Italia: De Venecia a Roma (28/07-03/08/2002)

Venecia

Nos alojamos en un camping en las afueras de la ciudad llamado camping Fusina, famoso por sus juergas nocturnas. La noche que llegamos nos fuimos al bar donde multitud de mochileros, sobretodo australianos, se emborrachaban y se lo pasaban en grande. Conocimos a un grupito de australianos que también viajaban en Busabout, aunque ellos se conocieron durante el viaje. Había algo que me llamó mucho la atención de los australianos y que les diferenciaba enormemente de los españoles, su desapego. Ambas nacionalidades se caracterizaban por ser abiertos y hacer migas con facilidad, pero mientras los españoles suelen quedarse siempre con la misma gente y sacrificar sus planes por seguir a su grupo, los australianos no tienen problemas en ir cambiando de compañeros de viaje para seguir sus planes. En muchos casos vi como se habían formados grupitos en Busabout pero un australiano no dudaba en dejar a su grupito si quería ir a un sitio donde el resto no fuera o hacer algo diferente. Los españoles a menudo dejan de hacer lo que quieren por seguir al grupo. No digo que esto siempre sea así en todos los casos, pero en general suele pasar bastante. También es cierto que los australianos no tienen problema en viajar solos mientras que son pocos los españoles que se aventuran a hacerlo.

Al día siguiente fuimos con el grupito que conocimos a ver Venecia y para ello cogimos un barco. Caminamos hasta la Plaza de San Marco, única plaza de la ciudad, donde está la basílica y el palacio ducal. Después fuimos al Puente de Rialto, el más antiguo de los cuatro puentes que cruzan el Gran Canal y el más famoso de la ciudad. Conocida como “la ciudad de los canales”, Venecia está situada en el nordeste del país, sobre un conjunto de islas que se extiende por una laguna pantanosa en el mar Adriático, entre las desembocaduras de los ríos Po y Piave. Venecia está compuesta por 120 pequeñas islas unidas por 455 puentes.


Después la gente quería comer y no se les ocurrió otra cosa que sentarse en un restaurante cerca de la Plaza de San Marco, que por supuesto era carísimo. Yo decidí dar una vuelta y buscar algo barato que vendieran por allí. Al final me compré una especie de bocadillo muy bueno que encontré en un puesto de la calle y los australianos me dijeron que fui la más lista porque ellos pagaron mucho por una comida escasa que no les gustó demasiado. Hay que decir también que los australianos, aunque viajen como mochileros, gastan más de los que gastarían los mochileros españoles. No tienen ningún reparo en irse a buenos restaurantes, bares y discotecas. También es cierto que ellos tienen muchas más oportunidades de trabajo y por eso muchos lo dejan todo para viajar durante meses. Los españoles saben que si hacen eso se arriesgan a no encontrar trabajo después.

Seguíamos paseando por la ciudad. Hacía mucho calor y nos compramos unas rajas de sandía que vendían por la calle. Luego fuimos al internet y a la estación de tren para preguntar por los trenes a Florencia (pensaba irme allí al día siguiente). Para terminar cogimos el barco número 1 que atraviesa el Gran Canal y vimos muchos edificios antiguos. Nos bajamos en Ponte dell’Accademia para volver al camping.


Verona

Al día siguiente pensaba ir a Florencia pero llamé a los albergues y estaban todos llenos, así que no me atreví a ir sin tener un sitio donde meterme. Por otro lado, el grupito de australianos iba a Verona y me invitaron a ir con ellos. Decidí ir pues me habían hablado muy bien de esta ciudad.

En cuanto nos bajamos del tren me gustó la ciudad, creo que más que Venecia. Verona está rodeada de colinas y atrapada por un meandro del río Adigio, a unos 30 km al este del Lago de Garda. Verona está considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y con razón, porque es preciosa. Primero fuimos a la arena o anfiteatro romano y caminamos alrededor.

Richard se encontró a un excompañero de trabajo que llevaba un mes allí y nos enseñó la ciudad (ya es casualidad!). Había mucho edificios antiguos y callejuelas encantadoras. No en vano, Verona está llena de plazas, iglesias, palacios, teatros, puentes y museos. No apunté los nombres de los que vimos porque aquel día decidí tomármelo en plan relax y sólo quería disfrutar. A veces es agotador estar pendiente de ver cada monumento de la ciudad y a aquellas alturas del viaje eso ya no me importaba tanto. Caminar por la ciudad era tan agradable que poco me importaban los nombres de cada monumento o edificio por los que pasábamos.

Visitamos la Casa de Julieta, uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. Se trata de una casa del S. XIII con un patio, una puerta ojival y un balcón (debajo está la estatua de bronce de Julieta). Verona es el lugar donde tuvo lugar la historia de Romeo y Julieta que hizo famoso a William Shakespeare. Para terminar fuimos a un puente desde donde había estupendas vistas del río, el castillo y varias iglesias, pero no sé el nombre de ese puente. Contemplando el paisaje pensé que había tenido suerte de que en Florencia no hubiera sitio en los albergues y de que me ofrecieran ir a Verona. A veces lo que no planificas y surge inesperadamente es lo que más te gusta y más disfrutas. Me lo apunto como lección para la vida.

Por la noche estuvimos otra vez en el bar de Fusina y conocí a unos españoles que estaban en un viaje organizado. Estuve hablando con los guías, unos sevillanos que se tiraban allí todo el verano llevando grupos para hacer senderismo en las Dolomitas, cadena montañosa que forma parte de los Alpes orientales. Me hubiera encantado ir a estas montañas pero en este viaje no iba a poder ser. Si vuelvo a Italia algún día será para hacer senderismo en estas montañas, algo que me quedaba pendiente.

Florencia

El día 30 de julio me fui del camping Fusina a las 8:30 de la mañana. No quise ni llamar a los albergues porque estuvieran llenos o no, yo tenía que ir a Florencia como fuera. Ya me buscaría la vida cuando llegara si los albergues no tenían sitio. Ahora continuaba mi viaje en solitario, empezaba la que yo consideraba la tercera etapa de mi viaje. Tenía ganas de empezar esta parte del viaje, conocería gente nueva y atrás quedarían los que ya no formaban parte de mi vida.

Cogí un autobús a Mestre y allí cogería el tren a Florencia. El trayecto duró cuatro horas y estuve hablando con una chica de Roma que estaba sentada enfrente de mí. Me contó que había hecho la Erasmus en Sevilla, así que hablaba bastante bien español. Ella se bajó antes de llegar a Florencia.

Cuando llegué a Florencia, decidí llamar a los albergues antes de ir allí para saber si había sitio. Todos estaban completos, así que salí a la calle con la esperanza de encontrar algún sitio donde meterme aquella noche. Vi una chica repartiendo unos folletos que anunciaban un hostal. Fui a hablar con ella y al final decidí meterme allí pues no me apetecía dar más vueltas con el equipaje. Cuando llegué allí vi que era un piso normal y corriente. Costaba 20€ la noche, sin desayuno y compartiendo habitación con 6 personas, y un baño para 20. Yo creo que aprovechando la cantidad de mochileros que iban a Florencia en verano, hacían negocio alquilando las habitaciones, pero no era un hostal oficial. Es cierto que era caro para las condiciones que me ofrecían, pero por otro lado estaba muy céntrico y tenía un ático con unas vistas fabulosas de la ciudad.

En la habitación me encontré con una chica de Nueva Zelanda que estaba viajando sola por Europa. Estuve hablando un rato con ella y luego me fui a recorrer la ciudad. En Florencia se originó en la segunda mitad del S. XIV el Renacimiento, y es considerada una de las cunas mundiales del arte y la arquitectura. Su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1982.

Lo primero que hice fue ir a la oficina de turismo a por un mapa. Antes de empezar el recorrido turístico, fui a un mercadillo a comprar unas sandalias, que no tenía y con el calor que hacía las necesitaba. Me tiré demasiado tiempo allí y para cuando llegué a la Plaza del Duomo, la catedral ya estaba cerrada. La catedral está consagrada a Santa María del Fiore y se encuentra en pleno casco antiguo de la ciudad. Data del S. XIV, en pleno Renacimiento temprano. Es famosa por su gran cúpula, que tiene 45 m de diámetro y 100 de altura. Tenía pendiente entrar otro día para verla por dentro. Aún tenía tiempo para ello, así que no me preocupé.

De allí me fui caminando a la Plaza de la Signoria que es la plaza mayor de Florencia, donde se encuentra la Fuente de Neptuno, la Loggia dei Lanzi y el Palackio Vecchio (edificio civil más importante de la ciudad cuya construcción empezó en 1299) sede del Ayuntamiento. En la plaza se encuentran tres estatuas: Cosimo “el Viejo” a caballo, el Hércules y Caco y una reproducción de David de Miguel Ángel. En la Loggia dei Lanzi se encuentran numerosas esculturas colección de los Medicis. Entre las más destacadas están “Perseo” de Cellini y el “Rapto de las Sabinas” de Giambologna. Pasé un rato contemplando las estatuas de aquella hermosa plaza.

A continuación pasé la Galería de los Uffizi, que es el mayor museo de pintura renacentista del mundo, y a través del pasillo Vasariano llegué a Piazza del Pitti donde está el Palazzo Pitti. Tuve que pasar por el pintoresco Ponte Vecchio, puente más conocido y antiguo de la ciudad. Este puente es de origen medieval pero fue remodelado en el Renacimiento, sustituyéndose las tiendas de peleteros por las de joyeros. Seguí por Via Romana hasta llegar a Porta Romana y después regresé al albergue.

Cuando llegué al albergue me encontré a un grupo de españoles que estaban allí. También conocí a la novia del dueño que era española, de Valencia. Me fui un rato al ático a contemplar las vistas de la ciudad antes de ir a dormir.

Siena

Al día siguiente cogí un autobús a esta famosa ciudad de la Toscana. Lo primero que quería hacer al llegar era encontrar la oficina de turismo para conseguir un mapa. Vi a dos chicas que también se bajaron del autobús que parecían turistas y les pregunté. Ellas también buscaban la oficina de turismo, así que me fui con ellas. Resulta que también eran australianas y también estaban viajando con Busabout. Se llamaban Tina y Stacy. Ellas se alojaban en el camping de Florencia que era más barato que donde yo estaba (pero yo tenía la ventaja de estar más céntrica).

Después de conseguir un mapa nos fuimos a recorrer la ciudad. Las calles eran muy bonitas con ventanas verdes y un ambiente especial. Una cosa que me llamaba la atención en general en Italia es que mucha gente iba en vespino.

Siena fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995 por la Unesco y es considerada una ciudad medieval. Pasamos por Piazza del Campo, que tiene forma de abanico, donde se encuentra el Palazzo Pubblico o Ayuntamiento (S. XIV) con su famoso Campanile. En esta plaza también se celebra la famosa carrera de caballos el Palio delle contrade, que tiene lugar habitualmente dos veces al año y en la cual, tanto jinete como caballo representan cada uno de los 17 distritos de la ciudad, las contrade.

Luego fuimos a la Plaza del Duomo para ver la catedral. Fue comenzada en el S. XII y es un ejemplo de arquitectura gótica italiana. Nos tuvimos que poner una tela que nos dieron en la entrada porque íbamos en tirantes (me llamó la atención porque en España no te dan nada para taparte).

Al salir de la catedral me encontré con Richard, qué casualidad. Iba con Loren y Jule, dos de las australianas que estaban en Venecia. Les presenté a mis dos nuevas amigas australianas, Tina y Stacy, y nos fuimos juntos a seguir viendo la ciudad. Caminamos hasta Porta Pispini y Porta Romana porque se supone que desde allí había unas buenas vistas de la ciudad, pero lo cierto es que no vimos nada interesante. Nos colamos en una fortaleza militar y les preguntamos a los soldados si podíamos hacer una foto desde allí. Nos dijeron que no pero encontramos un sitio cercano con estas vistas.

De camino al centro vimos un bar australiano y nos metimos allí a tomar algo. Después nos despedimos de Tina y Stacy que volvían al camping de Florencia. Nosotros nos quedamos y fuimos de tiendas. Loren compró vino blanco y vino tinto, y yo un delicioso dulce italiano que es una masa de frutos secos y pasos, pero no sé cómo se llama. Luego cogimos el autobús de vuelta a Florencia. Me quedé dormida, igual que a la ida, así que casi no pude ver el precioso paisaje de la Toscana.

Una vez en Florencia, Richard quería ir a la Piazza de Michelangelo, desde donde dicen que se ve un espléndido panorama de la ciudad al atardecer. Fue construida como homenaje a Miguel Ángel, a partir de 1865, por el arquitecto Giuseppe Poggi. En el centro de la plaza están las copias del David y de las cuatro estatuas de Miguel Ángel presentes en las Capillas de los Médicis. Para llegar allí comenzamos a caminar, y cuando vimos el autobús número 13, lo cogimos. Nos dejó en la misma plaza. Desde allí se veían los edificios principales de Florencia, era una maravilla. Hicimos fotos de las vistas y esperamos el atardecer sentados en unos escalones. Fue una de las mejores puestas de sol que pude contemplar durante el viaje. Empezamos a beber el vino de Loren y también comimos aceitunas y patatas fritas. Más de una acabó muy borracha.


Ya de vuelta en el centro, fuimos a comer pizza y helado, y terminamos viendo una actuación callejera. Había mucho ambiente en la ciudad, era pleno verano y había muchos turistas. Lo pasamos muy bien.

Al día siguiente por la mañana tenía mi última oportunidad para entrar en la catedral antes de coger el autobús a Roma (no pude entrar antes). Fui allí a las 10 de la mañana y después de visitarla volví al albergue para coger mi equipaje. Tenía que coger un autobús para ir al camping de Florencia ya que de allí salía el autobús de Busabout. Por suerte me encontré a Tina, la australiana que conocí el día anterior en Siena, y ella también iba al camping. Menos mal porque no sabía muy bien donde bajarme.

Llegamos a Roma sobre las 5 de la tarde del día 1 de agosto. Los que íbamos al centro nos bajamos en la estación de tren de la Giustiniana y los demás siguieron en el autobús hasta el camping. Yo me iba a quedar en el centro, en un hostal familiar llamado Casa Olmata. El viaje al centro duraba casi una hora entre tren y metro. Hacía un calor horrible y cuando llegué al hostal estaba agotada de tanto viaje. Encima me tocó una habitación que estaba en la última planta.

Pompeya

Con el Busabout existía la posibilidad de visitar Pompeya desde Roma y volver el mismo día por la tarde. Era una paliza de viaje pero decidí hacerlo ya que consideré que Pompeya merecía mucho la pena. Como este autobús no iba todos los días, tenía que aprovechar y hacerlo hoy. Ya vería Roma al día siguiente. La verdad que mi viaje en Italia estaba siendo todo menos relajado y tenía que apurar los días al máximo si quería ver todo lo que me había propuesto.

Me tuve que levantar a las 6 de la mañana para viajar en transporte público hasta el sitio donde nos dejó el Busabout el día anterior, la estación de tren de Giustiniana, y allí nos recogía el autobús que nos llevaría a Pompeya. Cuando llegamos, nos bajamos los que íbamos a pasar el día en Pompeya y los demás siguieron hasta Sorrento. A las 3 de la tarde nos venían a recoger, así que teníamos casi 3 horas para ver la famosa ciudad en ruinas. Conocí a una australiana que iba sola y me fui con ella a hacer la visita. Hacía un calor terrible y el sol pegaba con fuerza. Mucha gente iba con paraguas y sombreros pero yo no tuve la precaución de llevarme algo para protegerme del sol.

Pompeya surgió a lomos de una colina que formara la lava del Vesuvio. Los restos más antiguos datan del S. IX a.C., aunque se cree que el origen de la ciudad está en el S. VII a.C. Empezó siendo una ciudad mixta con elementos griegos y etruscos, pero se convirtió en colonia romana en el 80 a.C. En el 62 d.C. un violento terremoto asoló la zona vesubiana. Enseguida empezó la reconstrucción de la ciudad pero 17 años más tarde la inesperada erupción del Vesuvio la sepultó bajo un río de cenizas y lava. La ciudad sepultada cayó en el olvido hasta que fue descubierta en el S. XVI.

En total hay 69 edificios entre termas, templos, casas, anfiteatros, etc. Entre los restos arqueológicos destacan: el Foro, el templo de Júpiter, Macellum (mercado), edificio de Eumaquía, la Basílica, el templo de Apolo, el templo de Isis, el templo de Venus, las termas Estabianas, la Palestra grande, el Teatro Grande y el Anfiteatro. Sin duda tuvo que ser una gran ciudad en su tiempo y pensé que sí después de un volcán había quedado tanto para ver, qué habría sido si no hubiera pasado; veríamos una ciudad fascinante. Tuvimos que verlo todo rápido, y apenas vimos mosaicos o pinturas.

Roma

El autobús nos recogió a las 15:30 y llegamos a Roma a las 19:30. Al albergue llegué una hora más tarde, justo a tiempo para la cena. Las cenas de casa Olmata eran muy buenas, caseras y tradicionales. Ponían diferentes clases de pasta cada día, acompañada con sangría que estaba buenísima. Cenábamos en la terraza desde donde se veían unas vistas espléndidas de la ciudad.

Después de la cena vi que Tina y otras dos australianas se iban por ahí, y decidí irme con ellas. Primero fuimos a Plaza de España y allí nos encontramos con Richard y Jule que estaban con otros australianos. Había unos chicos italianos sentados en las escaleras de la plaza cantando y tocando la guitarra, y los australianos y otros guiris se unieron a ellos. Se creó muy buen ambiente y al final los italianos nos invitaron a ir con ellos a una discoteca. No volvimos al hostal hasta las 6 de la mañana, aunque yo hubiera vuelto antes. El problema es que no me quedaba más remedio que esperar a las australianas para volver juntas.

Al día siguiente me levanté a las 9:30, y aunque apenas había dormido tres horas, no me quedó más remedio porque tenía que hacer la mochila y dejar mi habitación a las 11. Aquella tarde me trasladaría al camping Seven Hills en las afueras de Roma. Allí pasaría la última noche antes de coger el autobús a Ancona.

Roma, capital de Italia, es la ciudad con la concentración más alta de bienes históricos y arquitectónicos del mundo, por lo que no es de extrañar que sea Patrimonio de la Humanidad. Además es la única ciudad del mundo que tiene en su interior un estado extranjero, la Ciudad del Vaticano, y por ello se la conoce como la capital de dos estados. Yo me propuse la gran proeza de visitar esta enorme ciudad en un solo día y ni siquiera tenía un día completo. Menos mal que yo aguanto horas andando y estoy muy entrenada en esto de patearme ciudades sin descanso, si no sería imposible.

Primero fui a la Catedral de San Pietro en el Vaticano, que era impresionante y gigantesca. Como no iba a serlo estando en la sede de la Iglesia Católica. Después quise entrar al Museo del Vaticano y descubrí para mi desilusión que los sábados cerraba a las 12:30, así que me quedé con las ganas de ver la Capilla Sixtina. Entonces caminé hasta Castel Sant’Angelo, monumento romano situado a la derecha del río Tíber, enfrente del pons Aelius (actual puente de Sant’Angelo).

Seguí el río hasta el Ponte Regina Margherita, lo crucé y seguí hasta Piazza del Popolo (Plaza del Pueblo). Esta plaza tiene un obelisco egipcio dedicado a Ramsés II justo en el centro (el segundo más antiguo y uno de los más altos de Roma). También tiene  las iglesias gemelas y la de Santa María del Popolo.

De allí caminé a un parque próximo donde estuve comiendo. Luego me acerqué a Plaza de España, una de las más famosas de Roma. El nombre viene de que fue regalada por Fernando el Católico. La conocida escalinata sube hasta la iglesia de Trinità dei Monti y la barroca Fontana della Barcaccia.

De ahí fui a la Fontana de Trevi, la mayor (con cerca de 40 m de frente) y más ambiciosa de las fuentes barrocas de Roma. El tema central es Neptuno en una carroza en forma de concha domando unos caballos de mar. El Palacio de Poli está detrás. La gente tiene la costumbre de tirar monedas en la fuente para pedir deseos.

A continuación fui al Panteón, templo circular construido a comienzos del Imperio Romano, dedicado a todos los dioses. Se trata de una cúpula semiesférica sobre un tambor circular, típico de la arquitectura de la época. Se ha conservado extraordinariamente bien a lo largo de los siglos. Lo siguiente que visité fue la Piazza de Venecia y allí estaba el Palazzo Venezia donde subí para contemplar unas estupendas vistas de la ciudad.

De ahí caminé al Foro Romano, que era la zona central en torno a la cual se desarrolló la antigua ciudad. Hay numerosos restos como templos, basílicas y arcos. A mí me recordó un poco a Pompeya pero más pequeño. Por último fui al Coliseo Romano, el famoso anfiteatro que quizás sea uno de los mayores símbolos de la ciudad. Fue construido en el S. I en el centro de Roma y poseía un aforo de 50000 espectadores. Aunque parezca delito no entré; la entrada me pareció demasiado cara. Caminé un rato alrededor antes de regresar al hostal.


En el hostal cogí mi equipaje y me fui al camping que estaba en las afueras a pasar mi última noche. El camino fue largo entre metro, tren y autobús, y por último había que andar 20 minutos. Fui con unas chicas canadienses que también estaban en el mismo hostal que yo. Me iba allí porque al día siguiente muy temprano tenía que coger el autobús de Busabout que me llevaría a Ancona, puerto de donde salía mi barco a Grecia. El camping tenía casitas de madera rodeadas de bosque. Era un sitio bonito pero nada práctico si se quería visitar la ciudad.

Ancona

El autobús de Busabout salió a las 8 de la mañana del camping. No había mucha gente en él y casi todos iban a coger el barco a Grecia. Cuando llegamos a Ancona al mediodía, cogimos un autobús al puerto y una vez allí recogimos los tickets que teníamos reservados para el barco. Una vez dentro nos sentamos en la cubierta, esperando la partida. Así me marchaba de Italia, por mar, dejando atrás una tierra que aunque nunca me atrajo demasiado, debo decir que me sorprendió gratamente.