos encontrado un camarero así. La comida estaba buenísima y es una pena que me olvidara de hacer fotos porque la presentación era inmejorable. Teníamos mucha hambre así que disfrutamos muchísimo con la comida; fue sin duda un acierto ir allí.

Cuando estábamos terminando llegó el compañero de piso indonesio de Dawa. Con él fuimos a un pub donde Dawa había quedado con dos amigas, una indonesia y una española. La indonesia era de lo más divertida y extrovertida. Nos contó que vino a Ámsterdam con 17 años para estudiar en la universidad y ya llevaba 8 años, pero pronto iba a volver a su país. El indonesio también nos contó que vino a estudiar aquí la carrera y luego consiguió un trabajo en Ámsterdam, pero este no pensaba en volver. La española era traductora y llevaba ya cinco años viviendo en Ámsterdam, y estaba encantada con su vida aquí. Recientemente se había llevado a la indonesia de vacaciones a España y se lo habían pasado genial, en un pueblecito de Andalucía, donde todos pensaban que la chica era china (os podéis imaginar).

Más tarde llegaron unos amigos americanos de Dawa; bueno, en realidad se habían conocido hacía unos días. Dos de ellos vivían en Perú donde habían montado unas clínicas quiroprácticas y otro acababa de pasar tres años en Corea enseñando inglés. Los quiroprácticos habían venido a un congreso en Inglaterra y de paso habían decidido viajar un poco por Europa con su amigo recién llegado de Corea. Me encantó que nos juntáramos con un grupo tan internacional, gente que vivía y trabajaba en países distintos de los de su origen (incluida yo), y todos estábamos aquella noche en Ámsterdam.
Más tarde fuimos a otro pub donde vinieron otros amigos de Dawa y sus dos amigas, holandeses pero nacidos en otros países, como uno que venía originariamente de Surinam (también colonia holandesa). Lo pasamos muy bien y nos hicimos varias fotos. Esto es lo mejor de couchsurfing, poder conocer gente que vive en la ciudad que visitas y que te meta en sus vidas por un tiempo. No tiene ni comparación con viajar de hoteles o incluso de hostels (aunque sea algo mejor que de hoteles).
Llegamos a casa de Dawa a eso de las 3 de la mañana donde seguimos un rato más la fiesta, tomando algo allí como una hora más. Después poco a poco la gente se fue retirando a dormir y nosotras también. El compañero indonesio de Dawa nos dejó dormir en su habitación y él se fue al salón, todo un detalle por su parte. Dormimos plácidamente después de un día y una noche de lo más ajetreados.

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4 pensamientos en “Día 2: Recorrido en bici por Ámsterdam (15 de septiembre)

  1. Uy! Qué recuerdoal ver tus fotos y leer el texto. Muchas de ellas son idénticas a las que hice en mi viaje del pasado mes de julio. Muy buen post has redactactado Belén. Enhorabuena!!!

    Ah! y una cosilla, voy a actualizar mi pestaña de enlaces (cuando al fin cambie la plantilla, que será en unos días, y quedas enlazada como uno de mis blogs favoritos (si me das permiso, claro está). Sí es de mis blogs favoritos, aunque no suela dejar muchos comentarios, Belen.

    Un abrazo.

    • Muchas gracias por tu comentario Antonio! Tengo que leer tus entradas de Ámsterdam, y en general más tu blog, que también es de mis favoritos, pero por falta de tiempo no lo hago. Ahora que tengo unas vacaciones antes de retomar las clases del máster, tengo pendiente hacerlo. Por cierto, que si quieres podemos enlazar nuestros post con lo de post amigo.

      Muchas gracias también por incluirme en tus blogs favoritos, un honor de verdad. Seguimos leyéndonos.

      Un abrazo

  2. Jajajajajaja.. me imagino tu cara cuando te abrió la puerta en calzones jajajaja… esa la hubiera querido ver…

    Yo si te soy sincero no se si hubiera cogido alguna bici en Amsterdam. Yo estuve circulando con el coche y tuve problemas sobre todo con los tranvias y las bicis y me parece un tanto peligroso… Y mira que si que nos gusta coger bicis en las ciudades como hemos hecho en NY o Berlín.. pero en Amsterdam.. no se yo…

    Recuerdo muy bien el Vondelpark,… menuda siesta de hora y pico nos pegamos tirados en el cesped jejejeje…

    Ya me dirás cuando estás por Madrid para quedar un día y vernos!!

    Un abrazo!

    • Pues si hubieras visto mi cara te habrías reído de verdad. De hecho yo tuve que contener la risa cuando tuve al chico allí delante, pero al bajar abajo donde me esperaba mi amiga me reí a carcajadas con ella que flipaba cuando se lo conté. Qué sería un viaje sin sus anécdotas y cosas de las que reirnos después.

      Si es cierto que Ámsterdam es peligrosillo cuando vas en bici, en coche no sé porque no lo probé. Y si vas como peatón tienes que andarte con mucho cuidado con las bicis, que van a toda velocidad, y como te metas en el carril bici sin querer, peligra tu vida. Cierto que el Vondelpark invita a dormir la siesta, una maravilla de parque.
      Suena raro decirlo, pero por primera vez te digo, nos vemos mañana en Madrid!
      Un abrazo!

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