La comunidad de Carbón Dos y el Parque Nacional de Cahuita

Regresamos a la pequeña población de Bambú tras recorrer el río Yorkín, dejando atrás la comunidad Bribri en la que habíamos participado en diversas actividades de turismo rural comunitario. En Bambú nos esperaba el mismo conductor que nos había traído hasta allí dos días antes para coger el bote. Sinceramente sentía como si hubiera pasado más tiempo. Con nosotros venía el hijo mayor de Prisca, aunque él se bajaría en un pueblo a mitad de camino. Poco después de que él se bajara del minibús, paramos en un supermercado para comprar algo de comida ya que la cena de esa noche no estaba incluida en el paquete. No tardamos mucho en llegar a nuestro nuevo destino: Casa Calateas, una posada rural con mucho encanto en pleno bosque, cerca de la comunidad Carbón Dos.

Allí nos esperaba Luis, el dueño de Casa Calateas, una persona que desde el primer momento nos inspiró confianza y con el que en poco tiempo hicimos una buena amistad. Su gran sentido del humor y sus casi constantes bromas, nos hicieron reír mucho durante nuestra estancia y sentirnos tan cómodos con él como si fuera un amigo de toda la vida. Allí había una mesa de ping-pong que se convirtió en el vicio de mis amigos durante aquellos dos días, y Luis tampoco se quedaba corto. Todo empezó porque queríamos salir a hacer una caminata nocturna pero se puso a llover bastante fuerte. Mientras esperábamos a que parara, nos pusimos a jugar al ping-pong, y aquello fue ya nuestra perdición (bueno, la mía no tanto, pero sí la de mis amigos que ya no podían desengancharse). Yo aquella primera noche estaba más interesada en explorar aquel precioso hotel rural rodeado de bosque.

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