La importancia de hablar inglés a la hora de viajar

Está claro que para viajar al extranjero hablar idiomas es una habilidad que nos va a facilitar mucho las cosas. Bueno, no me refiero al idioma concreto de cada país, sería difícil que podamos aprenderlos todos, pero hay dos idiomas que se hablan por gran parte del mundo y son el inglés y el español. Durante años he invertido gran parte de mi tiempo en estudiar inglés, no tanto para pasar un examen o conseguir un trabajo, sino por poder viajar y vivir en el extranjero. Saber inglés abre muchas puertas a la hora de encontrar la información necesaria para viajar, comunicarse con la gente local y con otros viajeros, y en definitiva para hacer actividades de la vida diaria cuando resides en el extranjero (especialmente en los países anglosajones).

Hablar inglés me ha ayudado especialmente en mis viajes y estancias en Europa. En países asiáticos no siempre podía utilizar el inglés para hacerme entender, depende de con quién tratara de hablar, pero tarde o temprano terminaba encontrando a alguien que entendía. En Latinoamérica tengo la suerte de que en casi todos los países se habla mi idioma materno, con algunas diferencias, eso sí. Evidentemente, hay países donde el español o el inglés no van a servir, sobre todo si se viaja a lugares remotos y zonas rurales en países en vías de desarrollo, pero en general saber estos dos idiomas es una gran ventaja a la hora de viajar. Es especialmente útil si uno viaja solo o quiere pasar una temporada larga en un país ya sea para estudiar, trabajar o hacer un voluntariado.

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Enseñanzas y revelaciones de un viaje

A menudo he mencionado en mi blog que viajar nos proporciona aprendizaje y también propicia experiencias de transformación. Ya escribí un post sobre las experiencias transformativas que pueden acontecer como resultado de viajar, y tenía pendiente escribir sobre las enseñanzas que viajar nos puede dar. Aunque uno puede aprender mucho sobre los países que visita y sus respectivas culturas (mucho más que a través de los libros, por cierto), yo aquí me refiero principalmente a las enseñanzas que podemos aplicar a nuestra propia vida y a nuestro desarrollo personal.

Estas son enseñanzas que podemos extraer de las distintas experiencias que tenemos mientras viajamos y las relaciones que surgen con las personas que nos encontramos. Muchas veces siento que todos estos hechos que me acontecen en mis viajes son una sucesión de pruebas o retos, y en ellos salen afuera capacidades y virtudes sorprendentes que yo desconocía, pero también a veces salen otras partes mías que no me gustan tanto como limitaciones y defectos. Sin embargo, después de muchos viajes he aprendido que todo eso que sale de mi, tanto lo que me gusta como lo que no, debo amarlo e integrarlo, si es que quiero evolucionar y transformarme, para así llegar a ser quién yo soy en realidad.

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El viaje como experiencia de transformación

Después de doce años viviendo y viajando por distintos países del mundo, de haber alcanzado ya la cifra de 30 países visitados, de haber acumulado una gran diversidad de experiencias fruto de mis numerosos viajes y estancias en el extranjero, no puedo dejar de preguntarme cómo sería mi vida si no hubiera salido de mi ciudad. Y no sólo mi vida, si no yo misma, pues todo lo que he vivido en estos años me ha cambiado profundamente en muchos aspectos. Para mi está claro que yo no sería la que soy hoy día si no hubiera decidido un día coger mi mochila y salir a explorar el mundo, si no hubiera tenido el valor de dejar mi zona de confort para aventurarme en tierras extrañas, de poner mis sueños por encima de todo para seguirlos hasta el final.

A veces cuando viajo tengo destellos de consciencia que me hacen reconocer lo privilegiada que soy por tener tan variadas experiencias en tantos lugares del mundo, de mezclarme con sus gentes y de contemplar con mis propios ojos entornos naturales de infinita belleza. Cuando era pequeña leía libros y veía documentales de lugares con los que entonces yo sólo podía soñar, pensaba que sería difícil llegar a visitarlos y que quizás tendría que conformarme con conocerlos en la distancia. Hoy día me doy cuenta de que no hay límites para hacer lo que uno desee en la vida, y esto es algo importante que viajar me enseñó, puedo llegar tan lejos como desee y superarme a mi misma constantemente.

Siempre he sido muy miedosa, creo que aún lo soy, a pesar de que muchos dicen que soy valiente. La diferencia entre antes y ahora es que antes dejaba que mis miedos dominaran mi vida hasta el punto de impedirme hacer muchas cosas; ahora yo hago lo que quiero a pesar de mis miedos, no dejo que me controlen. Si por miedo me hubiera quedado en casa, me habría perdido tantas cosas en la vida, y todavía estaría soñando en la distancia con lugares lejanos. Hoy día estos lugares han dejado de ser lejanos, y yo he decidido ser parte de ellos, recuperando un poco de mi misma en cada lugar que visito, enraizándome por el mundo, y quitándome las máscaras que llevaba en la ciudad en la que crecí para ser cada vez más yo misma.

Hace tiempo que quería escribir esta reflexión viajera pero siempre lo iba aplazando, anteponiendo otras cosas que tenía que hacer. Esta vez he seguido el impulso de escribirlo sin más aplazamientos aprovechando que estoy recién llegada de un viaje por el Caribe de Costa Rica y Nicaragua. Que además con Nicaragua añado un nuevo país a mi lista, un país que no me ha dejado indiferente, sino más bien al contrario, con ganas de experimentarlo más. Recorriendo las calles de Granada y sus animados mercados, no puedo evitar acordarme de otros lugares similares donde estuve, como México o India, con tanta vida y movimiento. Me llama la atención los rasgos indígenas de los rostros de los nicaragüenses, a diferencia de los costarricenses que están más mezclados, y me deleito escuchando su acento al hablar y hablando con ellos. Y qué puedo decir de los paisajes impresionantes que he contemplado, volcanes, lagos infinitos, bosques llenos de vida,… no tengo palabras. Sólo han sido tres días pero tan intensos como si hubiera estado allí un mes, y eso es otra de las cosas bonitas de viajar, que sientes como si tu tiempo se extendiera y diera más de sí.

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Lo dejo aquí de momento aunque podría hablar mucho más de este tema en el que he pensado muchas veces cuando viajo. Sé qué muchas decisiones que he tomado últimamente en mi vida nos la habría tomado mi antiguo yo, el que se quedaba en casa por miedo, el que no creía en si mismo, el que resignadamente aceptaba lo que decía la mayoría aunque no estuviera de acuerdo. Viajar expande la mente y te acerca a tu verdad, es un paso hacia tu libertad, es darse el permiso de ser quién tú eres en realidad. Y es aprendizaje, superación, apertura, reconexión, y mucho más, tanto como uno se permita experimentar.

Por si te hubieran entrado ganas de viajar después de leer esta reflexión viajera, te invito a consultar las ofertas de vuelos y viajes que puedes encontrar en internet. Seguro que encuentras alguna que se ajusta a tus intereses y posibilidades, para que no sigas aplazando más ese sueño de viajar, y lo hagas realidad como lo hice yo.