Días de playa y granja en Montezuma (Península de Nicoya)

Mi último mes en Costa Rica (abril 2014) comenzó en la Península de Nicoya, en concreto, Montezuma, una famosa playa con ambiente hippy. La Península de Nicoya es la península más grande de Costa Rica, bañada por el Océano Pacífico, y en sus costas puedes encontrar playas de finas arenas, acantilados, bahías, ríos, etc. Hay bosques tropicales secos, y el clima es más cálido y seco que en otros sitios del país. Abarca las provincias de Guanacaste y Puntarenas (al norte del país), y es un destino muy turístico por sus famosas playas. También hay varios parques nacionales que merece la pena visitar.

Mi trabajo en Rancho Margot terminó a finales de marzo y después de pasar unos días visitando algunos lugares de la zona de Arenal, viajé a Montezuma. Fui allí por varias razones: por probar en un lugar muy diferente de donde había estado en los últimos meses (Arenal y Monteverde), porque varios amigos y conocidos que habían estado allí me lo habían recomendado y porque conseguí un voluntariado para unos días. Me quedaban más de tres semanas antes de regresar a Costa Rica y no me apetecía mucho dar vueltas por todo el país, aparte de que ello suponía un gasto de dinero considerable (no olvidemos que Costa Rica es el país más caro de Centroamérica). Por eso me fui a una granja cerca de Montezuma para hacer un voluntariado de diez días, y aquello fue toda una experiencia que contaré a continuación.

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Espacios naturales de Edimburgo

Gracias al máster pude conocer diversos espacios naturales de Edimburgo que no conocía, y que además estaban en plena ciudad o muy cerca. La mayoría de estos espacios naturales son frecuentados por la gente local y los turistas no suelen conocer de su existencia. Sin embargo, si os gusta la naturaleza y tenéis días suficientes, os animo a visitar alguno de estos espacios a los que podéis acceder fácilmente en autobús desde el centro de Edimburgo.

Lo que más me sorprendió fue encontrar lugares como estos en plena ciudad, algo que no es muy habitual en Madrid, por ejemplo. No son parques artificiales, son reductos de naturaleza que han estado aquí desde antes de la creación de Edimburgo, y que se han mantenido casi intactos a lo largo de los años. Es curioso caminar por la calle y entrar en uno de estos espacios, y de repente es como si estuvieras en plena naturaleza, tanto que cuesta creer que sigas dentro de la ciudad.

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