Qué visitar en Arenal, la región del gran volcán de Costa Rica

Como ya os he contado en la entrada anterior, el tiempo que pasé en Rancho Margot, casi dos meses y medio en total, me permitió vivir en la región de Arenal un tiempo largo, y así conocer algunas de sus atracciones turísticas. A pesar de no haber podido hacer todos los tours posibles de la zona por falta de tiempo o dinero, en este post os voy a hablar tanto de los lugares que visité como de los que aún me quedaron pendientes. Espero que en este post os pueda ofrecer una visión amplia y completa de todas las posibilidades de Arenal, uno de los lugares más visitados de Costa Rica, a pesar de que el gran volcán que le dio la fama se haya apagado hace unos años.

El volcán Arenal está situado en el distrito de La Fortuna, cantón de San Carlos, en la provincia de Alajuela. Tiene una altura de 1670 m y se encuentra dentro del Parque Nacional de Arenal. Inició su último período de actividad en 1968 y terminó en el 2010. Hubo una gran explosión en 1968 que causó grandes pérdidas tanto materiales como de vidas humanas. Después sólo hubo emisión de gases y vapores, con algunas explosiones que emitían materiales piroclásticos durante muchos años, lo que le convirtió en el volcán más activo de Costa Rica. Al volcán se le calcula 7000 años de edad y ha tenido cuatro explosiones fuertes con intervalos de actividad más leve.

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Mi vida en Rancho Margot: hotel rural, finca ecológica y yoga

Rancho Margot es una combinación de finca ecológica y hotel rural que es gestionado de una forma sostenible. Está situado en el valle de un lago, no muy lejos del Parque Nacional de Arenal, en la provincia de Alajuela, Costa Rica.  El bosque nublado de Monteverde, que está considerado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, está cerca. Rancho Margot es un experimento viviente que atrae visitantes de todo el mundo para explorar, relajarse y aprender sobre sostenibilidad.

Yo llegué a Rancho Margot la primera vez en vísperas navideñas, a los pocos días de haber terminado mi famosa tesis, la que me trajo a Costa Rica en agosto del año pasado. Fui para trabajar de voluntaria en la recepción, y me quedé algo más de cinco semanas, hasta el 30 de enero. Tras ello, regresé a Monteverde para buscar trabajo, pero no encontré nada. Por suerte me llamaron de Rancho Margot para venir a trabajar un mes en la recepción (esta vez cobrando) y aquí volví el 24 de febrero. Publico este post el día antes de marcharme, acabo de completar el mes de trabajo, y así mi segunda parte en el rancho termina. En este post hablaré de mi vida en el rancho, ha sido similar en la primera y en la segunda parte, sólo que en la segunda tuve que trabajar más horas y por dicha el tiempo era mucho mejor que en enero. Aparte de hablaros de mi vida aquí, también os contaré mucha información y curiosidades sobre este lugar tan especial en el que he vivido muy buenos momentos.

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Una ecoaldea en un lugar remoto del Caribe

Continúo contándoos nuestro viaje en el Caribe Sur de Costa Rica. Nos quedamos en ese bote que nos recogió en Manzanillo para llevarnos a la ecoaldea de Punta Mona, un lugar peculiar e interesante, donde demuestran que es posible llevar una vida más sostenible y respetuosa con nuestro planeta. Esta ecoaldea fue creada en 1997 por un americano visionario, Stephen Brooks, que antes se dedicaba a organizar viajes de ecoturismo para estudiantes americanos. En cuanto llegó a este lugar, conectó con él y con su único habitante, y decidió comprar un terreno para comenzar su visión de crear un lugar donde vivir de forma sostenible con el entorno. Yo tenía mucho interés en este lugar, de hecho pensé hasta en hacer mi tesina en él mientras hacía un voluntariado, pero me salía demasiado caro. Además otro problema es que la conexión de internet es muy mala y lenta. Pero bueno, al menos iba a poder visitarlo un par de días.

El trayecto en el bote duró como media hora y fue muy divertido! Por qué, os preguntaréis. Bueno, pues había bastante oleaje y eso hacía que nuestro bote fuera dando saltos sobre las olas lo cual nos hizo gritar en más de una ocasión. Nos aproximamos a unos islotes donde nos dijeron que se veían bastantes aves, y ya vimos algunos pelícanos en los árboles. También nos dijeron que alrededor de allí también era bueno para el snorkel aunque había que tener un poco de cuidado con las olas al acercarse a las paredes rocosas. Al acercarnos a la costa, teníamos ante nuestros ojos preciosos palmerales verdes que contrastaban con el azul del mar, bienvenidos al paraíso.

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Culturas ancestrales y su conexión con la tierra

La idea de este artículo surgió a raíz de un tour guiado que tuve que realizar en el Museo Nacional de Escocia como una de las partes en la que iba a ser evaluada en una asignatura del máster de Ecoturismo. Al principio no me hizo ninguna gracia tenerme que enfrentar a semejante evaluación, y además hacerlo en inglés complicaba las cosas. Sin embargo, el tema que elegí me apasionaba tanto, que terminé disfrutando con la tarea. La sección del museo elegida se llama “Living Lands” y trata sobre seis culturas ancestrales, los recursos naturales que utilizaban en su vida diaria y su conexión espiritual con los espíritus de la naturaleza. Yo me centré en tres culturas y en un animal importante para cada una de ellas, comentando también sobre sus creencias espirituales de las que estos animales formaban parte. El tour salió muy bien y aprobé con buena nota, pero lo más importante es que aprendí mucho sobre las culturas de las que tenía que hablar.

Estas culturas han vivido durante cientos de años en estrecho contacto con la naturaleza y han aprendido de ella para poder sobrevivir en ambientes que a veces eran duros y extremos. Estas culturas desarrollaron un profundo conocimiento sobre las plantas y animales que los rodeaban, y las utilizaron de forma sostenible en su vida diaria. Su espiritualidad tenía muy en cuenta estas plantas y animales, a los cuales trataban con respeto y agradecimiento. Esa conexión que ellos tenían con su entorno es algo que hemos perdido en las sociedades modernas y que algunos de nosotros echamos en falta. Creo que una de las razones por las que viajamos es para acercarnos un poco a las culturas que aún conservan parte de esa conexión, recuperando un poco de lo que hemos perdido.

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